Javier Cercas ilumina el lado oscuro de la Transición española

Por Por Elena Box (DPA)

Madrid, 4 oct (dpa) - Durante la década que transcurrió desde finales de los 70 a finales de los 80 se convirtieron en auténticos mitos: Temidos y admirados, símbolo a veces de ese anhelo de libertad que dominó la Transición española hacia la democracia, personajes como El Vaquilla o El Lute reinaban en los telediarios y portadas de los periódicos. Era la época de los quinquis.

En "Las leyes de la frontera" (Mondadori), Javier Cercas regresa a la ficción para revisar aquellos años desterrados en algún rincón de la memoria. Y lo hace contando una historia de amor a tres bandas, de lealtades, traiciones, lindes sociales y morales, protagonizada por el Zarco y su basca, a la que un día se une un "niño bien" que cruza la frontera para adentrarse en el terreno de lo salvaje.

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Cercas tenía 10 ó 12 años y vivía en la misma zona de Gerona en la que reside el protagonista -ese adolescente de clase media al que el Zarco apoda "el Gafitas"- cuando el utilero de su equipo de balonmano les mandó cruzar el río Ter. "Es una imagen que he conservado en la cabeza durante mucho tiempo", cuenta el escritor en entrevista con dpa en Madrid. Aquello era otro mundo: "un montón de barracones donde literalmente se hacinaban miles de personas. Una miseria colosal". Y estaba ahí, a la vuelta de la esquina.

Después, cuando se documentaba en las hemerotecas para escribir "Anatomía de un instante", por el que luego recibiría el Premio Nacional de Narrativa, Cercas descubrió que en todos los periódicos de la época los quinquis convivían con las noticias políticas. Historias monopolizadas por "chavales de barriada, que en esos años se lanzan a la delincuencia, sin horizonte vital".

Los medios de comunicación los convirtieron en mitos, la música (Los Chichos, Los Chunguitos) cantaba sus hazañas e incluso protagonizaron un género cinematográfico: el llamado cine quinqui, con exponentes como "Perros callejeros" o "Yo, El Vaquilla", de José Antonio de la Loma; "Navajeros", de Eloy de la Iglesia, o "Deprisa, deprisa", de Carlos Saura. Pero su protagonismo fue tan intenso como efímero: "Aún no han acabado los 80 y esto ya es historia. Como si no hubiera existido nunca", explica Cercas.

En este sentido, "Las leyes de la frontera" es como la otra cara de la Transición, "pero vista desde el lado de abajo, y también desde un horizonte más personal", que es el del propio escritor. Además, "los mitos no se crean de una forma casual", afirma el autor de "Soldados de Salamina". "Respondían a necesidades del país y encarnaban cosas muy profundas pero reales: los miedos de la gente en un momento de tanto cambio, las ansias de libertad... Los quinquis eran verdaderos Robin Hoods."

Pero el auténtico detonante de la novela fue la exposición en Barcelona "Quinquis de los 80". "Cuando la vi, yo envejecí de golpe, me encontré con todas esas cosas con las que había convivido: máquinas del millón, futbolines, discos horteras (...)", cuenta Cercas. Al final, una gran sala mostraba retratos en blanco y negro de chavales de la época. Todos muertos. Y a edades tempranísimas. "Yo pude haberme cruzado con estos chavales, pude haber sido uno de ellos. Y me pregunté: Por qué ellos sí y yo no?"

Lo que los mató fue la heroína y sus consecuencias. "En aquel momento nadie sabía lo que era, fue tremendo", recuerda Cercas. "Todo el mundo conoce a gente que murió por la heroína, son decenas de miles, hay quien habla de Holocausto, y es asombroso que no se sepa cuántos. Y es que, salvo los tiros del 23 de febrero de 1981 en el Congreso, la Transición fue un intento de cambiar un régimen por otro sin violencia. Aparentemente. "Que la heroína fue la guerra de mi generación es un hecho", sostiene. Y los que sobrevivieron a ella, son "mutilados de guerra".

Ese es precisamente el tema del ensayo que hay "enterrado" en "Las leyes de la frontera", y que Cercas no sabe si publicará algún día. Tras "Anatomía de un instante", un ensayo hecho novela en el que disecciona el 23-F, el escritor "necesitaba volver a la ficción, reivindicarla". "Este libro es el retorno a la ficción pura, que en realidad es imposible porque siempre está felizmente contaminada de realidad", apunta. De ahí que el Zarco tenga muchos paralelismos con la vida de El Vaquilla.

Pero sobre todo, "Las leyes de la frontera" sigue manteniendo la ambigüedad que puebla sus obras, que desmitifica -como hizo con la Guerra Civil en "Soldados de Salamina" o con Vietnam en "La velocidad de la luz"- pero sin ofrecer respuestas concretas. Porque Cercas tiene muy claro que una novela "no contesta preguntas, sino que las formula de la forma más compleja posible". Es lo que él llama "el punto ciego". Y algún día, afirmó, escribirá una novela sobre ello.


Fuente: Nuestro Páis de Costa Rica (4/10/2012)

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