¿Quién fue Mahoma?

Por Jorge Moreno Matos

Es el año 600 d.C. y en la ciudad de La Meca (en la actual Arabia Saudí) hay más de 360 ídolos dedicados a las decenas de dioses que la ciudad alberga, aunque tres de ellos sean los principales que veneran las tribus y pueblos que convergen en esta estratégica ciudad de la península arábiga preislámica. Es una ciudad donde confluyen tanto las ricas caravanas de comerciantes como miles de peregrinos. Sin embargo, treinta años después el panorama será completamente distinto. Una revolución política y cultural liderada por un hombre, Mahoma (Mohamed o Muhammad en árabe), arrasará con esos cientos de ídolos y convertirá a La Meca en el centro de una nueva fe monoteísta de la que él es el mensajero. El Profeta. La nueva religión cambiará para siempre la historia de esa región del planeta y la de millones de personas. ¿Quién fue Mahoma? ¿Por qué caló tan hondo su prédica en su tiempo?

El héroe-profeta

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vAunque no hay una fecha exacta sobre su nacimiento, se sabe que Mahoma nació en torno al año 570 o 571 en La Meca. Huérfano desde muy pequeño, fue criado primero por un abuelo y luego por un tío, Abu Talib, un comerciante a quien acompañó en sus viajes a lo largo de muchos años en la famosa ruta de la seda y las especias. Cuando cumplió 25 años se casó con una viuda rica, Khadiya, la que le aseguró no solo estabilidad económica sino también valiosas alianzas tribales y el apoyo político que más tarde le serían muy útiles.

Una de sus biografías cuenta que, en una ocasión en que hubo un incendio en La Meca y se destruyó parte de la Kaaba (el recinto en donde se encuentra la Piedra Negra sagrada “que vino del cielo”), Mahoma fue el encargado de devolverla a su sitio luego de restaurado el lugar. Esta primera experiencia y el contacto con caravanas de comerciantes judíos y cristianos cuando acompañaba a su tío, contribuirán a forjar la nueva fe del profeta. Es por esta misma época que empieza a retirarse al monte Hira a meditar y a tener revelaciones (afirma que el Arcángel Gabriel lo ha visitado y le ha anunciado que ha sido elegido profeta de Dios), las cuales transmite a sus familiares y amigos y luego predica en las calles de La Meca. Pero las predicaciones monoteístas de Mahoma son peligrosas y se enfrentan a la rica y poderosa plutocracia sacerdotal de su ciudad natal.

Y es que en La Meca de la época de Mahoma la usura y el comercio mandan. Los miles de peregrinos y comerciantes que llegan a ella tienen que comer, dormir y rezar. Y predicar contra las divinidades arruina su pingüe negocio. Mahoma y sus seguidores son perseguidos y su clan, boicoteado comercialmente. Este boicot desata un cisma al interior de sus filas y Mahoma tiene que huir (la conocida Hégira) en el año 622. A partir de ahí, y en un periodo de apenas diez años hasta su muerte en 632, Mahoma impondrá la nueva religión. Así, de líder religioso de una pequeña tribu árabe pasará a convertirse en el jefe político del centro y Oeste de toda Arabia. En el momento de máxima expansión, en el año 711, el islam predomina en Egipto, Palestina, Siria, Mesopotamia, Pakistán, Afganistán, el subcontinente indio y España, en donde se quedaron ocho siglos. Carlos Martel, en el año 732, los detuvo a las puertas de Francia. “Aquel conjunto de pobres pastores que vivía errante en los desiertos tuvo su Héroe-Profeta y salió de las tinieblas”, escribió el historiador Thomas Carlyle. En otras palabras, esta extraordinaria expansión es el resultado de un proceso de unificación árabe en el que el islam fue una herramienta fundamental.

Más descreído, Bertrand Russell escribió que la ganancia material de la conquista y el botín fue, por encima de esa fe, el verdadero móvil de tan prodigiosa expansión. Pero, ¿fue esta la verdadera causa?

Un líder de carne y hueso

Para Carlos Carcelén, profesor de Historia de las Religiones en la Universidad de San Marcos, la expansión del islam obedece a razones más económicas que políticas. “El comercio es un elemento central de la unificación que lleva a cabo el islam”, explica.

“En una sociedad tradicional como la árabe, Mahoma tiene una ventaja: es un profeta pero al mismo tiempo es un líder que, gracias a el comercio, permite la articulación de las relaciones económicas, políticas y culturales de muchas tribus. No es un líder religioso en el sentido cristiano o hebreo”, señala. “Gracias a su condición de comerciante y a su actividad comercial tiene contactos con muchas tribus de distintos lugares de Arabia, lo que le confiere una legitimidad como líder religioso, político y económico”, agrega. A diferencia de Jesús, él no se reclama hijo de Dios. Asimismo, explica que la expansión del islam obedeció a la inexistencia, en su época de aparición, de grandes imperios que lo frenaran. Y se expande, precisamente, por donde las rutas comerciales árabes se han expandido.

Finalmente, Carcelén señala que Mahoma no es Dios, no tiene la caracterización divina de otros profetas. Pero con el paso del tiempo, una lectura fundamentalista y muy dogmática del Corán, el libro sagrado musulmán, Mahoma termina casi divinizado.

Mahoma y el cristianismo

“Mahoma es un profeta para el islam y nosotros, los católicos, somos muy respetuosos de eso”, señala a este Diario el sacerdote Nicolás Guerrero, Rector del Seminario San Martín de Porres de la Diócesis de Chosica. Más aún, nos explica que en el documento “Nostra aetate” del Concilio Vaticano II de 1965, que norma las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, esta manifiesta su respeto por las demás religiones, entre ellas el islam. “Lo que resalta es la fe en un solo Dios y que más bien deberíamos sumar esfuerzos para reunirnos en torno a esa creencia”. Sobre el video antiislámico y sus promotores, precisa que no hay nada en el cristianismo que censure o ataque a Mahoma. “Ninguna sano credo promueve la violencia, mucho menos el odio. El islam, como el cristianismo, es una de las religiones que buscan la paz, la armonía. Pero en toda religión hay fanáticos y estos siempre hacen daño”, declara.

Un profeta según los musulmanes

Damin Husein Awad, presidente de la Asociación Islámica del Perú, nos explica que Mahoma es, ante todo, un enviado , un mensajero de Dios. “Es un profeta como lo es también Jesús, el último de los profetas que preceden a Mahoma [y quien, por cierto, anuncia la llegada de este tal cual está en el Corán], y como tal debe ser respetado”, precisa. “La fe musulmana -nos explica- tiene la misma categoría y la misma importancia de las otras religiones, a las que igualmente reconoce y respeta”, añade. Sobre las violentas protestas contra el video antiislámico en la que se ofende la figura de Mahoma, Awad es categórico:“El islam rechaza toda forma de violencia. Es una religión pacífica”. Pero como ocurre con todas las religiones, son sus ‘interpretes’ quienes tergiversan su significado y mensaje.

La versión épica del cine

A pesar de que el islam es muy estricto en cuanto a representar la imagen de su fundador, en 1976 se filmó la película “Mahoma, el mensajero de Dios”, interpretada por Anthony Quinn en el papel del profeta. Es una coproducción britanica-kuwaití, de la que se hizo dos versiones: una para Occidente y otra para el mundo árabe. En esta última, al personaje de Mahoma jamás se le ve, solo se oye su voz; o, en muchas ocasiones, una luz resplandeciente aparece. Aún así, ambas versiones fueron muy exitosas.



Publicado en el diario El Comercio de Lima, el domingo 7 de octubre de 2012.

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