Porqué soy ateo

Como muchos, pase del catolicismo más firme al agnosticismo cuando ingresé a la universidad. Y aunque leí bastante y conversé mucho, pase de este último al más fiero ateísmo no por las lecturas que hice en mis años universitarios sino por gente que cree que su fe es una forma de militancia política que está en el deber, ya no de compartir sino de imponer a los demás. Desde católicos hasta evangélicos, pasando por testigos de Jehová y mormones, me distancie de muchos de ellos (incluidos buenos amigos del colegio) cuando no pude soportar más cómo su fe había terminado por hacer de ellos personas completamente distintas, una caricatura de las que conocí en mi infancia. Gente, además, como este señor que cuando le faltan argumentos y razones esgrime el último que le queda: la amenaza del infierno, el fuego eterno. Su ridiculez y necedad llegan al punto de creer que todavía somos débiles mentales o niños sin juicio a los que puede atemorizar con la excomunión o una vida eterna de castigos. La estupidez de este señor, que poca honra le hace al cargo que desempeña para desgracia de la Iglesia que representa y lamento de los que pertenecen a ella; su estupidez, decía, no le permite entender que la suya hace mucho tiempo dejó de ser la defensa de una causa justa y cristiana (desde su punto de vista, por supuesto), para convertirse en una velada forma de activismo político, mal disimulado de manera bastante sinvergüenza y grosera con sus ropajes de Obispo. Si esta es la Iglesia del Señor y Cipriani su representante, doy gracias a la providencia de saberme ateo y haber criado a mi hijo en sus fundamentos. Aunque me espere el fuego eterno.


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