¿Para qué defenestrar al virrey Toledo?

En Salta, Argentina, está ocurriendo algo que debe llamar nuestra atención e interés como historiadores y como ciudadanos. Y tiene que ver con el monumento y el señor de al lado.

Un proyecto de un concejal de Salta, un señor Rodríguez, tiene como objetivo retirar la estatua del Virrey Toledo (que tal es el personaje en cuestión) y cambiar la nomenclatura a la avenida que lleva su nombre en homenaje a quien ordenó, en 1582, su fundación (Hernando de Lerma, siguiendo órdenes de Toledo, estableció un poblado al que llamó San Felipe de Lerma del Valle de Salta el 16 de abril de 1582.).

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Al proyecto, por supuesto, se han opuesto una serie de personas e intelectuales, del mismo modo que hay quienes han salido a festejar la iniciativa. Ante la polémica surgida, los concejales no han encontrado mejor manera de resolverla (y aquí viene mi comentario) que recurriendo a quienes pueden opinar y proponer elementos de juicio más autorizados para tratar de resolverla: los historiadores.

Así, mientras escribo estas líneas, se viene desarrollando en las instalaciones del Concejo Provincial de Salta una reunión en la que participan los historiadores Ercilia Navamuel (quien hablará sobre “La herencia cultural y social del Virrey Toledo”), Gustavo Barbarán ( “Estados nacionales y multipolaridad: la interpretación de la historia y el nuevo orden mundial”), Luisa Miller Astrada, de la Academia Nacional de la Historia (“La figura del Virrey Toledo”); Leandro Plaza Navamuel (“Entorno social en tiempos del Virrey Toledo”) y Marcelo Farfán (“La importancia del nombre y la calle Virrey Don Francisco de Toledo”). Sorprendentemente, los concejales han prometido tomar en cuenta, para la puesta en marcha o no del Proyecto, las conclusiones y recomendaciones que hoy emita tan egregio grupo de expertos.

La polémica, como saben, no es nueva. Como tampoco es nuevo que quienes la llevan adelante siempre son políticos que no saben un ápice de historia o de cómo entenderla. Mucho menos que con retirar monumentos o cambiarle el nombre a las calles se solucionan los problemas de las personas a quienes representan. En esta, como en aquella que nos tocó hace un tiempo vivir a nosotros con Pizarro, hay mucho de pose y saludo a la tribuna antes que una propuesta verdadera de construir una historia nacional, que no ‘nacionalista’.

Yo hace mucho tiempo que no me creo el cuento del ‘mestizaje biológico y cultural’ que nos relatan desde la escuela y cierta empecinada historiografía tradicional, pero la experiencia me ha enseñado que cuando estas iniciativas parten de los políticos es que hay gato encerrado. Y cuando se izan las banderas del nacionalismo para justificarla, pues la cosa simplemente apesta. Ya no se diga nada cuando los políticos se van justificando ante todos con dos palabras que en sus labios acusa totalitarismo, corrupción o simple ignorancia: ‘verdad histórica’.

Pocos recuerdan o quieren recordar, por ejemplo, que el presidente Humala con su retórica incendiaria nacionalista que ha guardado bajo siete llaves ofreció cerrar Palacio de Gobierno y convertirlo en museo y que él despacharía desde su casa o desde una oficina más barata y modesta. Pues no ha hecho ni una cosa ni la otra.

Alguien dirá en su defensa que eso lo ofreció en la campaña anterior, en la que perdió frente a Alan García y le hará un flaco favor. Solo podrá en evidencia que de nacionalista Humala tiene el nombre y la pose y que sus posiciones ideológicas son tan oportunas como coyunturales (¿recuerdan la frase de Groucho Marx sobre sus principios? Pues, eso mismo).

Al virrey Toledo lo podrán defenestrar de donde se encuentra y las cosas no cambiarán nada. A la calle que lleva su nombre la renombraran con el pomposo de Bicentenario dela batalla por la libertad y la historia seguirá siendo la misma. Los historiadores podrán concluir que el elemento y contribución española a nuestra ‘identidad’ es indesligable e irrenunciable y habrán descubierto la pólvora. Y lo que es más lamentable aún, siempre seguirán existiendo historiadores que se aboquen a discutir si Toledo debe o no tener un monumento y una calle en Salta, Pizarro los suyos en Lima, pero nadie pondrá sobre la mesa la cuestión de porqué siguen proliferando los Mac Donalds y los sueldos de hambre que pagan a nuestros hijos. Si la invasión española es tan mala o peor como la invasión de productos chinos en Lima, Salta o Buenos Aires que ahogan cualquier industria nacional y quién se beneficia con ello.

¡Al carajo con Toledo! ¡Al carajo con Pizarro! ¡Al carajo con los historiadores idiotas que se prestan al juego de los políticos! ¿Qué alguien me explique porque sigue este país creciendo económicamente mientras los pobres son cada vez más pobres en él? ¿Es más importante saber si Toledo o Pizarro merecen un monumento que saber a quién beneficia el crecimiento económico?


1 comentario:

  1. Todo muy bien Jorge, me encanta tu prédica muchas veces y tus artículos siempre están bien sustentados en datos históricos, hasta que la "defecas" con comentarios económicos donde como cuando se come pescado debes tener mucho cuidado. No olvides, así que nadie te va explicar porque sigue este país creciendo económicamente mientras los pobres son cada vez más pobres en él, simplemente por que la pregunta es basada en un razonamiento erroneo. Según el INEI, la desigualdad de ingresos (medida con el coeficiente
    Gini, en que 0 supone igualdad absoluta y 1 total desigualdad) se ha reducido de 0,54 en el 2002 a 0,46 en la actualidad, posicionándonos como el segundo país menos desigual en la región, solo después de Uruguay. El desempleo es de 6,2 porciento, es cierto que gran parte de peruanos son subempleados pero eso se da por factores estructurales que van en contra del modelo de crecimiento del país. Podría dar muchas cifras que apoyarían que el crecimiento económico SI hace que se reduzca la pobreza lo que pasa es que considero que tu frase es en base a una apreciación subjetiva sobre una pobreza estructural que ha tenido el Perú siempre, y que demorará mucho en reducirce y que fue reducida por un modelo velazquista que hundió más en la pobreza al país (eso es tema para otro debate). Finalmente si te creo que Humala dijo lo que mencionas pero para aquellos que votaron por Humala como tu en su momento (yo voté por Keiko pero visto en perspectiva me arrepiento de lo mismo y considero que tu voto fue el mejor), creo que eso era tan realista como su promesa del balón de gas a 12 soles, o que iba a fusilar a los homosexuales, y creo que eso no te impidió votar por él en segunda vuelta, así que no deberías quejarte por ello ahora cuando esa promesa era más falsa (y tu lo sabías) como un billete de tres soles.

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