El exceso y la estupidez

No hay que ser muy brillante (y al parecer, Betito no lo es) para darse cuenta que el ahora famoso 'musical' "Chiclayo" que se emitió en uno de los programas de ese bodrio que lleva por título "Al fondo hay sitio" y que tanto gusta a nuestros compatriotas, no pretendió en modo alguno ofender al pueblo chiclayano y, mucho menos, a la figura histórica del Señor de Sipán. Pero que no pretendiera no significa necesariamente que no lo hiciera. En realidad, antes que rasgarse las vestiduras por la supuesta afrenta cometida, habría que lamentarse por el hecho de que algo tan burdo y de tan mal gusto cause tanta hilaridad entre los nuestros (ya que pone en evidencia tanto nuestra chatura artística como nuestro poco respeto por la historia). Y más todavía lamentar que los responsables en vez de hacer un mea culpa oportuno, tercamente insistan en que no hay nada de ofensivo en el dichoso programa. Craso error que agrava cada vez más su falta. El exceso en el que incurrieron estos señores es casi tan grande como en el que incurre el Dr. Alva al exigirle disculpas. Y es que ante tamaña estupidez, solo cabe la paciencia y conmiseración que se tiene, pues, con eso, con la estupidez. No hay forma de razonar con ella, doctor.

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