Nikita, Nikita, lo que se da no se quita

Ignacio Ortega

Moscú, 24 oct (EFE).- "Nikita, Nikita, lo que se da, no se quita", coreaban los cubanos tras la retirada de los misiles soviéticos hace 50 años, pero los 41.000 soldados desplegados en la isla por la URSS estaban dispuestos a todo para salvar la revolución castrista.

"Estábamos dispuestos a disparar los misiles nucleares contra EEUU. Si hubiéramos recibido esa orden, la habríamos cumplido a rajatabla", aseguró a Efe Víctor Yesin, oficial de la 51 división de misiles emplazada en Cuba.

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Encargado de garantizar el funcionamiento de los misiles, Yesin recuerda con una mezcla de orgullo y alivio la tensión nuclear vivida entre la URSS y EEUU en octubre de 1962.

"Ahora siento alegría de que nuestros dirigentes encontraran la voluntad política para solucionar la crisis, ya que estuvimos muy cerca de la tercera guerra mundial. EEUU era nuestro enemigo. Así nos educaron", dice.

Yesin llegó en agosto de 1962 a un lugar idílico rodeado de palmeras y caña de azúcar llamado Sagua la Grande, pero no para descansar, sino para preparar el lanzamiento de los R-12 (2.000 kilómetros de alcance) y R-14 (4.000), capaces de llegar a cualquier ciudad norteamericana.

Poco sabía el entonces joven teniente sobre su misión cuando zarpó a bordo de un buque con destino al Mediterráneo para unas maniobras.

"Nos lo dijeron a la altura de Mallorca. Nuestra misión era frenar con nuestra presencia la agresión norteamericana. (Nikita) Jruschov debía visitar la isla (de Cuba) y anunciar al mundo el despliegue de los misiles, pero la crisis frustró el viaje", rememora.

Yesin, de 75 años, recuerda como si fuera ayer los vuelos de reconocimiento de los aviones espías norteamericanos apenas a unos 100 metros sorbe sus cabezas.

Aunque lo más difícil fue soportar las condiciones climatológicas de humedad, las lluvias torrenciales y las picaduras de los mosquitos.

"Dormíamos en tiendas de campaña o al aire libre en camas húmedas. No había agua potable y nos bañábamos en un río. Yo era joven, pero otros oficiales mayores sufrieron mucho", relata.

Decenas de soldados murieron por las tempestades, enfermedades y sabotajes.

"Sólo el 28 de octubre nos convencimos de que no habría conflicto mundial. Si hubiéramos disparado los misiles, no habrían sufrido sólo los soviéticos y norteamericanos, sino todo el mundo", apunta.

El veterano periodista de la agencia de noticias TASS Víctor Globa fue enviado a la isla caribeña con apenas 23 años después de la fallida operación de invasión norteamericana de Bahía de Cochinos (Playa de Girón) en abril de 1961.

"Llegamos en mayo. Mi trabajo consistía en instruir a los militares cubanos en el funcionamiento del armamento soviético", indicó a Efe en un perfecto español a sus 74 años.

Corresponsal durante varias décadas en países de la región, Globa hizo de intérprete a los generales soviéticos y a Fidel Castro, al que recuerda como un "superhombre".

"Nada más regresar de vacaciones me enviaron a Mayarí Arriba, donde había una estación de radar. Incluso el Che Guevara vino a vernos una vez", señala.

Globa, que traducía al ruso las informaciones sobre los movimientos de tropas en la base norteamericana de Guantánamo, describe como "insoportables" las condiciones en las que vivían los militares soviéticos.

"Trabajaban las 24 horas del día. El estrés era insoportable. Nosotros dormíamos al raso, en hamacas con redecillas para los mosquitos. Hasta entonces no sabíamos lo que era el calor", rememora.

Cuando abandonó la isla, a la que volvería cinco años después, reconoce que lo hizo con un "cierto sentimiento de culpa".

"Sentí que dejábamos atrás a nuestros amigos. Jruschov retiró los misiles sin consultar con los dirigentes cubanos. Tenía que haber informado a Fidel. De alguna forma, dimos la espalda a nuestros aliados", comenta.

Globa, quien opina que la crisis fue "una aventura" que le costó en 1964 el cargo a Jruschov, tradujo para sus superiores el discurso radiofónico de Fidel en el que éste mostró "la profunda decepción" del pueblo cubano.

"Los cubanos se enfadaron mucho. Los misiles ya los consideraban suyos. Decían que con Stalin eso no hubiera pasado y cantaban: Nikita, Nikita, lo que se da no se quita", apunta.

Al mismo tiempo, añade: "Fidel reconoció que los soldados soviéticos estaban dispuestos a morir junto a los cubanos para defender la isla".

"Nuestro esfuerzo no fue en balde. Defendimos codo con codo la libertad de la isla. Las garantías de independencia que recibió Cuba de EEUU aún están en vigor. Los cubanos aún nos lo agradecen", sentencia Yesin.


Fuente: ABC.es (23/10/2012)


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