Sergio Villalobos y los mapuches

Una de las muchas cosas que aprecio (como historiador) de mi trabajo de periodista es la oportunidad de conocer gente de todos los matices y latitudes. Una de esas personas (como conté en una ocasión) fue el historiador Sergio Vilallobos, a quien conocí durante un viaje de trabajo a Chile en el 2010. Desde entonces me quedó bastante clara una cosa: este historiador chileno de amplia cultura y sobrado conocimiento histórico, que sabe muy bien de lo que habla, es el perfecto representante de esa derecha chilena que no solo sostuvo a Pinochet sino que hoy impide, por ejemplo, que todos los chilenos disfruten de una educación pública y gratuita en igualdad de derechos que la de sus privilegiados hijos. Ayer, en el diario El Austral de Temuco concedió una amplia entrevista en la que se refirió una vez más, en sus muy particulares términos, al problema mapuche. Y como suele ocurrir con sus declaraciones de corte político, ha encendido el debate entre sus compatriotas y la hoguera en las redes sociales.

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Sus declaraciones, que han sido reproducidas por casi todos los medios de Chile, no solo invisibilizan un problema que existe desde hace décadas y que él, como historiador, debería no solo no desconocer sino además no negar. Peor aún, hace gala y lustre de un racismo característico de ese pensamiento reaccionario y cavernario que suele pasar de las palabras a los hechos con la violencia más inaudita, que aparentemente es lo que reclama y que aquí conocimos en la Amazonía, por citar un ejemplo.

Leyendo una y otra vez sus declaraciones me pregunto cómo es posible que durante años miles de escolares y universitarios chilenos se hayan formado en los libros de historia de este señor que, prácticamente, reclama exterminar a los mapuches. Cómo, a pesar de sus continuas declaraciones, sigue siendo considerado casi un tótem de la historiografía de ese paísy santificadas sus palabras (no hay, hasta donde he visto, un solo político chileno que haya salido a responderle). Preguntas que, tal vez, encuentran sus respuestas en el hecho de que, pese al tiempo transcurrido y a cuatro gobiernos de la Concertación, Chile no ha terminado de salir de la era Pinochet y la derecha más cavernaria (como ocurre aquí o en Sudáfrica) le entregó el gobierno a la oposición, pero nunca jamás el poder y los destinos del país a los chilenos.

Mientras esto no curra, declaraciones como las que aparecen líneas abajo seguirán apareciendo todos los días en los medios chilenos y originando los debates más encendidos en las redes sociales, pero el sustrato mismo que las originó permanecerá incólume, inamovible en la sociedad chilena.






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