Quemar las naves

Hace un par de semanas un profesor amigo mío, por el cual guardo una profunda admiración y respeto, me comentaba (bajo reserva que hoy traiciono) que en la Academia Nacional de la Historia existe ya un consenso en cuanto al próximo miembro de número que la integrará, pero acontecimientos recientes los hacían dudar no tanto de su decisión sino del momento más oportuno para hacerla pública.

Y es que, como ha ocurrido en el pasado, los destinos de la ANH están indefectiblemente ligados a algunos capítulos de la propia historia de San Marcos. Los hechos de los últimos meses, por ejemplo, han tenido la virtud de sacar a relucir de manera irrefutable no solo la crisis endémica que la Escuela de Historia y la Facultad de Ciencias Sociales padecen desde hace treinta o cuarenta años, sino también el verdadero talante del que están hechos algunos de sus docentes y que hoy o mañana podrían formar parte de la institución más representativa de los historiadores peruanos. Yo, que critiqué acremente a la Academia por su marasmo institucional, no puedo menos que aplaudir la prudencia de plomo conque se conduce en momentos tan críticos para la profesión que ella representa.

>>> Seguir Leyendo... >>>

Pese a la vida tan anodina que tiene, hay que decir que nuestra Academia cuenta entre sus miembros con personajes tan relevantes como decentes. Pienso, por ejemplo, en José Agustín de la Puente, Manuel Burga, Carlos Ramos, Scarlett O’Phelan, Miguel Maticorena, César Gutiérrez, Lorenzo Huertas, por mencionar solo a los que conozco personalmente. Caballeros y damas dignísimos que me hacen recordar, en estos tiempos aciagos, lo que siempre le machaco a mi hijo: lo único que le dejaré en herencia es la educación que le di, tal vez algunas letras pendientes del departamento que compré y mi apellido, que he procurado mantener a buen recaudo de la maledicencia y el chisme gratuitos. Limpio para que lo pueda usar él o sus hijos sin vergüenza o temor algunos.

Es este sentido de la dignidad lo que la Academia, supongo yo, ahora blinda y sabe que está en juego con la elección de su próximo miembro y su prudencia para hacérnoslo conocer.

Mientras escribo estas líneas, un nuevo escándalo embarra otra vez a la Facultad donde estudié y a los docentes de la Escuela donde me formé, algunos de los cuales son amigos míos de décadas y a los que creía conocer mejor de lo que ahora los conozco. La elección para elegir al nuevo decano, boicoteada de la manera más arbitraria y descarada, recurriendo a argucias supuestamente legales, ha terminado por convertir a la Facultad de Sociales en el feudo privado y en el barril sin fondo donde saciar sus apetitos personales de quienes ahora la gobiernan a título de ‘encargados’. Cuando veo el vídeo de la frustrada elección (si quieren pueden hacer click para comprobar lo que afirmo, en especial a partir del minuto 12:43), no puedo dejar de recordar que en una ocasión, harto de tanta desorganización e improvisación, Macera pronunció una de sus frases más célebres: “El Perú es un burdel”. Entre serio y en broma, el psicoanalista Max Silva lo refutó afirmando: “Macera se equivoca. No hay lugar mejor organizado y mejor administrado que un burdel”. Vuelva a ver el video y verá que Silva tenía razón.

La Facultad de Sociales es hoy por hoy un burdel perfectamente organizado, con su maquinaria política funcionando con la eficiencia de un reloj suizo y el desparpajo del que sabe que un derecho constitucional (la autonomía universitaria) les da carta libre para actuar contra los estudiantes, pisotear sus derechos y, por si fuera poco, ignorar sus reclamos como si fueran poco menos que un mueble. Sin rendir cuentas a nadie y amparados por la ley y la Constitución. Pero, como todo burdel, tiene quien lo regente.

Veo una y otra vez las imágenes y no termino de entender quién es el director de este circo en que han convertido nuestra Facultad, para decirlo más amablemente. ¿El profesor que dirige la asamblea y que inopinadamente, al saber que la elección está perdida, reclama unas credenciales que antes no necesitó para iniciar la votación? ¿Cuántos que han visto este increíble vídeo saben que el mismo es el ‘decano encargado’ y uno de los dos candidatos? O sea, juez y parte en este embrollo y responsable de levantar la sesión ‘porque ya es tarde’ cuando le informan que las credenciales vienen en camino. ¿O tal vez los dos profesores impávidos que hacen oídos sordos a los desesperados reclamos de los estudiantes y que se levantan de sus asientos sin chistar cuando la sesión ‘ha concluido’? ¿Más probablemente las autoridades ‘encargadas’ que han repartido cargos y prebendas a sus leales que ahora se pavonean por la Facultad defendiendo lo indefendible? ¿O tal vez, finalmente, ese docto señor incapaz de una apertura democrática y que no acepta críticas a sus atropellos? Como dije, Silva tiene razón: los burdeles son lugares muy bien organizados y con maquinarias perfectamente aceitadas que aseguran, como es el caso de Sociales, que las autoridades espurias y encargadas devengan en permanentes.

“Has quemado tus naves, Jorgito”, me dijo hace poco un amigo y colega con el que coincidí en una conferencia, precisamente en San Marcos. Y tiene razón. Hablar claro y no a media voz, como reclamaba Gonzáles Prada, me ha hecho perder algunos amigos, un empleo y la posibilidad de volver a trabajar para mi universidad, a la que sinceramente quiero. Pero habrá valido la pena. Un Mundo Nuevo es el que le espera a la Facultad de Sociales, a la Escuela de Historia, si logramos enderezar este entuerto. ¿Y cómo hacerlo?

Si alguna dignidad conservan todavía luego de que estas ignominiosas imágenes se hicieron públicas, estos profesores deberían renunciar a sus cargos para evitar que sus hijos arrastren con sus apellidos la vergüenza de sus actos; deberían dejar paso a la elección del próximo decano de manera limpia y democrática; y permitir un concurso público docente que se desarrolle de manera decente y honesta. Pero por supuesto, esto no sucederá. Porque además de una falta absoluta de decencia de los involucrados, la fiscalía, la contraloría, la defensoría del pueblo y toda institución que protege los derechos de los ciudadanos, han brillado y brillaran por su ausencia. Una ausencia que no es ni gratuita ni inocente.

La inoperancia de estos organismos tutelares de la ley y el orden frente a lo que sucede en San Marcos es la prueba fehaciente del desprecio de las instituciones del Estado por la educación, por la universidad pública. Los dejan actuar impunemente para ahondar su desprestigio. Ese es, a mi humilde entender, la razón de que nadie se haya preocupado y hecho algo ante los vergonzosos hechos que suceden en la cuatricentenaria y especialmente en su Facultad de Sociales. El desgobierno, la corrupción, la componenda política agravan una crisis que servirá para servir en bandeja de plata a la universidad pública cuando los teóricos del mercado y la educación quieran desaparecerla del mapa. Así, los irresponsables de hoy terminarán convertidos en los tontos útiles de mañana.

Hoy la Facultad de Ciencias Sociales es el caldero donde se cocina lo peor que nuestro país reproduce una y otra vez sin viso alguno de que mejore o rectifique: el descaro como norma de comportamiento, la carencia total de vergüenza por los actos bochornosos que se cometen y toda forma de ausencia de un sentido de la ética por quienes deberían ser modelos para los alumnos. Cómo esperar, entonces que nuestra débil democracia venza a la corrupción institucionalizada en todos los niveles de nuestra sociedad si desde una facultad de Ciencias Sociales, donde supuestamente se discute y analizan esos problemas, se dicta cátedra de ello como si fuera, como me dijo un amigo, una ‘escuelita del mal’.

¿Hasta cuándo?


0 comentarios:

Publicar un comentario