Un país comunista con una gran economía capiatalista

A la muerte de Mao, el ascenso de Deng Xiaoping al poder permitió unas reformas económicas que convirtieron a China en la segunda economía del mundo.

Por Jorge Moreno Matos

China, un país feudal y autocrático durante mil años, invadido por otros países en varias ocasiones a lo largo de su historia, sufrió una conmoción política hace poco más de un siglo: el levantamiento del 10 de octubre de 1911 en Wuhan que puso fin a los más de 2.000 años de la China imperial. Fue lo que se conoció como la Revolución de Xinahi que derrocó a la dinastía Qing.

De esta revolución descienden tanto los comunistas de la República Popular China como los nacionalistas de Taiwán. Pero fue una revolución que quedó trunca. La república nunca llegó a germinar, el país cayó en la anarquía y solo después de una guerra civil que acabó en 1949, cuando los comunistas derrotaron a los nacionalistas, Mao fundó la República Popular China.

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En el camino, el ‘Gran Timonel’, como se le llamaba a Mao,intentó dar el ‘gran salto adelante’ que costó la vida de al menos 20 millones de personas. Otras tantas morirían cuando echó a andar la Revolución Cultural (1966-1976), que fue una década de caos orientada a acabar con las fuerzas ‘capitalistas’ y ‘revisionistas’, que es como Mao llamaba a los intentos de otros líderes chinos de modernizar las estructuras económicas y políticas del país.

Fue esta una época de locura en la que, por ejemplo, la calle donde se encontraba la embajada de EE.UU. se llamaba ‘Avenida de la lucha contra el Imperialismo’ y la que albergaba la embajada rusa, ‘Avenida de la lucha contra el revisionismo’. Su mayor consecuencia fue el culto a la personal idad de Mao, el cual costó mucho trabajo erradicar del país.

Deng, el reformista

A la muerte de Mao, en 1976, las luchas por el poder fueron inevitables. De ellas salió airoso con dificultades Deng Xiaoping, el gran transformador de la China que hoy conocemos y que marca la pauta mundial.

A él se deben las reformas económicas que la han convertido en la potencia económica mundial que amenaza a otras como Estados Unidos o la propia Unión Europea. Sin ellas, el crecimiento económico que ha registrado en los últimos años hubiera sido simplemente imposible.

Pero las reformas económicas no fueron acompañadas de las políticas. Deng le imprimió a sus años en el poder un carácter autoritario tan estricto que la sangrienta represión de las protestas en la Plaza de Tiananmen en 1989 son su peor recuerdo.

Al propio Deng se debe la fórmula de alternancia y la limitación a dos períodos de gobierno de cada nuevo presidente que ayer puso una vez más en práctica el Partido Comunista Chino.


Publicado en el diario El Comercio de lima el viernes 9 de noviembre de 2012.


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