Journal vs. Magazine

Javier Guallar (@jguallar) es uno de los documentalistas actuales más brillantes de España (un país donde, precisamente, los documentalistas brillantes abundan, por lo que su mérito es doble). Razón por la cual lo sigo impenitentemente en las redes sociales del mismo modo como leo con avidez los papers que publica con cierta regularidad (para fortuna nuestra) en "El Profesional de la Información".

Hace poco Guallar dictó una charla en SocialBiblio, la comunidad académica en línea sobre biblioteconomía, documentación y gestión de la información que es el perfecto ejemplo de cómo otras comunidades académicas (los historiadores, por ejemplo) pueden sacarle un magnífico provecho a las redes sociales y a los blogs. Pero lamentablemente el desconocimiento y el desinterés, sumado al prejuicio de muchos de nuestros académicos, hace casi imposible que iniciativas como esta se repliquen entre nosotros.

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Hace poco, les decía, Guallar dictó una conferencia que, independientemente del área de trabajo o investigación al que se dediquen, nuestros académicos deberían leer o revisar con lupa, papel y lápiz en la mano: "Cómo publicar (con impacto) en Información y Documentación". El material de la charla de Guallar no solo está disponible en SocialBiblio, sino también un resumen de los tuits que la misma generó cuando se impartía. Cualquiera que los revise dará por sentado que su lectura no solo es de una utilidad que no necesita justificación alguna, sino que además resulta imprescindible.

En una de sus diapositivas, hablando de la importancia de las publicaciones científicas y del ‘factor de impacto’ (tema del que ya les hablaré en otra ocasión referido a las revistas peruanas de Historia), Guallar afirma que es muy importante distinguir entre Journals (revistas científicas) y Magazines (revistas de divulgación de información). Si lo menciono aquí es porque he querido aprovechar la disertación de Guallar para traer agua a mi molino en un tema que atañe expresamente a este blog.

Si hay una manera de definir a El Reportero de la Historia es precisamente esta: como un magazine de historia. Una revista en línea de divulgación de información sobre historia e historiadores que buscaba llenar un espacio que no existe en nuestro medio (en nuestro periodismo cultural, se entiende). En modo alguno pretendió ser una revista académica de historia. Y no lo pretendió por una sencilla razón: aquí nunca he presentado o publicado investigación alguna mía. Y no lo hice por otra más que sencilla razón: dedicarme durante diecisiete años en cuerpo y alma en el diario donde trabajé hasta fines del mes pasado me alejo por completo de la investigación. Pero aprendí que hay otra forma de contribuir al desarrollo de nuestra historiografía: divulgándola.

Lamentablemente hay quienes no entendieron nunca esto y recriminaron acremente que aquí se hiciera crítica (en ocasiones, muy dura) de las investigaciones de otros sin someter a la opinión de terceros una investigación propia. En otras palabras, acostumbrados como están algunos a la crítica benevolente o al silencio y aplauso cómplice, resultó poco menos que una herejía que nombrara a la cuerda en la casa del ahorcado. Pero si algo aprendí de los auténticos profesores que me enseñaron en San Marcos (esos que ya casi son una especie en extinción en la facultad donde estudié) fue a nunca ser complaciente para ganar favores. En todo caso, yo nunca los necesité. Por lo menos hasta ahora.

Esa es, entre otras, la razón de que haya anunciado el cierre de este blog y de que algunos lo esperen ávidamente para descorchar las botellas: no se puede trabajar contra las personas con las que uno desea colaborar. Me queda el consuelo de saber que contribuí en algo al propósito inicial de este blog y que la tarea me deparó la amistad de excelentes amigos y el reconocimiento de académicos que, hasta entonces, admiraba desde la platea.

Voy a cerrar el blog para emprender otros proyectos, ahora que dispongo del tiempo para ello. Abrigo la ilusión, también, de volver a la investigación y, sobre todo, escribir más y en serio. Además, nunca dije que me quedaré callado. En este país, donde la estupidez campea con la seguridad que le brindan nuestros políticos y funcionarios públicos, es casi imposible prometer eso. Mucho menos, cumplirlo.

Tengo en las gavetas de mi escritorio los borradores y apuntes de tres libros que empecé y nunca concluí (lo que confirma, una vez más, la vieja sentencia de Gabriel García Márquez de que los cuadernos de notas son una mala idea porque uno termina escribiendo para ellos y no los libros mismos). Espero, al menos, concluir uno de ellos antes de fin de año. Y llevar a buen puerto la empresa digital que debe remplazar al Reportero de la Historia. Y si no, pues ya se nos ocurrirá algo en el camino, ¿no?


1 comentario:

  1. vas a cerrar tublog?? Nooooo!
    seriamente: me harà falta
    clara

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