Eric Hobsbawm (1917-2012): El hombre que hizo historia

Fue uno de los intelectuales más respetados en el mundo. Su gran capacidad de análisis y facilidad para sintetizar la historia reciente le granjearon la admiración de diversos sectores. Eric Hobsbawm narró y resumió en sus obras lo mejor y lo peor del siglo pasado.

Por Rubén Yaranga Morán

Dijo que cada historiador tiene su nido y que el de él estaba hecho de una niñez en la Viena de la década de 1920, los años del ascenso de Adolfo Hitler en Berlín (ese hecho marcó con hierro su adhesión al comunismo y que decidiera ser historiador), y de Inglaterra, allí estaba Cambridge, la universidad que le facilitó los conocimientos que le permitieron estudiar y aianzar el credo político y la profesión que él asumiría hasta su muerte. Esas palabras pertenecen a Eric Hobsbawm, historiador inglés que escribió una veintena de valiosos libros que tratan la historia de los dos siglos anteriores al siglo actual.

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De padre británico (Leopold Percy Hobsbawm) y madre austriaca (Nelly Grün), Eric Hobsbawm –de su apellido se dice que la "v" doble usurpó el lugar de la "u", por cosa de algún despistado burócrata– nace en Alejandría el 9 de junio del mismo año en que se produce la Revolución rusa (1917). La vida de Eric estará signada por un ir y venir, que se maniiesta por primera vez a los dos años. Su familia decide partir a la capital de la patria de su madre: Viena. El espíritu del judío errante es la marca que distingue a la familia Hobsbawm.

A los doce años, su progenitor muere víctima de un infarto y a los 14 años la tuberculosis le arrebata a su madre, por lo que se ve obligado con su hermana, Nancy, a vivir en Berlín, al cuidado de su tío Sídney, hermano de su padre. En su estancia berlinesa, el adolescente Eric estudia en el Prinz-Heinrich-Gymnasium. De ese entonces, sus inquietudes políticas se inclinan por el comunismo, al cual se inscribió, se dice, cuando frisaba los 14 años.

En 1933, su tío Sídney debe ir a Londres por exigencia de su empresa y la familia parte con él. Allí es donde estudia historia en Cambridge. Coincidiría en esta universidad con otros historiadores, entre ellos Rodney Milton, John Saville, Christopher Hill, a quienes no solo los unía el amor por la historia, sino también profesaban las mismas simpatías políticas.

De la militancia comunista de Hobsbawm hay un hecho que lo digniica ante los demás, entre ellos sus colegas con los que no tenía ainidad política, su idelidad por la causa que había seguido desde adolescente. No abandonó al partido, muy por el contrario fue el marino que se comportó como capitán al no abandonar el barco hasta el último de sus días.

El marxismo fue el ideal que alumbró el sendero de su vida personal e intelectual y no se cegó como otros ante las equivocaciones o excesos del comunismo. Su voz se dejó escuchar, y hubo otros junto a él, para criticar el empleo de la violencia de los soviéticos para invadir Hungría. Estuvo con el comunismo a pesar de este suceso, pero nunca su boca calló sus verdades. Tuvo el coraje de admitir que el comunismo había fracasado y mantenerse iel al marxismo. Inteligencia, honestidad y idelidad debieron ser las palabras grabadas en su escudo de armas.

Durante la Segunda Guerra Mundial ofreció sus servicios para trabajar en Inteligencia, su propuesta no fue aceptada debido a su iliación comunista. Esto no melló su deseo de brindar su esfuerzo a la patria. Y participó de una actividad que sería decisiva para saber a quiénes debía enseñar lo que había estudiado, él iría a construir defensas costeras en East Anglia. Allí conocería a la clase obrera. "Esa experiencia de trabajo puramente físico en tiempos de guerra me convirtió para siempre a la clase obrera británica. No eran muy inteligentes, excepto los escoceses y los galeses, pero eran muy, muy buena gente", airmó después.

Desechó enseñar en Cambridge para hacerlo en el Birkbeck College de Londres. Empezó en 1947 y solo lo abandonó 65 años después, con su muerte. Qué barco no se sentiría orgulloso de tener un marino que tenía el alma de un capitán entre su tripulación.

De su travesía intelectual, se puede decir que el historiador Eric Hobsbawm trabajó sin cesar y da fe de esta airmación una veintena de escritos, entre los que destacan: La era de la revolución (1962), obra con la que presenta su tesis de las revoluciones gemelas (la francesa y la industrial). La era del capitalismo (1975), obra que aborda el ascenso de este modelo económico de 1848 a 1875. La invención de la tradición (1983), con la que le quita la careta al nacionalismo, que pasa de contrabando las tradiciones recientes como antiguas. La era del Imperio (1987), en la que estudia el periodo de 1875-1914 en el Reino Unido y el efecto de las economías alemana y estadounidense. Historia del siglo XX (1994) trata la etapa que abarca desde la Primera Guerra Mundial hasta 1991. A esta etapa, Hobsbawm llamó "el corto siglo XX". Además de Naciones y nacionalismo desde 1780 y Rebeldes primitivos. Sin olvidar que fue un excelente crítico de jazz y irmó con el seudónimo de Frankie Newton para la revista New Statesman y otros temas sobre los que escribió ocuparon las páginas de diversas revistas culturales.

Los debates y las tertulias intelectuales extrañarán a aquel gran hombre que desde adolescente se forjó en la idelidad al marxismo y trató a los obreros como sus pares, y que además se dio tiempo para enseñar y escribir libros de historia que causan la admiración de los que hasta no simpatizaban con su creencia política. Aquel hombre, el iel y honesto intelectual que fue Eric Hobsbawm Grün, partió en paz hace pocos días (Londres, 1 de octubre de 2012).

SOBRE HISTORIA

"La historia, aun cuando consigue generalizar, nunca deja de saber que pesan más las diferencias. Lo primero que cuida un historiador es el anacronismo y la aparente semejanza entre el pasado y el presente. Lo que la historia sí puede hacer es "mostrarnos las pautas y mecanismos del cambio histórico en general, y más concretamente los relativos a las transformaciones sufridas por las sociedades humanas durante los últimos siglos (....). Esto, más que cualquier otra predicción o esperanza, es lo que tiene una relación más directa con la sociedad contemporánea y con su porvenir".

* Publicado en el suplemento Variedades, del diario El Peruano, N° 295, el 12 de octubre de 2012.

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