De seminarista a Califa: La imagen histórica de Nicolás de Piérola

Por Alejandro Salinas Sánchez
Historiador e investigador del SHRA de San Marcos

La actividad política de Nicolás de Piérola ejerció notable influencia durante medio siglo de nuestra vida republicana (1863-1913). Entre las clases populares, la imagen pública de “don Nicolás” o “El Califa” alcanzó legitimidad como alternativa de gobierno frente al poder tradicional ejercido por jefes militares y líderes aristocráticos y burgueses. Estos últimos integraban el Partido Civilista, pero la gente del pueblo prefería llamarlos la “argolla”.

>>> Seguir Leyendo... >>>

En los decenios de 1860 y 1870, la opinión del joven ex-seminarista Piérola, a través de la tribuna periodística y el despacho del Ministerio de Hacienda, insurge en una coyuntura de crisis económica y beligerancia social. Por esa razón, el civilismo quiso apartarlo de la pugna electoral acusándolo constitucionalmente por su responsabilidad en el polémico Contrato Dreyfus y los onerosos empréstitos de 1870 y 1872. Este cierre del espacio oficial lo obligó a exiliarse en Chile y emprender el camino de la acción conspirativa y revolucionaria.

Aunque estuvo alejado físicamente del país, Piérola dio vida a un movimiento que se encargó de construir y publicitar su imagen caudillesca, manteniendo en jaque a los gobiernos de Manuel Pardo y Mariano Ignacio Prado. No obstante, también surgieron críticas y burlas de disconformes ex-seguidores, que caricaturizaron su narcisismo, ambición de poder y atuendo rimbombante. Justiniano de Zubiría, por ejemplo, hizo escarnio del “carnavalesco uniforme” que vestía durante su fracasada revolución del Talismán de 1874 [1] , mientras el periódico La Mascarada, con mayor mordacidad, lo presentó conspirando contra su eterno rival, Manuel Pardo.

Su acceso al mando supremo de la Nación (Dictadura en 1880 y Presidencia de la República en 1895), le permitieron agregar a su personalidad la majestad inherente a la condición de dignatario. Ciertamente, la escenografía de poder desplegada por Piérola durante la infausta defensa de Lima de 1881 ha sido también motivo de censura. En la posguerra del Pacífico, el Califa construye su imagen de estadista y líder del Partido Demócrata, en medio de las furibundas recriminaciones de Manuel González Prada, que lo califica de “bárbaro prehistórico” siempre dispuesto a “ofrecer mejor blanco a los ojos de la concurrencia” [2].

Con todo, en 1895, liderando un vasto movimiento popular derroca el gobierno del militarismo posbélico y aliado con sus viejos rivales civilistas se encumbra a la Presidencia de la República. La apoteosis del califato es ensalzada por los artistas Juan Lepiani y M. Ruilova, y el poeta José Santos Chocano. Sin embargo, otros líderes demócratas, como Guillermo Billinghurst y Augusto Durand, marcan distancia y comienzan a construir sus propias imágenes populares en desmedro de su antiguo líder.

Iniciado el siglo XX, el Califa y su delfín, Isaías de Piérola, quisieron aprovechar su popularidad para retornar al gobierno, pero el renovado civilismo, representado por José Pardo y Augusto B. Leguía, se lo impidió. Durante esta época (1904-1913), la figura de Piérola fue recurrente en la caricatura política. Finalmente, en junio de 1913, sus funerales dieron origen a una masiva manifestación de fervor popular [3] . En los años siguientes, los líderes demócratas organizaron homenajes y romerías a la tumba del Califa para conservar vivo su recuerdo en el sentimiento popular.

En esta exposición, mediante un conjunto de fotos, caricaturas y grabados, aparecidos en libros, diarios y revistas limeños entre fines del siglo XIX e inicios del XX, detallaremos la evolución de la imagen histórica de Nicolás de Piérola. Los registros gráficos del Califa constituyen elemento fundamental en la reconstrucción de la iconografía del poder en el Perú republicano, pues nos muestran los escenarios en que actuó durante su vida: los públicos y multitudinarios, en que rodeado de los líderes demócratas y jefes montoneros despertaba el fervor popular, y los privados y familiares, en que acompañado por las clases altas y autoridades políticas compartía los rituales propios de las elites.

Asimismo, sus revoluciones, frustradas o victoriosas, y acciones gubernativas fueron exaltadas mediante alegorías históricas de difusión popular. Entre éstas destacan aquellas referidas al combate de Pacocha (1877), la revolución de 1895 y la gestión presidencial de 1895-1899. Ciertamente, el estudio de la iconografía pierolista revela cómo la imagen del caudillo montonero (1874-1895) devino progresivamente en la figura del estadista modernizador (1895-1913), exenta de aquellos elementos visuales de rebeldía que tanto apreciaban los sectores populares.

Alejandro Salinas
Curador

[Texto del catálogo de la exposición]


0 comentarios :: De seminarista a Califa: La imagen histórica de Nicolás de Piérola