Documentación es importante para conseguir retorno de piezas arqueológicas

Lima, may. 21 (ANDINA). La semana pasado llegó una buena noticia sobre el cuidado de nuestro patrimonio: La Cancillería hizo entrega al Ministerio de Cultura de un importante lote de más de 100 piezas repatriadas de diferentes países. Pero este logro es consecuencia de un laborioso proceso.

Según se repite a menudo, el tráfico ilícito de bienes culturales es una de las principales actividades fuera de la ley donde se maneja más dinero. Consecuencia de ello, el patrimonio de varios países sufre constantes pérdidas, entre ellos el Perú.

Para evitar este expolio y recuperar lo perdido se creó en el año 2003 la dirección de Defensa del Patrimonio Histórico en el antiguo Instituto Nacional de Cultura (INC).

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Un ente que, como nos explica el historiador de arte del ministerio de Cultura, Juan Carlos Rodríguez, se especializó en una tarea en la que no se tenía constancia hasta el momento.

Trabajo paciente

La misión de los profesionales de este portafolio para buscar el regreso del material arqueológico y cultural peruano en el extranjero gira alrededor del conseguir documentación.

No sólo para fundamentar que el objeto en cuestión es indudable su origen, sino también en qué fecha salió del país y a quién pertenece.

El motivo es que las leyes de varios países destino de estos tesoros exigen que se pruebe el origen ilícito de ellos para disponer de su repatriación.

Para objetos coloniales, como la custodia del templo de Yaurisque o los lienzos de la escuela Cusqueña, esta labor es relativamente sencilla.

Existen denuncias, catálogos, noticias, que dan fe de su pertenencia. Pero para las piezas arqueológicas el tema es cuesta arriba.

La arqueóloga Evelyn Centurión, también del mismo portafolio, comenta a la Agencia de Noticias Andina, que la mayor parte de los objetos prehispánicos que circulan por los mercados negros provienen de excavaciones hechas por los propios delincuentes.

Al no haber registro oficial, se torna más complicado demostrar no solo su origen sino la fecha de salida de huacos, textiles y demás.

Una forma de superar este problema son los acuerdos bilaterales. Algunos de los cuales determinan procedimientos para el retorno de piezas o para impedir el ingreso de más objetos.

Sin embargo, Centurión alerta que los traficantes recurren a varias artimañas. Por ejemplo, la triangulación, que significa llevar estos bienes del acervo a un país europeo y luego enviar a Estados Unidos con un certificado fraguado que asegure que está fuera del Perú por varias décadas.

No es la única treta a la que recurren. Por ejemplo, la mencionada custodia de Yaurisque fue víctima de una alteración en su estructura.

Según explicó el historiador del arte Miguel Gil, también del ministerio de Cultura, con ello buscaban confundir a las autoridades, pues su imagen no era igual a la que aparecía en los catálogos.


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