Nueve (o siete) años después, el mismo desparpajo

El pasado 10 de octubre este blog cumplió nueve años en la blogósfera peruana. Me gustaria decir que en la 'blogósfera peruana de historia', pero tanta agua ha corrido bajo el puente que difícilmente se puede hablar en sentido estricto de ella. Si a ello sumamos la tremenda transformación que en el mundo de Internet y las redes sociales ha ocurrido en todo ese tiempo, pues la cosa se complica (ya nadie habla, por ejemplo, de sitios web ni mucho menos de portales). ¿Cuántos de los blogs de historia o de historiadores que empezamos en aquel tiempo aun persistimos en esta empresa? ¿Cuáles los que han preferido trasladarse a Facebook para continuar ahí sus actividades? ¿En qué modo la aparición de Twitter significó el fin de la época dorada de los blogs? Preguntas que aún merecen respuestas y, más aún, más interrogantes como las que hizo hace poco Roberto Bustamente y que reclaman respuestas desde los propios protagonistas y desde la Academia.

Esta última, por ejemplo, realizó hace poco un Congreso Nacional de Historia después de 28 años, el cual estuvo organizado en 32 especialidades. Ninguno de ellas referida a la Historia y las Nuevas Tecnologías. Así, mientras en otras latitudes la tecnología es parte importante en el proceso de investigación histórica, poco es lo que aquí se hace o dice al respecto. Por cierto, recuerdo que en mi época de estudiante Francisco Stastny me decía que él era uno de los primeros historiadores en utilizar una base de datos para catalogar sus fichas de investigación ¡En dBase! (él no lo sabía, pero por esa época no era el primero sino el único en hacerlo) ¿Cuántos de nuestros museos pueden decir lo mismo hoy en día? ¿Cuántos historiadores han recorrido a métodos informáticos, programas estadísticos, sistemas expertos para realizar sus investigaciones? Tal parece ser que todavía hay muchos colegas de la tribu de Clío que siguen utilizando sus computadoras exclusivamente como costosas máquinas de escribir. Un tema sobre el cual prometo volver pronto.

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En todo caso, valga la oportunidad para recordar en tan especial ocasión el primer post que escribí el 10 de octubre de 2003 y que ahora reproduzco. La nota a la que se refiere el mismo estaba tan mal escrita que no se publicó. Dos años después Fujimori me dio la oportunidad de reescriirla y se publicó (El Chino, reincidente contumaz en todo lo que hace, siempre da segundas oportunidades a sus críticos). Fue la ocasión en que este llegó a Chile para tentar un reingreso impune al país y se encontró con la proba justicia chilena y un Perú indignado con su desparpajo. El mismo desparpajo con el que ahora pretende su indulto. Siete años después, El Chino no ha cambiado un ápice. Esperemos que el país de aquel entonces tampoco y que su pretendido indulto se vuelva a estrellar contra la dignidad y autoestima que este país todavía no pierde. No del todo, al menos. Creo.


Quién es Fujimori?

Buena pregunta. Menos mal que existe Internet para responder. Porque si fuera por los libros, enciclopedias, manuales y almanaques mundiales que existen por ahí todavía sin actualizar, lo más probable es que la próxima generación de peruanos sigan convencidos que el peruano de contrabando que nos gobernó fue el mejor presidente que el Perú ha tenido.

Por lo pronto, quien afirme que Fujimori no es peruano se equivoca largamente. Para convencernos de ello basta verlo en los noticiarios presentando a su novia, anunciando una luna de miel en Macchu Picchu y, oh folklórico producto nacional, escuchando el mensaje de la susodicha para todos sus futuros vasallos del no muy lejano 2006.

El tema es tan importante que he escrito una crónica al respecto para el diario en el que trabajo y que aún espera que el dedo de Dios que es nuestro Jefe de Redaccción le de pase. Ojalá. Sino, ¿cómo esperan que los historiadores construyamos la historia?


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