Múnich '72: Las Olimpiadas que se tiñeron de sangre

Se cumplen 40 años del ataque terrorista que dejó a once atletas israelíes muertos.

Por Jorge Moreno Matos


Los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972 (en los que el nadador estadounidense Mark Spitz logró su mítico récord de siete medallas de oro en una sola olimpiada), debían guardarse en el recuerdo por ser los primeros juegos en utilizar un sofisticado sistema de comunicaciones y por estrenar, primero que nadie, grandes infraestructuras deportivas. Pero nada ha podido evitar que el de Múnich sea el recuerdo del terror y la muerte.

El 5 de setiembre el comando terrorista palestino Setiembre Negro (una de las muchas organizaciones extremadamente radicales que integraban Al Fatah) se infiltró en la villa olímpica y entró al pabellón de Israel. Durante el asalto, dos atletas israelíes, Moshé Weinberg y Joseph Romano, repelieron el ataque y permitieron que nueve de sus compañeros lograran huir u ocultarse. Tras asesinarlos, los terroristas tomaron como rehenes a otros nueve israelíes.

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Durante 34 horas, los terroristas mantuvieron en vilo al mundo entero. Las largas negociaciones en torno a sus demandas (la liberación de más de 232 terroristas en cárceles de Israel y europeas) concluyeron en un acuerdo para trasladarlos hasta el aeródromo de Furstenfeldbruck, en donde se les facilitaría transporte para dirigirse a Egipto.

En el aeródromo, los terroristas se percataron de la trampa que las autoridades habían preparado. Tiradores de élite de la policía alemana debían abatirlos, pero en vez de eso se desató un tiroteo en el que murieron todos los rehenes, tres de los seis secuestradores y un policía alemán.

Mientras duró la crisis, toda la actividad olímpica fue suspendida. Tras la masacre, el Comité Olímpico Internacional (COI) decidió que los Juegos continuarán (Israel, pese a que retiró a su equipo, fue uno de los países que apoyó la decisión). Luego de una emotiva ceremonia religiosa en el propio estadio en memoria de las víctimas, se reanudaron las competencias. Tan solo las delegaciones de Noruega, Holanda y Filipinas imitaron a Israel y dieron por concluida su participación en los juegos.

El efecto propagandístico que generó en el mundo esta brutal acción terrorista fue enorme, tal como habían previsto sus perpetradores. En un comunicado publicado en un periódico de Beirut, Líbano, una semana después de los hechos y en el que reivindicaban el atentado, expresaron: “Ni una bomba en la Casa Blanca, ni una mina en el Vaticano, podría haber llegado tanto a la conciencia de cada habitante del planeta como la operación de Múnich [...] La elección de los Juegos Olímpicos desde un punto de vista puramente propagandístico ha sido un acierto. Ha sido como pintar el nombre de Palestina sobre una montaña que se ve desde las cuatro esquinas de la Tierra”.

La verdad se abre paso

Hoy, 40 años después de la tragedia, sabemos –gracias a las decenas de documentos desclasificados por Israel en estos días– que el rescate falló por negligencia de las autoridades alemanas. La República Federal Alemana no hizo el mínimo esfuerzo para salvar vidas, estimaba uno de los jefes de los servicios secretos israelíes (Mossad) en uno de los documentos dados a conocer.

Semanas atrás, la revista “Der Spiegel” publicó también un informe en el que revelaba que la operación de rescate fallida en el aeródromo fue responsabilidad de la policía alemana, que además trató de ocultar su fracaso al público durante todo este tiempo.

La masacre se perpetró a pesar de que, como consta en las actas oficiales que “Der Spiegel” logró recabar, las autoridades alemanas sabían que el comando palestino estaba escasamente preparado y con graves problemas logísticos, ya que habían tenido problemas incluso hasta para conseguir alojamiento en Múnich.

El secuestro y la muerte de los once miembros de la delegación israelí se convirtió en un auténtico trauma para los anfitriones alemanes, acrecentado por el hecho de que las víctimas eran judías. Desde el Holocausto en la Segunda Guerra Mundial, era la primera vez que se asesinaban a judíos en suelo alemán.


La polémica por el minuto de silencio

Cuarenta años después, la tragedia de aquel martes negro sigue generando polémica. Desde aquella fecha, Israel ha solicitado infructuosamente que el COI dedique un minuto de silencio durante la inauguración de cada olimpiada a las víctimas de 1972.

Pero siempre ha sido rechazada bajo el argumento de que las olimpiadas no tienen ni deben tener un matiz extradeportivo. Este año no fue la excepción. Incluso, Alemania y la Casa Blanca se sumaron a la solicitud. Pero, fiel a su costumbre, el COI no dio su brazo a torcer.

Lo que encontró fue una solución en apariencia salomónica que a nadie, solo a ellos, satisfizo: Guardaron un minuto de silencio en la villa olímpica de Londres una semana antes de la inauguración de los Juegos y durante unos brevísimos instantes, en la ceremonia de inauguración, se recordó a ‘todos’ los atletas muertos en la historia de las Olimpiadas.


Publicado en el diario El Comercio, el 5 de setiembre de 2012.


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