Sobre la Ley de Negacionismo

Con mucho cuidado y atención hay que leer el proyecto de Ley de Negacionismo que el Ejecutivo acaba de entregar al Congreso para su aprobación. En el entendido de que nuestra realidad semeja al de otras naciones o acontecimientos históricos (el genocidio armenio, el holocausto judío, por mencionar solo dos hechos históricos que tienen sus respectivas leyes que sancionan su negación), se pretende aprobar una ley que dista mucho de solucionar el problema que la ha originado: la ausencia total de una política que erradique por completo el pensamiento y practica autoritarios, racistas y genocidas que se ha instalado en nuestra sociedad.

Y es que cuando la sociedad y la 'democracia' son incapaces de defenderse de sus enemigos con sus propios instrumentos o recursos, recurren entonces a la ley. Es decir, a la coacción. No es con la ley en la mano que debemos enseñar la historia reciente de nuestro país a sus jóvenes, sino con verdaderos instrumentos democráticos. ¿Cuáles? Se me ocurre, por ejemplo, el Museo de la Memoria. ¿En qué anda? ¿Cuánto se ha avanzado? El mismo pensamiento y desprecio que inspiró la frase "El Perú no necesita museos" es el que inspira esta ley. Una ley que es la prueba de que de democrática nuestra sociedad no tiene nada, de impositiva mucho. Se quiere resolver con una ley lo que no se ha podido resolver con educación. ¿Por qué? Tal vez porque en educación, museos y auténtica cultura democrática e inclusiva es en lo que menos gastamos. Más fácil y barato sale hacer una ley.

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Además, se puede ser tan torpe o ingenuo, cuando no miope, para no darse cuenta que con esta ley se les da un perfecto argumento a los jóvenes del Movadef para afirmar aquello de que 'la historia la escriben los vencedores', cuando aquí nadie ganó y todos perdimos. Se están incubando, al amparo de este esperpento jurídico nonato, una serie de potenciales ‘presos de conciencia’ futuros que convertirán, en eso precisa y automáticamente, a los que ya purgan justa carcelería por sus crímenes. Recuerdan al venerable jefe del clan de los Humala decir que el triunfo de Ollanta convertía en precursor de este gobierno a Antauro, encarcelado por cuatro asesinatos. Pues eso es lo que va a pasar con Abimael y todos los demás: serán ‘precursores’ de los que sean sancionados con esa ley. Muy mal.

Y en dónde quedan, por cierto, los otros crímenes, los cometidos por las fuerzas del Estado. ¿Negar esos crímenes no es un crimen? Tal vez porque no son crímenes, ¿no? O al menos eso es lo que nos quieren hacer creer y, quien sabe, transcribir en los libros de historia. Como dije, una sociedad democrática muy poco democrática. A este paso, negar los crímenes del Grupo Colina como lo hacen ahora nuestros jueces será tan normal y ‘legal’ como afirmar que la defensa del Estado de Derecho lo permite todo. Incluido el terrorismo de Estado.

Por otro lado, imitando otras legislaciones que presupone realidades similares, el texto contiene una serie de conceptos que deben ser tomados con pinza, en especial por los historiadores: verdad histórica, libertad de expresión, libertad de opinión. Caramba, no terminamos de salir del embrollo que significa el Colegio de Historiadores y nos vienen con esta dichosa ley. ¡Cuánta chamba! (Porque algo hay que hacer, ¿no?).


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