El poder en tiempos del Inca. Política y necrocracia en el Tahuantinsuyo

El historiador y docente de la PUCP Francisco Hernández Astete ha publicado Los incas y el poder de sus ancestros, libro en el que cuestiona la institución de las panacas y relieva el protagonismo de la necrocracia en la organización del poder. Aquí sus impresiones sobre estos y otros temas.

Entrevista de Rubén Yaranga M.

- ¿Cómo nace la idea de investigar sobre los incas y el poder de sus ancestros?

– Creo que no es un nacimiento fortuito. Yo vengo varios años en esa línea de investigación. Digamos que este libro es lo último que he hecho, pero no necesariamente el inal. He tenido algunos trabajos anteriores sobre los incas.

– ¿Este su reciente libro tiene relación con sus obras anteriores?

– Es una línea de trabajo, pero este libro concretamente empezó cuando estaba estudiando en España y comencé a toparme con toda la información del poder que tenían los muertos, entonces selecciono esa información y termino haciendo este libro.

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– En su hoja de ruta de investigación, ¿qué encontró respecto al poder de los incas muertos?

– Los incas muertos tienen un poder muy grande, pero evidentemente a través de los vivos. De alguna manera los muertos son la garantía para que los vivos sigan teniendo poder. En este caso, estos muertos son los fundadores de los grupos de poder más importantes, que se llamaban panacas; yo cuestiono el nombre de estos grupos de poder. Pero centrémonos en los grupos importantes de poder del Cusco. Cada grupo importante tenía una momia, y esa momia era la que daba sustento y poderal grupo. Depende de qué momia desciendo, a qué grupo pertenezco y evidentemente hay muertos más importantes que otros; por lo tanto, esas personas que se asocian con esos muertos poseen una jerarquía dentro de la organización inca. Esos muertos tienen una agenda complicada, van a iestas, celebran rituales, toman decisiones. Hay un montón de evidencias sobre cómo los muertos toman decisiones. Hay que destacar que los incas no enterraron a sus muertos. Vivían con ellos.

– Los tenían momiicados...

– Los tenían en el Coricancha y los sacaban a pasear en las iestas del Cusco. Cuando se celebraba el Inti Raymi, el Colla Raymi, lo sacaban a la plaza central del Cusco, que es la de Aucaypata, allí celebraban rituales. Los cronistas cuentan historias. La más célebre es la que nos relata Pedro Pizarro, que dice que él estaba en el Cusco, era un niño y se hizo amigo de Manco Inca y que al hacer la pedida de mano se sorprendió porque tuvo que hablar a la momia para recomendar a su amigo. Y que dos personas que rodeaban al muerto fueron las que autorizaron el matrimonio. Entonces, evidentemente estos muertos constituyen, digamos, la excusa, yo tomo una decisión y culpó a mi ancestro. De esa manera, pudo decir incluso al inca gobernante: 'No te apoyo porque mi muerto no quiere'. Es decir, a través de los muertos los dignatarios incaicos, que no son el gobernante, tienen un rol importante en la organización de la sociedad. Esto contradice la idea del virrey Toledo de que los incas eran unos tiranos y se inmiscuían hasta con quien se casaban los habitantes del Tahuantinsuyo.

– Respecto a los cronistas de la Conquista, ¿ellos son los que divulgan sobre las panacas?

– Las panacas propiamente no; los ayllus reales, sí. El que estos ayllus se llamen panacas es una cuestión que empezaron a producir entre Max Uhle y Luis Valcárcel en las primeras décadas del siglo XX, pero sí son los cronistas los que nos cuentan cómo son estos ayllus reales, esto lo que la historiografía llama hoy panacas y que son todos estos grupos que descienden de un inca reinante, de alguna manera se estaba formando una nobleza con los cusqueños después del pacto colonial. O sea, de alguna forma los líderes o la nobleza cusqueña después de la Conquista tienen un rol diferente que el del pueblo; entonces deben hacer sus historias, se crean escudos, les otorgan algunas prerrogativas, les dan dinero. La élite no vivía tan mal.

– Algún ejemplo...

– Uno de los personajes más famosos en el mundo colonial es Melchor Carlos Inca, quien cuando llegaba a España contrataba criados españoles para que lo cargaran y pasearan, y se los traía para acá. La visión de que todo el mundo vivía mal con los españoles, no era cierta; había algunos miembros de la élite que vivían bien.

– ¿Qué funciones tenían los ayllus reales?

– Los ayllus cumplían varias funciones. Por ejemplo, tenían la función de decidir quién era el siguiente gobernante, es decir, cuando se produce la crisis sucesoria, cuando hay que elegir al nuevo inca, hay momentos en que las familias tienen un papel protagónico, una decisión, una opinión. En el caso del Tahuantinsuyo, el nuevo inca no es elegido de manera aleatoria o improvisada, es un proceso muy complejo y largo porque se trataba de elegir a un dignatario que cubría las expectativas de una élite bastante grande.

– En el caso de la guerra entre Huáscar y Atahualpa, ¿había panaca?

– Es evidente que aquí entren a tallar varias ideas. La primera de ella es que los dos son hijos de Huayna Cápac. Esto me permite hablar de dos asuntos importantes: cuál es la importancia de la madre y la importancia de la esposa del inca. En este Estado, el incaico, el soberano era polígamo, tenía muchas esposas y tenía hijos por todas partes; entonces, la mayor o menor nobleza del hijo dependía de quién era su madre, una cosa es ser hijo de este inca con la coya; otra cosa es ser su hijo con una mujer de la élite cusqueña, y otra muy distinta con una mujer de la élite de Huaylas. Estamos hablando de Ninan Cuyochi, Huáscar, Atahualpa y Paullu Inca, personajes completamente históricos. La dignidad de un hijo de inca no se la entrega el inca, pues todos son sus hijos, sino quién es su madre, y la otra cosa importante es quién es su esposa porque al padre o la madre no lo escogí yo, pero a la esposa sí, y en el caso de este no es un matrimonio normal, por amor, sino totalmente político, e implica la alianza con estos grupos. Es evidente que en la guerra entre Huáscar y Atahualpa nos hace hablar de la importancia de la mujer, madre o esposa dentro del proceso sucesorio. Por último, para decir que hay una propuesta antigua sobre el tema de que la guerra entre Atahualpa y Huáscar es una guerra normal, habitual y que ocurre al inal de todo proceso sucesorio, que es igual al conlicto que hubo entre Inca Urco y Pachacútec, tras la muerte de Huiracocha. Es una tesis bastante antigua que debemos considerar.

– ¿Qué nos puede decir de la inluencia de la mujer en el Tahuantinsuyo, en especial de la coya?

– Hay varios niveles, uno de ellos es el de la coya. La coya desempeña un papel muy importante. El inca se casa con muchas mujeres, pero se casa con una sola coya. Hay una cuestión vital, para ser inca hay que estar casado, no se conoce ningún inca soltero. El que llega al gobierno inca debe tener una coya, una coya con habilidades para ejercer el poder, porque ella está dirigiendo toda una serie de rituales que se organizan en función del poder, que tienen que ver con la redistribución y con la preparación de los objetos que se redistribuirán y que están asociados con las mujeres. Las acllas del Cusco están dedicadas a la preparación de chicha y del tejido más ino de los incas, el cumbi, que el soberano regala cuando convoca energía en cualquier mita. Por otro lado, las mujeres están asociadas a la extensión del parentesco.

– Háblenos de los matrimonios del inca...

– Se sabe desde hace mucho tiempo que el inca se casa con la coya, con mujeres cusqueñas, con mujeres de todas las etnias con las que son socios. Para entablar relaciones entre el Cusco y un ayllu se celebraban unos matrimonios. El caso más representativo es el matrimonio de Huayna Cápac con dos mujeres de Huaylas, que son Contarhuacho y Añas Colque, cuyos hijos conocemos: Paullu Inca e Inés Huaylas, quien es la mujer de Pizarro después. En conclusión, la mujer en el Imperio incaico tiene un papel vital en todo este proceso.

– En su investigación ha consultado obras de Tom Zuidema y de María Rostworowski...

– Para empezar, María Rostworowski y Tom Zuidema merecen mi máximo respeto y mi gratitud. En varios momentos ellos me han ayudado mucho en mis investigaciones, pero en general la investigación se hace para avanzar en el conocimiento, ante nuevas evidencias, ante nuevas preguntas, ante nuevos hallazgos es que uno avanza; la historia fue una, pero nuestro conocimiento sobre ella puede ir cambiando.

– ¿Qué le lleva a cuestionar las panacas?

– En el caso de las panacas, concretamente es porque me di cuenta de que todo lo que sabíamos de ellas estaba basado en un solo texto de Sarmiento de Gamboa y que hay tradición textual distinta, liderada por fray Bartolomé de las Casas, Gutiérrez de Santa Clara, fray Martín de Murúa y otros más que plantean una versión alternativa. Lo primero que podemos decir es que no hay una sola versión, y lo que yo quiero es comparar esas versiones, porque la historia no es una sola sino que hay varias versiones sobre este asunto.

– Con respecto al epígrafe de Pedro Cieza de León en su libro, ¿cómo se identiica usted?

– Sucede que la carrera académica en este país y en el mundo es una prueba de resistencia; a veces hacer estos trabajos, en este caso este libro y algunos otros, requiere de una concentración y de renunciar a muchas cosas en la vida. Esto es algo que converso con mis amigos en ciertos momentos, y cuando encontré esa cita de Cieza la socialicé con muchas personas y todo el mundo se sentía identiicado con esto. Incluso me cuestionaban y me decían que no ponga eso porque va a parecer que estás arrepentido de estar haciendo el libro, pero es como un homenaje o como una broma frente a mis amigos porque esta carrera es muy solitaria. Uno se pasa varios años hasta que el libro salga a la luz, y durante ese tiempo nadie sabe qué está haciendo uno; evidentemente, es un proceso complicado, pero es una humorada inalmente, no es un arrepentimiento de haber escrito el libro.

– Se entiende que un libro publicado es llegar a la meta, ¿está trabajando para llegar a esa meta otra vez?

– Estoy empezando otro; sí, efectivamente estoy ahora en dos proyectos grandes: uno es la edición de la obra de Juan de Betanzos, es un proceso interdisciplinario con un lingüista y un arqueólogo, amigos los dos, y otra historiadora; otro es un proyecto sobre la recuperación de la memoria colectiva a través de la tradición popular. Un libro que ya está listo y estamos pidiendo un prólogo y que supongo que saldrá el próximo año.


* Publicado en el suplemento Variedades, del diario El Peruano, N° 291, el 7 de setiembre de 2012.


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