"Peregrinación de Bartolomé Lorenzo": La primera novela peruana

Jesuita, antropólogo y naturalista, el padre español José de Acosta (1540-1600) fue un cronista que llegó al Perú en la época de la conquista. Él es el autor de un relato de aventura de un lego en Indias (América) en 1586.

Por José Antonio Bravo

"Peregrinación de Bartolomé Lorenzo" fue escrita por el cronista jesuita José de Acosta, conocido por su famosa Historia natural y moral de las Indias; la novela en cuestión se encuentra en sus Obras completas, desde donde ha sido descubierta por el ilólogo cubano José Juan Arrom, siendo publicada en Lima por Petroperú en 1982.

El padre José de Acosta (Medina del Campo 1540-Salamanca 1600) fue un incansable defensor de los naturales de nuestro país, allí está su De procuranda indorum salute, que llegó a publicar en 1588; se estableció en Lima en abril de 1572 y a los dos años ya había visitado Arequipa, Cusco y Chuquisaca, durante cuyo recorrido fue testigo de las "reducciones" que el virrey Francisco de Toledo había realizado por aquellas comarcas, situación que lo motivó tan intensamente que aprendió el idioma quechua en poco tiempo.

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Tuvo una labor pastoral y pedagógica muy destacada en el virreinato, consolidando colegios y escribiendo textos en quechua y español, llegó a ser catedrático de la Universidad de San Marcos en la asignatura de Sagradas Escrituras. Estuvo en México, La Paz, Potosí, Tucumán. Realizó trabajos en Roma, Valladolid, hasta que inalmente asumió el rectorado del Colegio Jesuita, de Salamanca, donde falleció.

"Peregrinación de Bartolomé Lorenzo" es, efectivamente, una novelita que cuenta una historia que encaja en la modalidad narrativa que se denomina biografía; no es la biografía del cronista José de Acosta, sino la de un fraile a quien él conoció en Lima, cuyo nombre fue Bartolomé Lorenzo (que da el título a la obra), quien, efectivamente, vivió esas aventuras que aparecen en el texto y que fueron referidas al padre Acosta, relato que, inalmente, se convirtió en novela.

En realidad fray Bartolomé fue un informante, en términos contemporáneos, ya admitido por la crítica actual. En estos momentos, algunos novelistas llegan al extremo de grabar las exposiciones de sus informantes y, luego de transcribirlas, corrigen algunos errores supericiales y publican el libro con su nombre, como si fueran ellos los autores (y efectivamente lo son en cuanto al texto escrito se reiere) de los contenidos. Todo vale ahora.

Con seguridad el padre Acosta tomó notas y luego las redactó a manera de relato novelado, porque cuando cuenta la vida y las aventuras de Bartolomé Lorenzo: "El itinerario de sus andanzas queda señalado con nombres de lugares conocidos. Sale de Portugal por el puerto de Villanueva, recala en las Islas Canarias, prosigue a Cabo Verde, cruza el Atlántico, llega a la Isla Española y desembarca en Montecristi. Continúa, por tierra, a Concepción de la Vega y luego, a Santo Domingo. Vuelve sus pasos al interior y sigue hasta la Yaguana y, de allí, cruza a Jamaica. De Jamaica sale a Tierra Firme, llega a Nombre de Dios y pasa a Panamá, desde donde se embarca a Perú".

Arrom encuentra una serie de similitudes místicas en cada uno de los capítulos de la novela, vinculados naturalmente con las Sagradas Escrituras o temas religiosos, sin dejar de ser una novela fabulosa, como se cuenta en el capítulo IV, en el que el protagonista hace una vida ermitaña en medio de la selva, desde cuya fronda se desprendían enormes bramidos que él sospechaba eran de toros bravos y, entonces, alguien le dice que son de tigres montaraces: "Un día, bajando a la playa de la mar para coger algunos cangrejos para comer, cuando menos pensó, volvió el rostro y vio cerca de sí un iero tigre, Santiguóse y dijo: 'Jesús sea conmigo'; y volviéndose a nuestro Señor, le dijo en su corazón: 'Señor, si yo nací para ser comido por esta iera, cúmplase tu voluntad ¿quién soy yo, que pueda resistir (sic) a lo que tú ordenas'.

(Pasado el peligro)

"Noté Lorenzo que bajaban los tigres a la playa de la mar a pelear con los caimanes y comerlos, y es una de las más fuertes batallas que hay entre las ieras, porque el caimán tiene gran fuerza y aprieta fuertemente al tigre con la cola, y éste con extraña ligereza, entra y sale y acomete a su contrario, hiriéndole siempre en estos encuentros que al cabo viene a quedar rendido y muerto el caimán". Introducir historias novelables, novelitas, textos cortos de icción, dentro de Crónicas... e inclusive novelas mayores durante el siglo XVI y XVII, era algo frecuente, baste mencionar: El desierto prodigioso y prodigio del desierto, de Pedro de Solís y Valenzuela, que hasta el año 1977 fue la novela más antigua de América, estudiada magistralmente por Héctor H. Orejuela.

Vista así, "Peregrinación de Bartolomé Lorenzo", sacada de las Crónicas de José de Acosta, es la novela más antigua de América y es peruana.


* Publicado en el suplemento Variedades, del diario El Peruano, N° 292, el 14 de setiembre de 2012.


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