Si un grumete desafina

¿Qué alcance tiene el episodio de unos grumetes que entonan canciones xenófobas? Ninguno. No es más que una expresión de nacionalismo barato, como el que periódicamente aflora en el fútbol. La relaciones con las Armadas vecinas son las mejores del último siglo..."

Por Joaquín García Huidobro

Un video donde aparecen unos grumetes entonando un estribillo que ofende a nuestros vecinos ha venido a perturbar la paz veraniega. Resurgen los peores fantasmas de la crisis del Beagle y del centenario de la Guerra del Pacífico, donde los chilenos vimos de cerca el feo rostro de la guerra. Como para compensar las cosas, no falta quien descubre grabaciones semejantes del otro lado de la cordillera, esta vez ofensivas contra los chilenos.

¿Qué significado tiene este episodio? Ninguno. No es más que una muestra de nacionalismo barato, como el que aflorará en marzo en el Estadio Nacional de Lima, cuando el Chile del argentino Sampaoli enfrente a la selección del Perú, dirigida por el uruguayo Sergio Markarián. Se trata de una manifestación bastante primitiva de inseguridad, que, mientras no se extienda, sólo da para un par de amonestaciones y sirve como útil contraejemplo para mostrar que el genuino amor a la patria nada tiene que ver con esos disparates.

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Afortunadamente, a nadie se le pasa por la mente ni en Argentina ni en Perú ni en nuestro país, que haya que degollar o acribillar al ejército vecino. Es más, nuestras relaciones con las Fuerzas Armadas de esas naciones están en el mejor momento de los últimos cien años.

Para muchos chilenos, la noticia de la detención de la fragata Libertad en un puerto de Ghana les permitió saber que en el buque escuela argentino iban 15 guardiamarinas chilenos. Si no hubiese sido por ese episodio, jamás se habrían enterado de esa práctica de intercambio, que hoy es habitual. Todos los veranos, ambas armadas realizan patrullajes conjuntos en las aguas antárticas, para prevenir naufragios y episodios de contaminación. Por eso, el hecho de que este lamentable episodio se haya dado precisamente en la Armada resulta especialmente paradójico, porque el intercambio y la colaboración son particularmente intensos en el campo naval. En todo caso, la colaboración que existe entre las armadas no es una excepción, pues también se presenta en las otras instituciones castrenses.

¿Quién habría imaginado en 1978, o en la época de la Guerra de las Malvinas, que 30 años después marinos chilenos y argentinos navegarían juntos, unidos por intereses comunes? ¿Quién podría soñar que en las academias de guerra de los tres países iba a ser absolutamente normal que se prepararan oficiales de distintas nacionalidades?

El mérito, entre otros, lo tiene el ex Presidente Frei Ruiz-Tagle, que se dio cuenta de la necesidad de impulsar medidas de confianza recíproca entre las Fuerzas Armadas de nuestros países. Se comenzó con Argentina y luego se incorporó a Perú en este proyecto. Otra figura clave, aparte del ministro Pérez Yoma, fue el embajador Pablo Cabrera, que tomó esta iniciativa como una de las tareas de su vida. Pocos lo han oído nombrar, pero es un caso más donde se muestra la importancia de los diplomáticos de carrera, que están formados para pensar a largo plazo y tener presente que las relaciones internacionales no deben depender de los vaivenes de la política local.

En el caso peruano hubo un retroceso con ocasión de la demanda de La Haya, pero ya en diciembre pasado se reanudaron las reuniones de 2+2, donde los ministros de Relaciones Exteriores y Defensa de ambos países se reúnen a trabajar en proyectos comunes. Chile y Perú colaboran estrechamente unidos en el combate al narcotráfico en el norte, realizan operaciones militares conjuntas (Rimpac, Unitas, Team Work South, etc.), y la Armada nacional presta ayuda a los peruanos en la base que este país tiene en la Antártica. Estos no son motivos para temer, sino para estar muy contentos. Se cumple el viejo sueño de Miguel Grau de ver a las armadas de ambos países en paz.

La tarea pendiente se llama Bolivia: aunque ha habido intentos de acercamiento, los resultados son magros.

Actualmente hay 4.000 sargentos en la Armada y una infinidad de grumetes. Que un sargento segundo haya permitido que los 27 grumetes a su cargo desafinen y entonen un cántico improvisado que desentona con el enorme progreso experimentado en estos años, no tiene más importancia que ayudarnos a recordar que las cosas no siempre fueron tan pacíficas como en la actualidad. Pretender ver otra cosa podría ser una forma veraniega de histeria.


Publicado en el diario El Mercurio el domingo 10 de febrero de 2013.


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