En memoria de Francisco Stastny (1933-2013)

Como en esas películas o documentales que repasan la vida o trayectoria de un personaje en fogonazos, en una rauda sucesión de imágenes aparentemente caótica, de ese mismo modo se me viene hoy a la memoria el recuerdo de Francisco Stastny, el profesor e historiador del arte de San Marcos fallecido en Lima el pasado 10 de febrero.

Lo conocí cuando trabajaba en el área de archivo y catalogación del Museo de Arte de Lima, aunque más apropiado sería decir que conocí su trabajo y la exhaustividad con que realizaba éste a través de los informes que, sobre el valor o la autenticidad de algunas piezas de la colección del mismo, escribió con la prolijidad de un detective y la erudición de un humanista renacentista. Aprendí más sobre historia del arte (y me aficioné a ella) leyendo estos informes que en las innumerables obras que estaban a mi disposición en la biblioteca del museo. En especial recuerdo uno, en el que, con la sagacidad y astucia de un Sherlock Holmes del Arte, reconstruía la factura de un cuadro de la Escuela Cusqueña (sobre la que existían ciertas dudas) detalle por detalle hasta llegar a la conclusión que la antigüedad del mismo no correspondía a la que le asignaba el curador de la colección sino a una más tardía al detectar, entre los tintes empleados, el azul de Prusia (hexacianoferrato férrico), un tinte inventado a principios del siglo XVIII y que aquí llegó ya entrado el siglo XIX. (Todavía guardo, en alguna gaveta recóndita de mi archivo, una copia de ese iluminador informe y cuyo original se encuentra en el centro de documentación del Museo).

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Este primer y fortuito encuentro me llevó a leer y releer sus libros e investigaciones con la veneración de quien se acerca a un libro sagrado. Desde su “Breve historia del Arte en el Perú” (1967) hasta su erudita “El manierismo en la pintura colonial latinoamericana" (1981), Stastny tenía la cualidad inmejorable de convertir el detalle más nimio o baladí de una obra de arte en revelador de una verdad más profunda de lo que ella aparentemente representaba. Uno de los folletos que publicó a mimeógrafo (y que si no me equivoco, no ha sido recogido en publicación académica alguna) me sirvió a mí para enseñarle a mi hijo a leer la biblia con ojo crítico. Era uno destinado, creo, a los estudiantes de primer año o de Introducción a la Historia del Arte sobre los rudimentos de ésta. En un pasaje del mismo explica el episodio de la Anunciación a la Virgen (un tema tan caro a la pintura occidental) y la iconografía existente alrededor de ella. Stastny contraponía el texto bíblico a la imagen para demostrar cómo ciertos temas o iconografías eran pura invención que no guardaban mucho respeto por la escritura sagrada.

Fue él, cuando ya tuve la oportunidad de conocerlo personalmente, quien me puso sobre la pista de la magnífica colección del “Boletín del Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas” que dirigió Graziano Gasparini y que se encontraba completa en la biblioteca del Museo de Arte e Historia de San Marcos (hoy solo Museo de Arte) que él fundó en 1970. Y esta es otra de las facetas de este extraordinario hombre que conviene recordar de él: la inestimable labor que cumplió en los museos que estuvieron a su cargo. Al primero de ellos lo dotó, además de sentar las bases de la colección de arte de la cuatricentenaria universidad, de una biblioteca especializada en esa materia que actualmente solo supera la del Museo de Arte de Lima. El otro museo que dirigió, este último precisamente, entre los años 1964 y 1969, contó con su primer laboratorio de restauración (el primero en el país, en realidad) gracias a los esfuerzos por conseguirlo que desplegó ante la Unesco y el Consejo Internacional de Museos.

Pero el recuerdo más entrañable que tengo de él y que cambió mi vida (por lo que siempre lo tendré presente) fue la manera en que me enseñó a organizar la información que todo historiador acumula de manera ingente y que en su momento fue precursora: con la ayuda de una computadora. Stastny fue el primero de los historiadores peruanos en utilizar una base de datos para registrar, organizar y cruzar la información de miles de fichas de investigación. Todavía hoy me maravillo al recordar la base de datos en un antediluviano DBase III que el mismo diseñó y utilizaba para registrar autores, artistas y cuadros que se desplegaban ante mí en una, en ese momento, indescifrable sucesión de filas de texto de color verde sobre una pantalla completamente negra. Fue, como dije, un precursor y un maestro: me enseñó a diseñar bases de datos de historia o para historiadores como nunca más nadie lo volvió a hacer.

La última noticia que tuve de él fue que San Marcos le había conferido una medalla por su trayectoria académica. Fue semanas antes de fallecer, lo que confirma las palabras del poeta: “Los bienes y las glorias de la vida / o nunca vienen o nos llegan tarde”. En este caso llegaron tarde y con indiferencia: tengo entendido que en el homenaje que se le rindió a sus restos en la vieja casona sanmarquina no estuvo presente ninguna autoridad de la Universidad que él tanto quiso y a la que entregó años de dedicación.

Stastny nunca fue mi profesor en San Marcos, jamás vez alguna asistí a una de sus conferencias y ni uno solo de sus libros que atesora mi biblioteca fueron firmados o dedicados por él. Sin embargo siempre me he considerado deudor de él, de su magisterio, de su sobria manera de desplegar su erudición a través de la palabra escrita (las páginas de la desaparecida “Cielo Abierto” pueden dar fe de ello). Fue mi maestro de un modo particular y muy personal. Por eso su muerte me ha dolido no solo como la del discípulo que ha perdido a su maestro, sino como la de quien ve desaparecer, de pronto, una parte de su vida. Una muy importante y significativa parte de su vida.


2 comentarios:

  1. Jorge, que triste noticia. Tu nota, excelente. No conoci personalmente a Stastny, pero lei y admire su trabajo, tan erudito, pero sobre todo pleno de ideas.
    Saludos,
    Gabriela Ramos

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  2. ...Un caballero, de andar pausado,mirada dulce y Serena gracias por los bellos recuerdos de infancia .aun puedo verte dando tus habituales caminatas por el malecon.... gracias por tu gran bondad . Jessica G.P.

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