¿Qué espera San Marcos para acudir en auxilio del historiador Miguel Maticorena?

Conozco a Miguel Maticorena Estrada desde el primer día de clases en San Marcos porque, divina providencia, fue a él a quien me acerque a preguntarle dónde estaba el salón de clases que buscaba. Como es típico en él, antes de responder me fusiló a preguntas y luego me dijo donde tenía que ir. Desde entonces hemos alimentado una amistad de larguísimos años que, como las auténticas amistades que se precian de serlo, ha tenido buenos y malos momentos, altibajos, distanciamientos, rupturas, reconciliaciones y, sobre todo, un mutuo y sincero interés por saber cómo le va al otro. Un interés, por cierto, que he transmitido a mi esposa e hijo (no por nada fue testigo de mi matrimonio civil).

Hoy, el profesor Miguel Maticorena se encuentra postrado en una camilla (ni siquiera es una decente cama de hospital) en un pasadizo de la unidad de emergencias del Hospital Guillermo Almenara. El jueves pasado sufrió una caída en la calle y se rompió el fémur de la pierna derecha de un modo que tiene comprometida la cadera. La fractura en sí misma no era, no es, peligrosa, pero el transcurso de los días en espera de ser programado para la operación respectiva sí la convierte en riesgosa para su integridad.

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El viernes que lo fui a visitar acompañado de mi esposa y de Hugo La Rosa (uno de las decenas de jóvenes investigadores que se movilizaron para tratar de conseguir los donantes de sangre necesarios para la operación) lo encontré de buen humor. Con el mismo talante que lo ha hecho famoso entre sus alumnos y colegas. Apenas si me permitió preguntarle cómo se sentía y si necesitaba algo. Me interrumpió para darme indicaciones que debía transmitir a sus colaboradores. Cuando entró Hugo La Rosa y mi esposa, fue lo mismo. Hasta ese momento estaba en una cama en la sala destinada a los enfermos que esperan ser operados. Hoy, cuando escribo estas líneas, las cosas han cambiado radicalmente.

Una simpleza como la necesidad de un tomacorriente ha trastocado el panorama para el profesor Maticorena de una manera dramática.

El profesor Emérito de las universidades de San Marcos y Católica, miembro de varias academias de la historia, incluidas la nuestra, fue desplazado a una camilla en el pasadizo porque otro enfermo que necesitaba ser conectado a unos aparatos requería su lugar en la sala.

Esto no solo ha enturbiado el buen humor con el que sobrellevaba su situación el profesor, sino que además ha mellado su espíritu y su cuerpo. Ahora el dolor que no sentía o quería creer que no sentía, lo agobia. El estrés de cientos de personas pasando desaprensivamente le afecta. ¿Cuántos de los que pasan por su lado sabrán que el enfermo al que parece nadie importarle es, con toda seguridad, uno de los pocos sabios vivos que todavía nos quedan?

Ante este desgarrador panorama ¿Qué papel juega San Marcos? ¿Dónde están los responsables de la oficina de Trabajo Social de la Universidad, de la Facultad de Sociales? Por increíble que parezca, estas han brillado, hasta donde sé, por su ausencia. Por su notoria ausencia.

Porque llamar por teléfono para preguntar como está y desear que se reponga pronto, no es precisamente la ayuda que se necesita, mucho menos cumplir la función para la cual fue elegida. No se diga ya, tal vez, una soberana burla.

Todo lo que se ha podido hacer por el profesor Maticorena ha sido gracias al esfuerzo, como decía, de sus alumnos que se han movilizado como han podido y utilizado las redes sociales como han debido para hacer un llamado a todos los que puedan hacer algo por él (todo parece indicar que San Marcos no utiliza las redes sociales y que su página web apenas si es un tablón de anuncios soso y estéril, completamente inútil cuando uno de sus profesores más eminentes necesita ser socorrido). A ellos y a su sobrina, quien puso sobre aviso a todos. Sino fuera por ella, tal vez Maticorena habría sido un NN en las estadísticas del día jueves.

San Marcos y sus autoridades todavía están a tiempo de reivindicarse. Lo único que pedimos es, simplemente, que hagan su trabajo.

Se necesita urgentemente que la oficina de Trabajo Social haga las gestiones prontas y necesarias para que Miguel Maticorena sea trasladado a una habitación en donde pueda esperar tranquilamente la operación que (juro que no exagero) salve su vida. Porque cada instante, cada segundo que Maticorena pasa en ese pasadizo entre decenas de enfermos, cada cual con una tragedia propia a cuestas, pone en riesgo su vida. Lo digo yo, que perdí a mi madre y la vi agonizar en uno igual en el Hospital Rebagliatti. La indolencia de los que la atendían y la imposibilidad de que alguien haga algo por ella nos decidió a llevarla a su casa, a morir tranquilamente y entre los suyos en su propia cama.

¿Está esperando acaso San Marcos que suceda esto con Maticorena?

Quiero pensar que no.


6 comentarios:

  1. es lo que yo tambièn me pregunto....¿què esperan para actuar?

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  2. Saludos Jorge Moreno
    He leído con atención tu post que compartieron por el Facebook. Trabajo actualmente en San Marcos y conozco al Dr. Maticorena. Me he comunicado con el Jefe de Bienestar Universitario de la Universidad para informarle del caso. Te pediría por favor si tuvieras mayor referencia me escribas al siguiente correo: ppaulmung@hotmail.com
    Paul Munguía.

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  3. Se acaba de comunicar con nosotros Mónica Maticorena, sobrina del profesor Miguel Maticorena Estrada, para comunicarnos que el traslado del profesor se ha hecho efectivo la tarde de hoy (lunes 8 de abril). Miguel Maticorena se encuentra ahora hospitalizado en la cama 127 del primer piso del Área de Traumatología del Hospital Almenara. Según informa Mónica, la Lic. Alcira Quevedo, asistenta social de la Oficina de Bienestar de la Fac. de Ciencias Sociales de la Universidad de San Marcos, ha estado hasta el último instante vigilando que el traslado se haga efectivo. Durante las varias horas que tomó hacer posible que nuestro querido profesor sea trasladado de un pasadizo a una cama del hospital, la licenciada Quevedo ha cumplido, seamos dignos en reconocerlo, una labor enorme y fundamental para que esta enojosa historia tenga, por ahora, un final feliz. A ella, a las autoridades de la facultad, nuestro profundo agradecimiento en nombre de todos los que queremos y estimamos (familiares, amigos, alumnos y colegas) a Miguel Maticorena. Y nuestro agradecimiento también de todos aquellos que todavía creemos en San Marcos. Hoy hemos tenido un motivo más para seguir creyendo en nuestra vieja y querida Universidad.

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  4. Qué bueno que tu mensaje haya logrado una intervención positiva, tuve también la oportunidad de charlar y entrevistar al Dr Maticorena, y me pareció una muy buena persona con su mirada particular de la historia.Qué importante que tenga una atención de salud digna.
    Patricia Torres Seoane.

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  5. Comparto esto con ustedes:
    Miguel Maticorena: la nación como promesa
    Gustavo Montoya*
    Ningún otro historiador contemporáneo en el Perú le dedicó tantos años de su vida a investigar, explicar y divulgar las múltiples representaciones de la nación peruana. Formado en ese cenáculo privilegiado que Raúl Porras conducía desde la calle colina en Miraflores, Miguel Maticorena rápidamente destacó por su erudición y la sagacidad con que se conducía en archivos peruanos y extranjeros. Luego de varias décadas de trabajo heurístico en diversos fondos documentales en España, Maticorena se incorporó al cuerpo de docentes en San Marcos, convirtiéndose en el más solvente académico de la historia de su alma mater, logrando instituir precisamente la Cátedra San Marcos .
    Entre la multiplicidad de sus ocupaciones destaca su generosa acogida en su domicilio en el centro de Lima donde se formaron varias generaciones de historiadores. En esa casa alquilada todos los que lo visitábamos logramos expandir nuestra estrecha perspectiva de nóveles cronistas. Lo primero que impresionaba al visitante de su morada era la multitud de libros, documentos, manuscritos y diversos soportes de la escritura, aparentemente en desorden pero que el maestro conocía al detalle tanto su contenido como su ubicación exacta. Su generosidad nunca tuvo límites. Durante más de dos décadas fue el fundador, organizador y animador de Coloquio de Historia de Lima, una de las instituciones culturales de mayor continuidad en nuestra ciudad.El Dr. Miguel Maticorena, ha sido distinguido como integrante de importantes sociedades académicas y universidades nacionales y extranjeras.
    Su contribución intelectual para encontrar las claves que nos permitan a los peruanos identificarnos como miembros de un proyecto colectivo, son razones más que suficientes para que el Estado peruano, que representa a la nación, lo asista – por su avanzada edad- durante la difícil situación que padece en el Hospital Almenara.
    *Historiador UNMSM

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