La antihistoria de la Historia

Por J. C. Cambranes

Obstbaum en alemán significa “árbol frutal”. Eric Hobsbawm fue como un árbol que dio muchos frutos, unos excelentes y otros no tan buenos. De este ya legendario investigador, analista e historiador económico y social, expresó James Petras —influyente científico social norteamericano—, que fue “un brillante historiador del capitalismo europeo, particularmente de Inglaterra y, sobre todo, destacó los tomos que escribió sobre la Revolución Industrial, el siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial”.

Según Petras, los juicios políticos de Hobsbawm “no siempre eran ajustados”, ya que durante muchos años apoyó a la Unión Soviética sin criticarla. Sin embargo, aunque en sus últimos años, su juicio político sobre lo que hay que hacer actualmente estaba muy equivocado, se le debe reconocer “como una de las grandes figuras intelectuales, historiador, un hombre político contra el fascismo y contra la derecha por muchos años”.

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En el otoño de 1993 Hobsbawm pronunció el discurso de Apertura Académica de la Universidad de Budapest, declarando sin ambages: “Después de 1945, la mayoría de los países de Europa Oriental fueron obligados a escoger el modelo bolchevique de dominación… Sistema político ideado para modernizar las economías agrarias atrasadas a través de una revolución industrial planificada”. Dijo que el sistema de dominación soviético “tuvo carencias y defectos desde un punto de vista económico, que acabaron por conducirlo al desastre. No hablaré sobre ello, ni sobre los insoportables regímenes políticos que se instauraron en Europa Central y del Este. Tampoco recordaré los increíbles sufrimientos que causó a los pueblos de la antigua URSS, sobre todo durante la edad de hierro de José Stalin”. “El colapso del Estado”, expresó el historiador, “se debió a la progresiva rigidez e inoperancia económica del sistema y, sobre todo, a su probada incapacidad para generar novedades o para aplicarlas al ámbito de la economía, por no mencionar la represión ejercida sobre la creación intelectual”. La causa del fracaso soviético “se debió tanto a la actitud de indiferencia u hostilidad que mostraban los ciudadanos como en la pérdida de confianza de los propios regímenes respecto a los objetivos que se habían marcado”. Así que, se viera como se viera, “lo cierto es que el sistema se vino abajo de manera estrepitosa entre 1989 y 1991”.

La guerra ideológica entre los estalinistas y los críticos de los crímenes y excesos burocráticos cometidos en la desaparecida Unión Soviética, hicieron huir o mantuvieron al margen del comunismo a muchos historiadores políticamente honestos. Otros permanecieron fieles al estalinismo. A partir de 1991, muchos de estos se dedicaron a “dar de patadas al tigre muerto, afirmando que, en realidad, se trataba de un asno” (Ernst Nolte). El aberrante sistema soviético terminó destruyendo el marxismo vulgar de Hobsbawm, transformándose él en uno de los más prominentes marxistas críticos en el campo de los estudios y análisis históricos. Esto sucedió, como mínimo, 20 años antes de su reciente fallecimiento, no “en sus últimos años”. Hobsbawm tuvo la entereza de reconocer su error y su anterior falta de perspicacia política. Paradojas de la Historia.

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Fuente: Prensa Libre de Guatemala (22/10/2012)


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