Una batalla imposible de ganar

El caciquismo, la corruptela y la componenda política son el Vietnam de San Marcos: ni siquiera los más capacitados y fuertes para triunfar en esa batalla pudieron ganarla. Pero no es una batalla o una guerra que hayan perdido las generaciones actuales, o la mía, sino casi todas. En “Retrato de un país adolescente”, Luis Alberto Sánchez (que fue tres veces rector de la cuatricentenaria) cuenta que cuando tenía el proyecto de construir la Ciudad Universitaria por los años 70, había muchos que se oponían a ella. “Vas a juntarlos a todos en un mismo sitio y terminarán acabando con todo”, cuenta que le reprochaban. Y en el capítulo de “El pez en el agua”, donde Vargas Llosa rememora sus años universitarios (por la década de los 50) escribe que cuando llegó a ella, “San Marcos ya había entrado en un franco declive”. Incluso, yendo más atrás, la tan famosa Reforma Universitaria de principios del siglo XX fue contra muchos males que hoy, casi cien años después, subsisten trasvestidos en problemas viejos con ropajes nuevos. Así que, para la pregunta de Zavalita (¿En qué momento se jodió San Marcos?), cada generación tiene su propia respuesta. En mi caso, yo tengo varias. O tal vez en realidad una sola: el caciquismo.

Me acabo de enterar que lo que todos temíamos se ha hecho realidad: el último concurso público para cubrir plazas docentes en la Facultad de Ciencias Sociales acaba de ser declarado desierto, con lo que San Marcos, y Sociales especialmente, ha vuelto a escribir una nueva página de esa historia negra de la corrupción y la ramplonería en la Decana que tan cumplidamente escribe cada vez que se le presenta la oportunidad. Y esta es una que no han dejado pasar para hacerlo con todos los agravantes que sus bien lustrosos títulos de doctores no lograrán disimular por más esfuerzos que hagan.

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Ambas palabras, corrupción y ramplonería, están bien escogidas. ¿De qué otro modo llamar sino al hecho de que la sesión (si es que la hubo) de la comisión que anuló el concurso se reunió en día domingo y ese mismo día emitió el cronograma de uno nuevo? ¿Cómo no sospechar de sus torvas intenciones cuando han esperado hasta el inicio del descanso navideño para salirse con la suya, confiados en que no habrá nadie para oponérseles a sus decisiones? (¿Quién en su sano juicio tomaría, por ejemplo, precisamente en estas fechas, un local como protesta y cuántos días estarían dispuesto a soportar el encierro?) Y es bastante ramplón, por decir lo más amable, que sea poco menos que una entelequia la Resolución Rectoral que anula el concurso. ¿Quién la ha visto o leído? ¿Qué razones argumentan para anular el concurso? Nadie las conoce y mucho menos las podrán refutar. ¿Puede existir algo más burdo que esto? Peor aún, ¿qué más ordinariez que someter a profesionales decentes y bien calificados a la humillación de volver a presentarse nuevamente a un concurso que saben volverá a ser anulado o ganarán los menos aptos para esos puestos? Yo, personalmente, no lo haría. Y esa es, precisamente, la intención de los responsables de este concurso: asegurar el ingreso a la docencia de quienes están menos calificados en detrimento de aquellos que sí a base del aburrimiento y el escarnio público.

Como decía al principio, San Marcos está echado a perder y desde hace mucho. Y lo peor es que no existe la menor esperanza de que cambie. La Universidad ha llegado al punto de convertirse en una burda agencia de empleos. En el sitio donde asegurar un puesto de trabajo que brinde representatividad, año sabático y facilidades para investigar la enésima monografía sobre los mismos temas que la Facultad exige y que no contribuye un ápice a ampliar los horizontes historiográficos ni de la Escuela ni de los alumnos. Se cumple con la monografía como quien cumple con el recibo de luz: mensual y puntualmente. Pero es solo eso, un mero trámite. (Hace poco asistí a un Taller de Investigaciones de docentes de la Facultad donde estos exponían sus ‘recientes’ investigaciones y uno de ellos expuso exactamente lo mismo que me enseñaba a mí hace veinte años. Y para colmo, las preguntas de dos de sus colegas- uno de los cuales también fue mi profesor- eran también las mismas de aquella época).

Profesores como estos, tuve por decenas en la Facultad. Aquellos que sí aportaron a mi formación, contados con los dedos de las dos manos. Hoy, difícilmente podrán decir lo mismo los alumnos de la Escuela, que tal vez solo necesitarán una. Y a partir de marzo, ni eso. Y si hasta este punto no me he dejado entender, lo diré más claro: cualquiera puede estudiar Historia, graduarse, escribir un par de monografías y dar unas cuantas conferencias (yo soy un ejemplo de ello). Pero en modo alguno eso me califica o califica a alguien para ser docente. Mucho menos de San Marcos. Así, hemos llenado la Universidad de escribas, mas no de investigadores. De esos que aportan verdaderamente al conocimiento histórico.

San Marcos está echado a perder, consumido por una enfermedad que muchos llaman ‘caciquismo’, pero que a estas alturas ya se ha convertido en ‘dinosaurismo’. En las tres oportunidades que trabajé para San Marcos lo pude comprobar. Y si mi juicio está nublado o errado, dejo a otros la decisión de formarse el propio con la siguiente historia. En una ocasión, cuando era Administrador del Instituto Porras, tenía que sostener continuas reuniones de trabajo con la oficina de la Universidad que ve los presupuestos de los institutos de investigación de la misma. Tenía que presentar objetivos, cronogramas, metas medibles y todo eso. El caso es que cada año presentaba lo mismo encabezado por el folleto del Instituto que tiene ya como treinta años de redactado, sino más. Una vez la jefa de esa oficina me encaró y me preguntó si no podía presentar algo nuevo, más acorde con las necesidades actuales. Le respondí lo único que podía responder ante su requerimiento: No. No porque el director del Instituto era quien decidía qué, cómo, en dónde y con quién se hacía lo que se hacía en el Instituto. Entonces escuché una de las pocas verdades esclarecedoras que he escuchado en toda mi vida de estudiante universitario: “La Universidad ya no sabe qué hacer con estos señores que son verdaderos dinosaurios que no la dejan avanzar. Parece que nunca se irán a su casa y morirán ahí, haciendo y decidiendo las cosas como se hacían y decidían hace treinta o cuarenta años”. Cuando le pregunté porque no los jubilaban, escuché el segundo secreto de Fátima de aquel día. “No se puede. Son personas que han podido emigrar y enseñar en las mejores universidades del mundo, pero eligieron quedarse en San Marcos. Y eso es algo que no se puede dejar de lado”.

Así, con todas las buenas intenciones del mundo, San Marcos eligió mantener y alentar el ‘caciquismo’, a los señores feudales que desde sus cátedras se ríen de la Reforma Universitaria y sus logros que solo sirven, en el caso de San Marcos, para una ficha de clase. En momentos como este, es cuando me siento, como decía Carpentier, peregrino en un país de bárbaros.

Son estos docentes los que impiden que el status quo cambié. Y un concurso público abierto, democrático y completamente legal es lo más subversivo y peligroso que puede haber para él. Pero lo peor es que los jóvenes historiadores (que ya no son tan jóvenes, tampoco) que los secundan y defienden en todos los escenarios y tribunas posibles, son los que aspiran a sucederlos en el trono de ese estatus quo indolente ante la modernidad y el mejoramiento institucional. Docentes que deciden quién entra a la docencia y quién no, y quién es de confianza y quién no. El ‘dinosaurismo’ en su máxima expresión. Reciclado y completamente legal.

En todas las discusiones que sobre este concurso se han dado, se han dicho muchas cosas a favor y en contra de la manera cómo ha sido conducido. Pero valgan verdades, hasta sus más fervientes defensores deberán convenir que esta vez las cosas se salieron de madre. Así que mucho arriesgan (en su prestigio, me refiero) quienes defienden una decisión a todas luces írrita. No se diga ya del papelón al que se exponen algunos de ellos, como los defensores incondicionales del Dr. Waldemar Espinoza, principal orquestador de este arroz con mango jurídico y académico, que un día dicen claro y otro oscuro, según sus conveniencias. Este señor, por ejemplo, un día me acusó de robarle su revista y al otro me puso como editor de la misma. ¿En qué quedamos? (lo pueden comprobar aquí, aquí, aquí y aquí). Todo con el afán de hacerme quedar como mendaz, cuando, según sus propias palabras, la revista ya estaba dedicada al Dr. Espinoza cuando yo llegue a ella. (Que se consiga mejores defensores el Dr. Waldemar para sus atropellos a la Escuela, porque los que tiene flaco favor le hacen a su causa y propósitos). Y otro, al que tengo verdadero aprecio y estima (por lo que agradezco que el debate no nos haya distanciado), me acusó de criticar los trabajos de otros sin escribir yo uno. No quiero caer en la ramplonería que he criticado acremente en este sitio, pero la verdad es que no se puede responder esa crítica de otro modo: para reseñar una novela, escribir una crítica o decir que es simplemente mala, no tengo que escribir una. ¿O sí?

Me gustaría a estas alturas decir algo positivo de todo esto, pero es imposible. Solo nos queda contemplar cómo el país se va por el sumidero de la mediocridad y la desinstitucionalidad (¿existe esa palabra?). ¿Saben por qué? Hace unos minutos nuestro insigne Congreso acaba de aprobar el incremento de sus gatos de representación. ¡Más de 30 mil soles por hacer nada! ¿Por qué sorprendernos que esta comisión haga lo que le viene en gana con un concurso a todas luces legal si el primer poder del Estado escupe en nuestros bolsillos como ella en nuestras caras?

Frente a esto, ¿la batalla recién empieza o el ‘dinosaurismo’ seguirá siendo el Vietnam de San Marcos? Ustedes dirán.



Más sobre el concurso docente en San Marcos:

Sebo de culebra en San Marcos (28/11/2012)
Respuesta a Daniel Morán (29/11/2012)
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3 comentarios:

  1. Cuando se jodío San Marcos cuando se volvió estatal y con la reforma universitaria que trajo el tercio, se hundió más. Las mejores universidades de mundo privadas y de las latinoamericanas con sistemas similares a San Marcos, recién aparece una en el puesto QUINIENTOS.

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  2. De acuerdo con todo lo dicho. Sólo quería decir algo para que aquellos que no conocen San Marcos no terminen confundidos. El caciquismo existe y este es causa del dinosaurismo y no consecuencia. En otras universidades enseñan catedráticos brillantes y tienen muchos años. Yo sé que tu lo sabes. Lo aclaraba para los que no. Al final podríamos rezar un rosario pero este podría terminar convirtiéndose en dinosaurio

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  3. Jorge, tú también eres cómplice. Perdona que te lo diga. Cuando tu superiora en el Porras te encaró debían volar con tus propias alas y proponer algo nuevo, no esconderte bajo la autoridad del dinosaurio. Si tu generación no es la que cuadra a sus padres académicos ¿quién? dicho sea sin faltar...

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