Requiescat in pace

Detesto las deificaciones. Aborrezco la conversión en santones de los que ayer avergonzaban a todos. Pero más abomino de aquellos que siguen, por inercia, buena voluntad o simple condescendencia, la tonadilla de santificar a quien ayer fue la cara más sombría de la política peruana. Armando Villanueva Del Campo ha muerto y con su muerte, supongo, ocurrirá lo que se decía a la muerte del Amauta Mariátegui: ante sus restos inmortales, hasta sus enemigos tendrán que elogiarlo. Pero lo cierto es que Villanueva tiene más cuentas que saldar con la historia y los historiadores (que no arruguen, por favor) de este país de lo que ahora muchos parecen no querer recordar (hay quien confunde la buena educación con amnesia histórica). Al igual que ocurrió con Menájem Beguín y Anwar el-Sadat, redomados terroristas antes de convertirse en jefes de Estado, hubo un momento de la historia en que esta ‘conciencia ética’ del APRA, este ‘gran político’ que hoy todos lloran poblaba las páginas policiales con el membrete de ‘peligroso terrorista’. Al igual que ocurrió con Sadat y Beguin, decía, Villanueva del Campo se transformó en un hombre de Estado y su prehistoria política se borró de la memoria de todos. ¿En qué momento ocurrió esto? Cuando la gente empieza a padecer de amnesia o pretende que otros la padezcan, entonces los políticos ganan y la historia se echa a perder. Pero nada de eso importa ahora. Él ha muerto y vendrá, inevitable, el ritual conocido de las panegíricos y los obituarios rimbombantes de nuestros políticos y periodistas. Competirán por quién dice o escribe el elogio más laudatorio de Armando Villanueva, el santón secular de nuestra política. Y es que si hay algo que hace el transcurso del tiempo es hacer olvidar la trayectoria completa de un hombre y solo recordamos (algunos no) la última imagen de él. La imagen que tienen todos los peruanos de ahora es la de un venerable anciano convertido en oráculo de su partido. La que tengo yo vívida en la retina de mi memoria es la del hombre que mandó golpear a un anciano en la puerta de su casa (Luis Alberto Sánchez) por criticar su forma de controlar el partido y oponerse a él a la muerte de Haya de la Torre (cómo no olvidar al maestro Sánchez aparecer ante cámaras de televisión con un enorme moretón en uno de sus ojos). ¿Cuál es el verdadero Villanueva del Campo? El que se reveló, tal cual fue, a la muerte de Haya de la Torre. Ese es el hombre que ha muerto y al que hoy recuerdo. Al que muchos olvidan. Requiescat in pace.


3 comentarios:

  1. Mira, en comparacion con lo que hay ahora este Villanueva es moco de pavo. Cuenta algo mas sobre la "verdadera" historia de AVdC

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  2. Y quien lo declaro con el membrete que pusiste??
    Esa foto que publicaste fue tomada cuando fue apresado por ser un perseguido politico??

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  3. Te recomiendo leer "Por que renuncie al APRA" del poeta Alberto Hidalgo, escrito en 1954.
    No solo deja mal a Villanueva sino tambien a Luis Alberto Sanchez e incluso a Haya de la Torre y demuestra que en política no hay santos.

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