Banalizar el Holocausto... y todo lo demás

¿Recuerdan a ese joven e impetuoso presidente peruano que, hace muchísimos años, durante un congreso partidario en Ayacucho, arengó a los jóvenes de su partido afirmando que “admiraba a los jóvenes de Sendero Luminoso porque poseían mística”, porque “eran capaces de morir por una idea”? Estupideces de ese calibre se repiten y escuchan todos los días, todo el tiempo, de la manera más inopinada y sin intencionalidad alguna. Y es por eso mismo que son estupideces. La última la ha dicho (mejor dicho, la ha escrito) Marcos Aguinis, el escritor argentino autor de “La gesta del marrano”, una novela por la que muy difícilmente puede ser confundido o catalogado de antisemita su autor (que, por cierto, es judío).

Aguinis publicó el pasado 21 de agosto en el diario La Nación el artículo “El veneno de la épica kirchnerista" en el que comparaba a las organizaciones de base kirchneristas con las juventudes hitlerianas. Él, por supuesto, salió en cuanto medio pudo a defender su texto y a decir que no dijo lo que dicen que dijo. ¿Qué es lo que escribió Aguinis que desató tanta polémica, tanto encono contra él?

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"Las fuerzas (¿paramilitares?) [escribe] de Milagro Sala provocaron analogías con las Juventudes Hitlerianas. Estas últimas, sin embargo, por asesinas y despreciables que hayan sido, luchaban por un ideal absurdo pero ideal al fin, como la raza superior y otras locuras. Los actuales paramilitares kirchneristas, y La Cámpora, y El Evita, y Túpac Amaru, y otras fórmulas igualmente confusas, en cambio, han estructurado una corporación que milita para ganar un sueldo o sentirse poderosos o meter la mano en los bienes de la nación".

¿Banaliza Aguinis el Holocausto como afirman todos? ¿Considera a las Juventudes Hitlerianas mejores que a las organizaciones políticas kirchneristas porque las primeras actuaban movidas por un ideal y las segundas por puro interés económico?

Lo cierto es que sí, sí banalizo el asunto. O en todo caso, la comparación le salió por la culata. Pero leyendo más de una vez su texto es fácil percibir que esa no fue su intención y que una tontería hasta un hombre cultísimo como él la puede cometer.

La polémica ya casi se ha apagado en Argentina, mientras que por aquí ha pasado prácticamente desapercibida. Algo que no debiera sorprendernos para nada.

Aquí, lastimosamente, banalizamos todo y la tragedia, el horror, la muerte y el homicidio en primer lugar. Si a Aguinis se le pretendió crucificar por tan inapropiada comparación, ¿Qué tendríamos que hacer con un presidente que, ante la muerte de indígenas amazónicos habla de un ‘genocidio de policías’ supuestamente cometido por estos? ¿Justificaba, así, la muerte de diez de ellos? No fue el mismo presidente joven e impetuoso el que dijo que “hay gente que no merece vivir” y que los deseos y necesidades de “ciudadanos de segunda” no deberían detener el progreso económico del país. No fue este señor, acaso, el que también menospreció las creencias milenarias de los pueblos andinos en los peores términos.

Y que conste que este señor, como ocurrió con el escritor argentino, no se disparó por error o torpeza a los pies cuando sí dijo lo que dijo porque él sí cree firmemente en lo que dice. Así que, parafraseando a Arendt, la banalidad de este señor es rayana con la maldad misma no porque se trate de un loco, un monstruo o un enfermo. Simplemente es alguien que se define, como dice Aguinis, movido por un ideal; o, utilizando sus propias palabras, alguien impelido por la mística que lo posee: el desarrollo económico por encima de todo y contra todos, sin respeto alguno por las personas distintas a él, que no inferiores como cree; un hombre subyugado por las estadísticas de infraestructura que parecen ser la razón de su existencia.

¿Dejaré de leer a Aguinis luego de la tontería que ha escrito? Muy difícilmente. Necesito de sus libros como cualquiera necesita el aire (además, una tontería, por más reverenda que sea, la comete cualquiera).

En cambio, por el segundo tengo la opción de no volver a votar por él, aunque miles de mis compatriotas sí lo vuelvan a hacer. Porque nada más banal y superfluo (y falso) que afirmar que no piensa en el 2016 y que deja el paso a los más jóvenes, cuando todos sabemos que no es cierto ¿verdad?

Esta es la banalización de nuestra política en su expresión más pura.


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