El Inca prisionero o la destrucción visual del Monumento a Manco Cápac

Por Freddy Cabanillas Delgadillo
Historiador

“Nuestra pequeñez debe contar por uno de sus factores la perenne contemplación de lo deforme: quizá no guardamos altas ideas en el cerebro porque nada bello miramos ante los ojos”
"Horas de lucha" (1908), Manuel González Prada

Durísima la frase del pensador emitida a inicios del siglo XX. Sin embargo, hoy podemos afirmar que Lima es una ciudad con un interesante acervo de escultura pública monumental, con numerosas obras de artistas peruanos, italianos, españoles,franceses, etc. Lamentablemente son las autoridades las que se empeñan en destruir la belleza del arte escultórico, como si hubieran emprendido una cruzada para devolverle actualidad a la frase de Manuel González Prada. Y es que en los últimos años el patrimonio escultórico limeño ha sido afectado por acciones -e inacciones- de quienes deberían protegerlo y promocionarlo. Desde el abandono total, pasando por intervenciones distorsionadoras de los diseños originales, hasta el atentado directo destructivo, la actitud de los que gobiernan demuestra suma ignorancia que debemos confrontar desde la sociedad civil. Basta mirar el estado de los monumentos a la Victoria del 2 de Mayo, Bolognesi, Castilla, Washington, Vallejo, los Cabitos, etc. La última perla es el estropicio cometido con el monumento a Manco Cápac (David Lozano, 1926.)

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Hace algunos años a alguien se le ocurrió pintar de dorado los bordes de la capa y las plumas del inca, esta huachafería le restó dignidad a la obra de arte. Ahora que están remodelando el conjunto veo que el dorado no ha sido retirado, a pesar de no corresponder al diseño original.

Además hay que considerar la polémica remodelación de la plaza. La visualización de la escultura ha sido alterada radicalmente, la estatua aparece atrapada por el cemento de una estructura que no dialoga con el imponente pedestal. Para colmo hay rejas. La prisión simbólica del buen arte.

También vemos grandes bloques verticales que emergen desde el piso, y que para nada armonizan con la arquitectura cercana: el municipio, el templo y el local del Scotiabank, todos en estilo neocolonial. Miopía urbanística.

Se ha anunciado que la estructura que asfixia al monumento va a ser un museo. Buena intención, pero hay que recordar que un museo es una institución cultural que conserva un patrimonio, realiza INVESTIGACIÓN y se proyecta a la comunidad mediante exposiciones y programas educativos. ¿Estarán usando bien el concepto de museo? Por lo pronto están colocando estatuas de los incas y sus coyas, no he pedido verlas de cerca pero esperamos que tengan la misma fuerza expresiva, el lenguaje plástico y la calidad técnica de la obra de David Lozano. Habrá que esperar.

Todo profesional debe trabajar con ética, y en el caso de la arquitectura y del arte es indispensable el respeto por la obra ajena. ¿Creen que David Lozano aprobaría estas modificaciones al entorno de su escultura? Difícil. Pero la falta de sentido común y cierta vanidad lleva a algunos arquitectos a intervenir en la obra de otros para hacer monumentos a su propia “gloria”.

Sin duda era necesaria una remodelación, eso significa modernizar algunos elementos formales de la plaza, pero siempre hay que ser mesurado para no afectar el “carácter” original del sitio intervenido. En el caso de la Plaza Manco Cápac la estrella es la imponente escultura de Lozano, nada debe competir con ella, nada.

¿Cuánto dinero invertido en este despropósito? Bastaba con restaurar la escultura -hecho en parte- retirando el dorado ridículo, cambiar los pisos y llenar la plaza de árboles y flores. Así es señores, más colores naturales y menos cemento.

Hubiera sido mejor invertir en restaurar la casa con pilastras jónicas que está a la espalda del monumento y cuyos detalles están colapsando. O prestarle atención a la casa de la esquina de Manco Cápac-28 deJulio, con su típico balcón de antepecho, que requiere medidas preventivas para evitar que la tumbe el próximo terremoto.

Escribo esta noche a pocas horas de la inauguración, es cierto que faltan los acabados pero es mi primera impresión tras la decepcionante visita de esta tarde.

Poder sin humildad, conocimiento sin criterio, arte sin rumbo. Vean la fotografía, que dice mucho más que mis palabras.


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