La ceremonia del adiós

El pasado 28 de mayo, 25 trabajadores (entre periodistas, fotógrafos, diagramadores y una secretaria) cesamos en nuestra relación contractual con el diario El Comercio (fíjense la elegancia con que digo las cosas). Las razones que a mi entender motivaron ese cese, como diría Carlos III, las reservo en mi real pecho por ahora. Ya habrá oportunidad de contar lo sucedido en otra ocasión.

Ahora solo me queda agradecer, a quien corresponda, la oportunidad de haber trabajado durante diecisiete años en el diario más importante del país. Un periodo en el cual aprendí infinidad de cosas, redefiní mi carrera de historiador y, especialmente, coseché buenos amigos. Los mejores que cualquier persona pueda ganar a lo largo de su vida. En ese sentido fui afortunado, bastante afortunado. Por eso, lo que más voy a extrañar de mis días en El Comercio serán a estas personas que hacían del mundo un lugar mejor de lo que es (sin ellos he empezado a saber cómo se sentía Adán en el Día de las Madres). Los voy a extrañar del mismo modo como extraño a mis cables: inconmensurablemente. ¡Je, je!

>>> Seguir Leyendo... >>>

Pero diecisiete años, trece de los cuales los pasé en el archivo y centro de documentación expurgando miles de recortes periodísticos, fotografías y rollos de microfilm, no pasan en balde. Hasta esta semana que empecé a desempolvar y poner en orden mis papeles y fichas de trabajo acumulados en largas noches de investigación, no me había percatado del enorme material acumulado durante ese tiempo en mis bases de datos en MicroIsis. Estaba convencido que luego de leer miles de rollos de microfilm había fichado cerca de diez mil artículos, pero he aquí que me he dado con la feliz sorpresa de que son poco más de ¡17.000! los artículos que tenia fichados. Cinco mil de ellos, artículos de historia; el resto, repartidos en una diversidad de materias y asuntos.

Así que además de buenos amigos, muchos recuerdos y algunos disgustos, me llevo una buena cantidad de material de trabajo para los próximos meses, tal vez años. Un buen motivo para volver a la investigación.

¡Qué más se puede pedir en este momento para esta ceremonia del adiós!

P.D.: Escribo estas líneas urgido ante la preocupación y curiosidad de amigos y conocidos que se preguntan por mi situación, no me anima otro interés el hacerlo.


0 comentarios:

Publicar un comentario