200 años de la Constitución de Cádiz: una influencia de ida y vuelta

Por Raquel Miguel (DPA)

Cádiz, 13 nov (dpa) - La XXII edición de la Cumbre Iberoamericana tiene lugar a partir del viernes en la sureña ciudad española de Cádiz, cuna de una Constitución que celebra este año su bicentenario y que se considera clave para entender la democracia moderna y el vínculo de las dos orillas del Atlántico.

Y en un contexto político y económico tan radicalmente distinto al de la primera cita iberoamericana, en 1991, España apuesta como anfitriona por volver a los orígenes gaditanos, con un lema que mezcla las raíces y la adaptación a los nuevos tiempos: "Una relación renovada en el Bicentenario de la Constitución de Cádiz".

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"La Pepa", promulgada el 19 de marzo de 1812, fue la primera Carta Magna española y uno de los textos constitucionales más liberales de su tiempo: reconoce la soberanía nacional, la separación de poderes y el derecho de representación, entre otros.

Las Cortes Constitucionales de Cádiz fueron "la última vez que los españoles de América y los de la Península nos reunimos hasta la cumbre de Guadalajara", señala Jesús Gracia, secretario de Estado español para Iberoamérica.

"Cádiz es un buen escenario para la cumbre, recordando el primer gran encuentro de representantes hispanoamericanos. Hubo que esperar casi 180 años para volver a repetirlo, en aquella ocasión sumando la presencia luso-brasileña", destaca también el secretario iberoamericano, Enrique Iglesias.

"Supuso la codificación de los objetivos de la Revolución Francesa y americana. Es el primer encuentro en defensa de la voluntad popular y el fin del absolutismo liberal, que siguió inspirando procesos independentistas en el continente americano en esos años y de alguna manera, el resto de textos constitucionales latinoamericanos", añade.

Pero lo que la historiografía ha presentado como un proceso unidireccional de España hacia Latinoamérica fue un flujo de ida y vuelta, con múltiples influencias mutuas, matices y en un contexto muchas veces olvidado en busca de un discurso simplificado.

"En la celebración del bicentenario de Cádiz ha faltado una profundización histórica real", consideró en entrevista con dpa Rafael García Pérez, profesor de Historia del Derecho de la Universidad de Navarra y miembro del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano.

"El proceso de Cádiz congregó a representantes de distintas tierras americanas y de la Península, pero en América hubo reuniones de Cortes anteriores a Cádiz con contenido similar. Cádiz fue sólo uno más en un periodo de crisis de la monarquía española y sobre todo, un movimiento de influencia de ida y vuelta, porque la cultura constitucional también se estaba gestando en la España americana", explica García Pérez.

El historiador critica que Cádiz haya pasado a la historia sepultando en el olvido procesos constitucionales paralelos, como la Constitución venezolana de 1811, promulgada en un territorio ya independiente. La Constitución de Cádiz se aplicó en el Virreinato de Nueva España (México y Perú), pero no fue aceptada en otras zonas como Nueva Granada (hoy Venezuela o Colombia).

Además, el experto considera que "en Cádiz no se supo dar a América la representación que se merecía", ante el ansia de muchos peninsulares por mantener el dominio de las Cortes. Sin contar con que las sesiones constituyentes comenzaron cuando muchos representantes americanos no habían llegado aún.

Y a menudo se olvida también la contribución de los diputados americanos, que fueron claves en temas como la igualdad -al proponer la igualdad política para los americanos de ascendencia africana o la abolición de la esclavitud-, la libertad de expresión e imprenta, el derecho de sufragio o la creación de ayuntamientos, así como en los inicios del libre comercio.

"Por eso hay que hablar de un movimiento de ida y vuelta, los diputados americanos influyeron en Cádiz y Cádiz en el desarrollo del constitucionalismo latinoamericano", asegura el profesor.

De lo que no hay duda es de que "La Pepa" fue una Constitución hispana: la historiografía de los últimos años ha reconocido una tradición constitucional propia del mundo hispánico común a las dos orillas", considera García Pérez.

Pero también es un texto hispano porque reconocía la ciudadanía compartida a los españoles de los dos lados del Atlántico y creaba una nación compuesta por las dos regiones. "Eso sí, no todos los habitantes se consideraban ciudadanos y la ciudadanía estaba vetada para muchos, como esclavos o pardos, sin contar con que los derechos políticos de la mujer eran inexistentes".

"Por eso, no hay que pedir a Cádiz lo que no podía dar: era una Carta Magna de finales del Antiguo Régimen y principios del Estado liberal, pero está muy lejos de ser un mito o modelo constitucional", señala el historiador.

Pese a sus límites, Cádiz se ha convertido en símbolo de un momento de historia compartida y sirve para recordar que no hace mucho, Hispanoamérica y España formamos parte de una comunidad política y cultural común, cree García Pérez. "Y si ello sirve para mejorar las relaciones en torno a ese patrimonio común, entonces se estaría haciendo un buen uso de la historia".


Fuente: El País de Costa Rica(11/11/2012)


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