Los beneficios de perder en La Haya

Por Gonzalo Álvarez

Más allá de los alegatos jurídicos, consuetudinarios, históricos, de los tecnicismos cartográficos, y de si Chile o Perú tienen o no la razón, el diferendo marítimo que por estos días enfrenta a ambos países en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, representará para la parte chilena una pérdida, o con la mejor de las suertes, la mantención del status quo.

¿Qué pierde Chile de ser el fallo 100% favorable a Perú? Perdería una amplia zona de explotación de recursos marítimos, lo que representa entre un 70% y 80% del volumen de captura de las flotas pesqueras de Arica, según lo sostenido por el empresario Roberto Angelini. En términos objetivos, un fallo totalmente desfavorable para Chile no significaría más que una derrota parcial para las familias que concentran la actividad pesquera nacional. Los efectos de la pérdida se relacionan entonces con cuestiones subjetivas vinculadas al orgullo y la noción de soberanía nacional. Por el contrario ¿Qué gana Chile de ser el fallo 100% favorable a nuestro país? En términos objetivos no se obtiene absolutamente nada, salvo la mantención del status quo. A nivel subjetivo, solo un triunfo moral pasajero.

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Considerando un escenario en el que el Tribunal de La Haya otorgue algún espacio marítimo extra a Perú, la pérdida de Chile es inmediata. Esto advierte sobre varios elementos que la diplomacia nacional debe cambiar y podría generar incentivos para llevar a cabo transformaciones profundas en la forma en que son conducidas las relaciones internacionales del país.

En primer lugar, se advierte la incapacidad de anticipar escenarios por parte de cancillería, quedando al descubierto la forma reactiva de su accionar. Segundo, se observa una adaptación a las reglas del juego internacional, pero una falta de establecimiento de mecanismos bilaterales efectivos y duraderos de negociación, con normas que trasciendan la coyuntura. Tercero, quedan al descubierto las contradicciones de la clase política que apuesta por un país moderno, plenamente inserto internacionalmente, pero que es extremadamente sensible ante la posibilidad de ceder una pequeña parte de su soberanía, y que afecta más el orgullo que los intereses materiales de la nación (de no ser así, debieran ser igualmente enérgicos, por ejemplo, con la explotación de los recursos mineros).

Bajo este contexto, perder en La Haya supone beneficios, si las autoridades políticas son capaces de llevar a cabo las transformaciones necesarias. Entre ellas, se debe considerar una completa modernización del ministerio de Relaciones Exteriores que incluya la incorporación de personal experto, nuevas divisiones y funciones ad-hoc a los desafíos del escenario internacional y, sobre todo, mayor vinculación entre el poder central y las autoridades regionales en los espacios fronterizos. Adicionalmente, se deben reforzar e institucionalizar las instancias bilaterales de cooperación a objeto de avanzar en el desarrollo conjunto que trascienda desde lo económico a lo político, social y cultural.

Los actores políticos debiesen apuntar a ese tipo de transformaciones. Un fallo favorable a Chile mantendría las cosas tal como están. Una decisión adversa removería los cimientos de un área anclada en un mar de inercias y orgullos infundados.

* Por Gonzalo Álvarez Fuentes, Profesor de Relaciones internacionales de la Universidad Diego Portales y Universidad de Santiago de Chile.


Fuente: El Quinto Poder de Chile (4/12/2012)


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