Cultura viva: El Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia

El Proyecto para modernizar institución emblemática demandará una inversión de 126 millones de nuevos soles. Sala Paracas y moderna infraestructura recuperarán flujo de visitantes en Pueblo Libre.

Por César Chaman

En Facebook, el sitio oficial del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (MNAAHP) tenía hasta ayer 2,999 seguidores, muy poco en comparación con los 51,600 del Grupo 5 y casi nada frente al millón 573 mil de la pegajosa teleserie que por estos días acapara la atención del público a las 8:00 de la noche.

Si bien cultura, cumbia y telenovelas no constituyen magnitudes comparables –y aun cuando una avalancha de pulgares levantados no implica preferencia exclusiva–, los datos de las redes sociales son una señal de la tendencia en el consumo de intangibles. E indican también que se necesita estrategias sólidas para “viralizar” el conocimiento.

Al timón del museo desde el año pasado, la antropóloga Carmen Teresa Carrasco Cavero entiende la importancia de acercar la cultura a la gente. Por ello, desde la dirección del MNAAHP, le otorga su pleno respaldo a iniciativas como “El museo abre de noche”, los talleres de verano para escolares, las celebraciones de corte tradicional y las conferencias de difusión a cargo de profesionales en historia, artes y humanidades. Al menos en Pueblo Libre –el distrito sede–, su institución ya es referente de cultura con entretenimiento.

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“En el mundo globalizado, los conceptos de información cambian continuamente”, comenta la directora. “Entonces, los museos tienen que ser instituciones vivas y transmitir la historia; ya no son repositorios pasivos de colecciones y muestras, sino que están obligados a contar historias, transmitir mensajes”.

En el mismo sentido en que se transforman las bibliotecas y los archivos generales en todo el planeta, los museos ahora tienen que cantar, jugar y bailar. “Y obviamente, nuestro museo también está en esa ruta de cambio, sobre todo cualitativo”.

Lo que se dice “nueva”, la licenciada Carrasco Cavero no lo es en este museo. Su primer trabajo profesional lo realizó precisamente aquí, treinta años atrás. “Empecé con el doctor Luis Lumbreras, quien impulsó un proceso de reestructuración total de la institución. En esa época, yo era simplemente una obrera: hicimos los inventarios y trabajamos duro en el centro de documentación y la biblioteca”.

Tras acopiar experiencia valiosa a su paso por la dirección del Instituto Nacional de Cultura filial Ayacucho y la jefatura del Archivo General de la Nación, el destino la trajo de regreso al MNAAHP. “He tenido la suerte de volver a mi alma máter, después de tanto tiempo, y en una época muy importante, en que el presidente Ollanta Humala quiere darle un cambio total”.

REMODELACIÓN INTEGRAL

Este interés por modernizar el museo se traduce en proyectos y también en presupuestos. La emblemática Sala Paracas, por ejemplo, cerrada por inhabitable tras el terremoto del 15 de agosto de 2007, volverá a abrir sus puertas en los próximos meses, cuando culmine su remodelación integral. Para ello se cuenta con una partida de 1.2 millones de nuevos soles, que son invertidos con cuidado absoluto.

El desafío para este museo es triple: exhibir ante el mundo la arqueología, la antropología y la historia de un país riquísimo en estas dimensiones no es cosa de juego. Sobre todo porque el período a mostrar abarca alrededor de 10,000 años, desde Luricocha y los primeros peruanos hasta la etapa republicana, pasando por Caral, las culturas preíncas y el Tahuantinsuyo. Nada menos.

Otro importante proyecto de la dirección es la construcción de un nuevo pabellón especializado, en un área ya reservada en la parte posterior del histórico Palacio de la Magdalena.

“Vamos a construir un edificio de cuatro pisos donde funcionarán los talleres de cerámica, los laboratorios para pruebas químicas y los talleres de restauración. Allí tendremos también depósitos nuevos para nuestras colecciones”.

Para ejecutarse en un plazo de dos años, la habilitación de las renovadas instalaciones demandará una inversión aproximada de 126 millones de nuevos soles. El desembolso respectivo tiene el visto bueno de las autoridades del Ministerio de Cultura y del Gobierno central, agrega la directora.

“Mire usted, nuestro museo es el más importante del país, cuenta con las colecciones más valiosas y el patrimonio más vasto, y, sin embargo, la actual infraestructura física hace mucho que dejó de ser la adecuada”, ratifica la antropóloga, para recalcar la urgencia de la inversión.

En el puesto que ocupó alguna vez el sabio Julio C. Tello, la licenciada Carrasco Cavero reconoce que las visitas al MNAAHP se han encogido. Con el cierre de la Sala Paracas, la afluencia de visitantes se redujo de manera notable y en 2012 el flujo fue de 2,000 personas por mes, en promedio.

Sin embargo, las esperanzas están cifradas en los proyectos de remodelación: la directora y su equipo se proponen duplicar las visitas una vez que reabran la Sala Paracas y triplicarlas con las nuevas instalaciones.

En cualquier caso, la expectativa no va por el lado de los ingresos económicos. “En realidad, este es el museo del pueblo –manifiesta Teresa Carrasco–. ¿Sabe por qué? En Lima hay museos privados muy bonitos, elegantes, pero cobran un montón. Acá, los estudiantes pagan un sol para entrar. Y mucha veces, cuando llegan delegaciones escolares de los conos, ni siquiera les cobramos”.

“Este museo debe continuar al servicio de la gente”, plantea la directora, al detallar las actividades nocturnas gratuitas que se programan para el último viernes de cada mes. “Vienen niños con padres, madres, tías y abuelitos. Y no solo para ver el museo, sino que también junto a ello hacemos presentaciones artísticas y charlas didácticas”.

Al cierre de febrero, por ejemplo, el museo celebró el carnaval andino con todas las de la ley. “Invitamos a un elenco de la Universidad Católica y con una presentación lindísima hizo recordar al público que, antes de la llegada de los españoles, el carnaval peruano era el puqllay, es decir, la preparación de la tierra para la siembra”.

“Usted sabrá que en nuestro mundo andino todo se hacía celebrando: nacía un niño, bailaban; alguien se cortaba el pelo, había fiesta; hacían surcos en la tierra, cantaban. Entonces, el carnaval fue hermoso en nuestro museo; y en lugar de hacer el ‘sacha cuchuy’ o ‘cortamonte’, regalamos una plantita a cada asistente, con el mensaje de que hay que sembrar y reforestar para cuidar el planeta”.

PATRONATO URGENTE

En este momento no existe un patronato que trabaje por nuestro museo, alerta la antropóloga, en un comentario que no pretende señalar responsabilidades. “Una organización así, a la que vamos a llamar ‘Amigos del Museo’, es fundamental para desarrollar esta labor. Por ahora, todos los investigadores y los antiguos directores, entre ellos el doctor Lumbreras, mi maestro, colaboran de manera directa o indirecta con el museo; pero falta ayuda no solo intelectual, sino también económica”.

“Lamentablemente, la cultura siempre es mirada como una especie de adorno, y no como una oportunidad de desarrollo –opina–. El día en que entendamos que la cultura es lo que nos identifica como peruanos, comprenderemos también que la historia, el legado de los primeros peruanos y la cultura en general son un eje de cambio social”.





* Publicado en el suplemento Variedades, del diario El Peruano, N° 314, el 8 de marzo de 2013.


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