Mi libro y la película de Spielberg

El autor de "Venganza" escribe en Crónica cómo Spielberg cogió su obra para rodar "Munich" y, para quedar bien, equipara a terrorista y a vengador.

Por George Jonas


7 de diciembre de 2005. Janice Luke nos ofrece palomitas. Es una chica joven del departamento de marketing de los Estudios Universal que ha organizado un pase privado en el cine Varsity de Toronto.Mi mujer, Maya, su perra guía, Daisy, un colega mío y yo estamos a punto de ver Munich, la película, la versión que Steven Spielberg ha hecho de mi libro Vengeance (Venganza), que va a estrenarse en breve. No he visto ni un solo fotograma de la película. Tampoco he leído el guión. «Una situación de la que siempre se sale ganando», dice mi colega para darme ánimos. «Si te gusta la película, estupendo.Si no, siempre puedes ir llorando al banco». Ojalá fuese así.Las cosas no son tan simples casi nunca.

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Finales de otoño de 1981. Vengeance es un libro mío gracias a un encuentro casual. Estoy a punto de salir de un hotel de Toronto, cuando Nick Harris me saluda a voz en grito desde el otro extremo del vestíbulo. Hombre de aspecto pulcro, editor de Collins Canadá, quiere saber si tengo libre el día siguiente para pasar por la oficina de otro editor, Malcolm Lester, de la editorial Lester & Orpen Dennys, y reunirme «con un hombre que tiene una historia interesante que contar». Así es como conozco a la fuente definitiva de Vengeance, que llegará a ser conocido como Avner por los lectores y los espectadores de cine y televisión de todo el mundo. El hombre de treinta y tantos años que está en las oficinas de Lester se marcha al cabo de una breve conversación breve. Someramente explica que él lideró un pequeño grupo de agentes autorizado por la ex primera ministra israelí Golda Meir para localizar y asesinar a los 11 individuos de una lista que se consideraba eran los cerebros de la masacre de Múnich. No voy a describirlo; basta saber que no se parece en absoluto al Eric Bana de Munich.

5 de septiembre de 1972. Ocho terroristas de la organización Septiembre Negro son vistos saltar la valla metálica que rodea la Villa Olímpica de Múnich. Son las cuatro de la madrugada.Durante las 21 horas siguientes, los terroristas asesinarán a 11 atletas israelíes, dos en el curso del asalto inicial y nueve durante una operación fallida de los alemanes para rescatar a los rehenes. Cinco de los terroristas también perderán la vida; los otros tres serán capturados. Al día siguiente se reanuda la celebración de los Juegos Olímpicos. En los 41 días posteriores al asesinato de los atletas israelíes, árabes con residencia en Europa, de los que se dice que son organizadores de atentados terroristas, empiezan a sufrir muertes violentas. Fueron asesinatos programados, aunque esta frase no estaba todavía admitida. Ningún país, ningún gobierno, ninguna organización ha reivindicado hasta el momento responsabilidad alguna en ellos.

Primavera y verano de 1982. Sacarle la información a Avner y hacer las comprobaciones correspondientes de todo lo que cuenta ocupan la mayor parte del año. Como compañero de viaje, Avner no es lo mejor que te puede tocar. Tiene obsesión por la higiene y se lava las manos más veces que Pilatos. Formal, serio, pero sin ser de piedra, a veces gira la cabeza para mirar a alguna mujer que pasa.

Finales de verano de 1984. El libro se vende bastante bien, 21 ediciones en 13 idiomas. Se considera polémico en diferentes aspectos, especialmente la cuestión de si determinadas democracias, como la de Israel, están dispuestas a enviar escuadrones de la muerte para operar fuera de sus fronteras (o incluso si no lo habrán hecho ya). Hay críticos que se creen lo que se cuenta en el libro; otros, que no. En Gran Bretaña, Vengeance se convierte en el único libro que aparece simultáneamente en las listas de libros más vendidos tanto de ficción como de no ficción.

21 de julio de 1998. El hombre que me llama por teléfono a Toronto se presenta a sí mismo como Barry Mendel. Me dice que es un productor de cine de Hollywood. No me llama especialmente la atención que me pregunte si todavía se pueden adquirir los derechos para llevar Vengeance al cine. Al cabo de dos años y medio, Alliance Atlantis acepta la oferta de Universal.

Diciembre de 2000 a febrero de 2004. La expresión que emplean en Hollywood es «la mierda de poner esto en marcha». Eso significa que los peces gordos del estudio están buscando guionistas capaces de escribir el guión que escribirían ellos mismos si tuvieran una mínima idea de cómo hacerlo.

HASTA CINCO GUIONISTAS

Al final, habrá que contratar a cinco guionistas para dar satisfacción a los jefazos de la Universal y de la DreamWorks de Spielberg: dos que aparecerán en los títulos de crédito y tres que no. En términos deportivos, Tony Kushner será el que anote el gol y Eric Roth, el que le haya dado el pase, pero en la jugada han intervenido como mínimo otros tres jugadores: al principio, Janet y David Peoples, y al final, Charles Randolph. Sólo Dave Peoples llegó a enviarme un correo electrónico, en diciembre de 2002, en el que decía que me quería enseñar un guión ya terminado.La entrada de Spielberg en el proyecto marca el momento a partir del cual nadie me ofrece leer un borrador.

Febrero de 2004 - octubre de 2005. Según parece, Spielberg está en contacto directo con Avner. Tras un nuevo cambio de guionista, el 26 de abril recibo un mensaje de una colaboradora de Mendel: «George, nada nos encantaría más que poder facilitarte una copia del guión y conocer tu reacción. Desgraciadamente, incluso aunque hayamos difundido la noticia a la prensa, Steven sigue todavía empeñado en guardar la máxima reserva acerca del proyecto». La producción se aplaza definitivamente hasta 2005, a expensas de un nuevo guión que Tony Kushner se va a encargar de escribir.El nuevo guionista es coautor con Alisa Solomon, de un libro publicado en 2003: Wrestling With Zion: Progressive Jewish-American Responses to the Israeli-Palestinian Conflict (Lucha con Sión: respuestas de judíos americanos progresistas al conflicto entre israelíes y palestinos).

No es de extrañar que haya cierta resistencia a dejarme ver el guión. El libro empieza siendo el tema de la película, luego pasa a ser «una de sus muchas fuentes» y más tarde vuelve a ser el tema pero sólo porque hay de por medio «una obligación contractual», según el portavoz de Spielberg. No hay ningún negocio como el negocio del espectáculo.

1 de diciembre de 2005. Suena el teléfono. Preguntan que si espero que Munich vaya a ser diferente de Vengeance. No me sacan ni un comentario, pero la respuesta es evidente. Mi libro está incubando un huevo que no es mío. Si tengo algo de suerte, será de otro pájaro. Si no la tengo, será de un cocodrilo.

Inevitablemente, la película de Spielberg va a dar respuestas del siglo XXI a preguntas del siglo XX. Yo hice las investigaciones para mi libro y lo escribí entre 1982 y 1983. Cuando la película de Spielberg entró en producción, en 2005, el mundo había pasado a ser un lugar diferente.

En 1984, cuando se publicó Vengeance por vez primera, ningún Estado reconocía que enviaba escuadrones de la muerte fuera de sus fronteras para llevar a cabo ejecuciones extrajudiciales.Pero, aunque se habría cuestionado la moralidad de la violencia antiterrorista, se habría admitido por encima de toda duda la inmoralidad de la violencia terrorista. En 1972 los terroristas encapuchados de Septiembre Negro eran los malos de la película.Incluso cabecillas terroristas como Yasir Arafat se esforzaron por marcar distancias con matanzas del tipo de la de Munich.

En el año 2005, las cosas se han movido en un terreno mucho más ambiguo. Tanto terroristas como antiterroristas se han dedicado a salir del armario. Las fuerzas de seguridad se coordinan con la CNN para transmitir en directo asesinatos programados mientras que grabaciones de vídeo difundidas por Al-Jazeera exhiben decapitaciones de rehenes y apoteosis de terroristas suicidas. La superioridad moral de las fuerzas antiterroristas se cuestiona y los terroristas han empezado a reivindicar la legitimidad de sus atentados. Los medios de comunicación califican a los que realizan secuestros y a los que ponen bombas de «activistas» y «rebeldes», elevando a la categoría de método legítimo de expresión política la barbarie de hacer volar por los aires a clientes de mercados y viajeros.

Como si me leyera el pensamiento, Mendel me telefonea. Los productores han oído que me ha llegado una invitación para asistir el 6 de diciembre, en Los Angeles, a una proyección de la película para los Globos de Oro. ¿Me plantearía la posibilidad de no asistir, por favor? En su lugar, el estudio estaría encantado de organizar un pase privado para mí en Toronto. Comprendo. Aun en las mejores circunstancias, no hay manera de saber cómo puede reaccionar un autor ante la versión que Hollywood da de su libro. Prometo a Mendel que no iré a Los Angeles. Spielberg obtiene una candidatura al Globo de Oro como mejor director y Tony Kushner y Eric Roth son designados candidatos al mejor guión. Al día siguiente se organiza una proyección privada de Munich para nosotros en Toronto.

7 de diciembre del 2005. Han terminado de pasar los títulos de crédito de la película. Maya y Daisy, se han salido antes de la sala. Mi colega y yo nos miramos. «Es lo que tiene posicionarse moralmente», comento al fin. «Parece que en términos de Hollywood, después de que el pistolero mata a todo el mundo tiene una oportuna crisis de conciencia».

«¿Tuvo Avner alguna crisis de conciencia?», me pregunta mi colega.

SIN REMORDIMIENTOS

Reflexiono sobre ello. El Avner de Vengeance había tenido varias crisis. En primer lugar, había tenido una crisis de nervios, fácil de entender, habida cuenta de la índole de su trabajo.El Avner que yo conocí sufría también una crisis de identidad.Y por encima de todo, sufría una crisis de expectativas. Sus jefes le habían prometido una vida tranquila pero luego no habían cumplido. Es posible que no hiciera lo que hizo por dinero, pero no era capaz de soportar que le engañaran después de que hubiera cumplido con lo que él creía que había sido su deber. Es posible que mi Avner se cuestionara al final la utilidad de su misión (los asesinatos programados apenas sirvieron para reducir la actividad terrorista), pero nunca se cuestionó la moralidad de lo que su país le había pedido. No tenía el más mínimo sentimiento de culpa. Lo único que pretendía era demostrar a sus jefes que no podían burlarse de él impunemente.

Durante los días siguientes me esfuerzo en formular con precisión las diferencias entre el libro y la película. ¿Es la imagen invertida en un espejo? ¿Un abrigo vuelto del revés? El Munich de Spielberg se atiene con bastante fidelidad a la letra de mi libro. La música es prácticamente lo contrario. Vengeance sostiene que hay una diferencia entre terrorismo y antiterrorismo; Munich da a entender que no. La película gira en torno a la trampa moral de hacer frente al terrorismo; mi libro gira en torno a la trampa moral de no hacer frente al terrorismo. Podría ser la Historia de dos Avner. Como subrayó Edward Rothstein en el New York Times, «el Avner del señor Jonas, a diferencia del Avner del señor Spielberg, no está paralizado por ninguna duda moral».

Semana del 12 de diciembre del 2005. Por fin hay algo en lo que coinciden los terroristas palestinos y los agentes del Mossad: mi libro es una chorrada. El único de los cerebros de la matanza de Múnich que aún vive, Abu Daoud, número dos de la lista de Avner, declara a Reuters que Vengeance está «plagado de errores».No especifica de qué errores se trata. Funcionarios israelíes hablan de un sinfín de «errores técnicos». También ellos se abstienen de poner un solo ejemplo. Ambos bandos creen que Spielberg tendría que haberse basado en sus versiones respectivas en lugar de en la mía. Esto constituye toda una novedad, quizás la primera en la historia de Oriente Próximo. Está por encima de los acuerdos de Oslo.

El periódico israelí Ha'aretz hace correr el bulo de que mi fuente ha resultado ser un tal Yuval Aviv, contra quien a finales de los años 80 interpuse una demanda en Nueva York por diferencias acerca de un contrato. La realidad es que jamás he presentado una demanda contra nadie en toda mi vida, ni en Nueva York ni en ningún otro sitio. Poco después, es el Detroit Free Press el que da un paso más al escribir que Avner soy yo mismo.

Un par de amigos me cuenta que el ex jefe del Mossad, general Zvi Zamir, ha asistido recientemente a una cena en casa de un conocido común en Toronto. Aseguró que sabía quién había sido mi fuente. En un determinado momento, según contó, mi fuente había trabajado para la compañía aérea El Al en un puesto de bajo nivel del área de seguridad. Nunca tuvo ningún papel en ninguna otra misión. Lo más que puedo decir es que el general Zamir es muy constante; lleva diciendo prácticamente lo mismo desde hace 20 años. No cabe duda de que es una fuente autorizada.Pero recibir la información directamente de una buena fuente significa poco cuando la fuente puede estar cargada de razones para no decir la verdad.

Semana del 19 de diciembre del 2005. Se acumulan las reseñas sobre Munich. Spielberg ha declarado que, en Oriente Próximo, el enemigo de verdad es la intransigencia. Él concibe Munich como una oración por la paz. Su guionista, Tony Kushner, afirma que no pretenden culpar a ninguna de las partes.

Con los debidos respetos a la cultura popular y a uno de sus indiscutible maestros, no se puede aspirar a la superioridad moral siendo neutral entre el bien y el mal. Spielberg es un artista fabuloso, un director mágico, un empresario muy astuto; quizás, sólo quizás, es demasiado pedirle que sea también un filósofo experto en ética de primera. Aporta el ojo no contaminado de los adolescentes: ése es su valor. Pero también aporta la confusión de los adolescentes y ése es su punto flaco.

Ese punto flaco es el que se impone fuera de la pantalla cuando plantea una fantasía tragicómica muy particular: se le ha ocurrido repartir 250 cámaras de vídeo entre niños palestinos e israelíes para que graben lo que hacen en su vida diaria, se intercambien las cintas y se fomente el diálogo («Estupendo», comenta mi mujer, «y así algunos niños palestinos podrán utilizar las cámaras de Spielberg para grabar sus declaraciones como terroristas suicidas»).No hay nada como ese toque de megalomanía de un director cuando se combina con delirios progresistas.

Algunos críticos de izquierdas, pocos, sazonan sus reseñas con una pizca de antisemitismo. En su reseña para la agencia Bloomberg, Margaret Carlson afirma que Spielberg trata a los palestinos como personas y que eso es suficiente para que la película repugne a un amplio sector de espectadores habituales (léase judíos).Sin embargo, tratar a los palestinos como personas no repugna a un amplio sector de población judía, como Carlson da a entender; lo que quizá repugne es tratar a los terroristas como personas.Se queda muy bien con todo el mundo si no se echan las culpas a nadie pero, en su esfuerzo por no culpar a nadie, Spielberg y Kushner terminan por humanizar a los culpables.

[Nota para uno mismo: tómate un respiro. Lo único que has hecho es escribir un libro. La gente debería ver la película y que cada uno decida por sí mismo].

EPISODIOS INVENTADOS

Según el semanario Time, los responsables de la película han hablado largo y tendido con el Avner auténtico en el curso de sus investigaciones. ¿Le habrá contado a Spielberg algo diferente de lo que me contó a mí? No tengo ni idea. Los responsables de la película se han inventado algunos episodios como, por ejemplo, una reunión y una conversación entre Avner y Ali, el cabecilla de un grupo de fedayines palestinos en la ficción. A fin de cuentas, Munich no es un documental; Spielberg y Kushner tienen todo el derecho del mundo a poner sus palabras en boca de Avner, aunque eso le haga aparecer como un personaje que pasaba por allí por equivocación, como caído de alguna telecomedia de las que se grababan aquel día. Ahora bien, también cabe la posibilidad de que el gran timonel y su taquígrafo no tuvieran que inventarse casi nada. Es perfectamente posible que en la mejor tradición de los confidentes y los agentes secretos, mi fuente les haya contado a los responsables de la película, ligeramente inclinados a la izquierda, lo que querían oír.

El resultado no es tanto una fábula de equilibrio moral en celuloide como el himno de guerra triunfal (es más, orgásmico) de un pacifista en el que el clímax se alcanza con una escena de Avner fornicando que se alterna en un montaje grotesco con escenas de imágenes violentas del drama de la Villa Olímpica.

La mayor parte de los medios están extasiados. Una obra maestra, según Time. Rolling Stone sube la apuesta al anteponer el adjetivo «desgarradora» a la expresión «obra maestra». Hollywood Reporter la denomina «una investigación que hace pensar, con mucha carga».Hay algunas voces discordantes («una obra con moralina, desigual y excesivamente larga», sostiene Variety), pero, en su mayor parte, la crítica se maravilla.

Inevitablemente, la reseña de Variety me trae a la memoria una anécdota de G.B. Shaw. Su obra obtiene un éxito rotundo, los espectadores enloquecen de entusiasmo, el autor tiene que salir a saludar varias veces desde el escenario... En un palco, un caballero no ceja en sus abucheos. Shaw levanta la mano y pide silencio. «Señor», se dirige al airado crítico, «estoy de acuerdo con usted, pero, ¿qué podemos hacer nosotros dos solos contra toda esta gente?».

Tras el estreno, alguien me comenta que Spielberg no debería ganar un Oscar porque no contribuye a resolver los problemas de Oriente Próximo. Estoy de acuerdo. Debería ganar el Oscar por haber hecho una peli de gran crudeza en Hollywood. Por no contribuir a resolver los problemas de Oriente Próximo le tendrían que dar el Premio Nobel de la Paz, como a todos los demás.


George Jonas es autor del libro «Venganza», en el que se ha inspirado Steven Spielberg para su última película, «Munich».


Publicado en Crónica, del diario El Mundo, de España, el 22 de enero de 2006.


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