John Elliott escribe sus reflexiones autobiográficas

La fascinación por un cuadro de Velázquez en el Museo del Prado, que representaba al conde duque de Olivares, hizo que el destacado historiador inglés dedicara su vocación por la historia a estudiar distintos periodos de la historia de España.

Por Alejandro San Francisco

La obra de John Elliott, destacado historiador británico, está en la línea autobiográfica de Eric Hobsbawn en "Años interesantes " (Crítica, 2003) y de Tony Judt en "Pensar el siglo XX" (Taurus, 2012), por mencionar dos casos destacados entre tantos que han decidido trasladar sus conocimientos e investigaciones a la propia historia personal. El tema cobra especial valor cuando la vida de los investigadores coincide con importantes acontecimientos históricos, como ocurrió de manera especial en el siglo XX.

En el caso específico de Elliott, él se especializó en la historia de España por accidente, pero en la práctica se convirtió y es uno de los principales especialistas en el tema. Con el paso de los años, aprendió a conocer, comprender y querer a este "país infinitamente fascinante, cuya historia, compuesta por sorprendentes éxitos e igualmente asombrosos fracasos, abarca temas de relevancia universal".

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El libro es una interesante combinación de autobiografía, teoría de la historia y análisis riguroso del pasado. Es una revisión de su propia trayectoria como historiador británico en España a mediados del siglo XX, específicamente en Cataluña, en momentos en que el uso del catalán y la censura estaban todavía vigentes, cuando el gobierno de Francisco Franco había cumplido una década hacía poco. En ese ambiente, Elliott logró conocer a importantes historiadores peninsulares, como Jaume Vicens Vives, se interiorizó en los documentos de la cultura catalana y española, avanzó en sus investigaciones y se consolidó en la historiografía peninsular.

En "Haciendo historia", el historiador británico parte con una confesión sobre la coyuntural pero apasionante decisión de ir a España, tras ver un aviso en Varsity, periódico estudiantil de la Universidad de Cambridge, que anunciaba que quedaban unas pocas plazas para viajar a la península en un camión del ejército, que significó que después se dedicara al estudio de la historia española. Entre sus múltiples intereses, Elliott aparece como un historiador capaz y versátil, que recurre tanto a la historia política como a la biografía, a la historia cultural y a la del arte, a la historia comparada, a la nacional y a la transnacional. Su interés inicial estuvo marcado por la figura del conde duque de Olivares, hombre representativo de su época y que le produce una gran fascinación al autor desde un comienzo, cuando lo observó a través de una pintura de Velázquez, en El Prado: "la imagen se grabó en mi memoria y sembró la curiosidad por descubrir más sobre el hombre y su época", marcada tanto por la grandeza de España como por el inicio del proceso de decadencia. El tema adquiere interés, porque le permitió a Elliott abordar la biografía del conde duque, en un momento en que el género biográfico estaba a la baja, frente a la primacía casi absoluta de la Escuela de los Annales. Paralelamente, y aprovechando la figura de Richelieu, procura una comparación, destacando las coincidencias entre ambos personajes y sus obras, pero también entre sus respectivas sociedades.

El libro aborda una serie de tópicos históricos, varios de los cuales conservan una notable actualidad en la discusión pública española. Entre ellos cabe destacar la importancia del desarrollo de la sociedad catalana y su relación con España (y específicamente con Madrid); la idea de la decadencia de España, que aparece y reaparece en diversos momentos de su historia; el desarrollo de la cultura en momentos de dificultad y crisis política y económica; la necesidad de una historia con visión de conjunto. Este último aspecto resulta especialmente importante, considerando que la historia más acotada, que se estudia en ámbitos muy delimitados de investigación, tiene un valor apreciable en los resultados, pero también significa una reducción del enfoque y, "en última instancia, una pérdida de ambición histórica".

Esa, entre muchas otras, es una de las reflexiones que plantea Elliott en el ámbito del pensamiento histórico, disciplina que avanza junto con la investigación y las nuevas perspectivas de análisis sobre el pasado. Por ello "Haciendo historia" contiene algunas reflexiones siempre útiles para el historiador, desde el valor que representa la disciplina. "Era peligroso subestimar el factor humano", señala como reacción frente a un estructuralismo dominante en gran parte del siglo XX; se refiere al "síndrome de la nación elegida" y la decadencia como "estado de ánimo", como factores constitutivos de la idea de nación y del nacionalismo como gran factor de análisis en los últimos siglos; el valor perenne del estudio del pasado, a pesar de la primacía de la política o la economía frente a disciplinas "menos útiles", así como otros tantos temas que se pueden analizar, tanto desde la perspectiva estrictamente histórica como de su valor para la comprensión del presente de España.

Persistencia del pasado

Esta relación entre el pasado y el presente, o de la comprensión del presente por el pasado, de acuerdo a la feliz expresión de Marc Bloc, el fundador de la Escuela de los Annales, aparece con fuerza en una interesante reflexión de Elliott: "el pasado tiene un modo inquietante de regresar para trastornar el presente y cuando se echa a la historia a la fuerza por la borda, se puede contar con que volverá". Esta afirmación se puede aplicar en diferentes temas, y aparece especialmente útil para las reflexiones sobre el interesante problema histórico del nacionalismo, desde una perspectiva historiográfica, considerando las nociones de estado, nación, estado-nación y otras variantes de tan atractivo y peligroso asunto (formación de la conciencia nacional, emblemática, lengua y tradición, entre otros).

Estamos frente a un libro extraordinario, con una reflexión histórica aguda y de una notable actualidad política. En un momento donde se analizan las horas de crisis que vive Europa, asociadas a las dificultades políticas que enfrenta España, la lectura de la historia no sólo representa un signo de sensatez, sino que constituye, en la práctica, una verdadera obligación. Si se hace a través de obras como la de John Elliott, la decisión no sólo implicará ampliar el bagaje cultural, sino también adquirir elementos cruciales para la interpretación del presente y la definición del futuro de España.

En los tiempos que corren, esto representa por sí solo un gran aporte.


Publicado en Artes y Letras del diario El Mercurio, de chile, el domingo 6 de enero de 2013.


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