La escritura en el antiguo Perú: A golpe de piedra

Con nuevos aportes metodológicos y teóricos, una investigación arqueológica en las quilcas de Checta y los valles medios del Chillón, Rímac y Lurín está muy próxima a revelar aspectos hasta hoy desconocidos de nuestra cultura milenaria

Por César Chamán

A más tardar en cinco años, un antiguo mito sobre la historia del Perú podría desplomarse para dar paso a una comprensión mucho más profunda y completa de nuestro pasado. El arqueólogo Gori Tumi Echevarría López, investigador que en 2009 planteó la tesis sobre la existencia de escritura en la costa central en el período pre Chavín, está a punto de descifrar una variedad de signos ideográficos elaborados sobre piedras hace 4,000 años.

Esas piedras, trabajadas por percusión directa en la misma época en que se desarrollaba la civilización Caral y en las cuales se ubican reiteradamente puntos, hoyos, círculos, líneas, cruces y espirales, tienen nombre propio –quilcas– y, en el caso de Lima, están diseminadas en los valles medios de los ríos Chillón, Rímac y Lurín.

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Cuando Echevarría consiga leer tales símbolos, el mito según el cual los antiguos peruanos integraban una sociedad ágrafa habrá cedido por completo. Y, en ese momento, los peruanos tendremos un motivo más para observar con orgullo el desarrollo cultural de nuestra nación.

EVIDENCIA ARQUEOLÓGICA

En el sector de Checta, a 60 kilómetros de la capital camino a Canta, el profesor Echevarría se sorprende al encontrar un poste de electricidad clavado en medio del “almacén” más grande de petroglifos de la costa central. Y, preocupado por la destrucción de la evidencia arqueológica, toma fotografías de las numerosas quilcas que se mantienen a mitad del cerro sin protección alguna.

¿Qué significaba una quilca para los pobladores de Checta de hace 4,000 años? “Es una pregunta difícil de contestar porque no entendemos hasta hoy cómo pensaban los peruanos de ese período”, explica Echevarría. “Pero eso se puede responder recurriendo a la información que nos llega por las crónicas y a lo que la población andina decía de las quilcas antes de la ocupación española.”

La respuesta guarda relación con dos aspectos: ‘quilca’ es el término nativo, en quechua o aimara, para definir el fenómeno gráfico, el acto de pintar, dibujar y marcar. “Y eso está en los diccionarios y vocabularios de los siglos XVI y XVII e incluso llega hasta la Colonia”, acota el arqueólogo.

Y el otro aspecto, también reconocido, es que ‘quilca’ refiere a escritura y al acto de escribir. “Por lo tanto, para la cultura yunga –la de los valles medios hacia el mar– y para los quechuas y aimaras, estas marcas en la piedra eran ‘quilcas’, es decir, gráficas, escritura. El propio término nos da las pistas iniciales para su comprensión.”

Es evidente que Echevarría no es el primer investigador en proponer la existencia de escritura en el Perú antiguo. Sin embargo, en los últimos años es el que ha logrado los mayores avances en la demostración de la hipótesis, gracias a la incorporación de nuevos aportes teóricos y metodológicos.

En 2001, el descubrimiento casual de una quilca en un sitio monumental temprano en la zona de Chocas lo llevó a ampliar la asociación cronológica de este sector con otros del mismo valle, como Pucará, Checta y Quivi. Él y su colega Alex Zúñiga habían salido a hacer trabajo de campo y se detuvieron a tomar el refrigerio junto a una parcela agrícola. Acomodaron sus alimentos sobre una piedra plana y se sentaron a comer y conversar. De pronto, Zúñiga advirtió la presencia de una figura en espiral en la roca que les servía de mesa.

“Los motivos en esta quilca nos llevaron a plantear rápidamente hipótesis de relación con Checta y otros sitios de los valles del Chillón, inicialmente, y del Rímac y Lurín. Pero para eso tuvimos que replantear aspectos de método de análisis”, recuerda Echevarría.

“Cuando tú ves una quilca, no puedes asumir que todo lo que observas como expresión gráfica o artística corresponde a un mismo período, eso es falso. Pero la mayoría de investigadores precedentes habían entendido eso, lo cual representa una percepción eurocentrista, prácticamente renacentista del arte.”

De allí en adelante, el trabajo del investigador consistió también en identificar signos básicos y compuestos en Chocas, Pucará, Checta y Quivi, los cuales constituían un patrón que se repite en los tres valles citados. Para considerar la existencia de escritura –reflexiona el arqueólogo– debemos demostrar que los símbolos se emplearon en un territorio amplio y en un período de tiempo también amplio, dos condiciones que se constatan en el caso de la costa central del Perú. En pocas palabras, los signos valieron para gente de uno y otro lugar –con el mismo significado– y de una época y otra, a lo largo de mil años, aproximadamente. Después, la llegada de Chavín implicó un giro radical en esta historia.


PATRÓN RECURRENTE

Echevarría, candidato a doctor en Historia del Arte, expuso hace unas semanas en los Miércoles Arqueológicos, que organiza la univiersidad San Marcos. En la tradicional Casona del Parque Universitario, el público siguió con atención su apasionada defensa de la existencia de la escritura en el Perú antiguo.

Poco después del descubrimiento de la quilca de Chocas, en la década anterior, él y su colega Rubén Wong ampliaron la investigación a los otros valles de la capital y llegaron hasta Supe. “Así, notamos que había una constante representación convencional de motivos abstracto-geométricos, lo que evidentemente no era una coincidencia, porque todos esos sitios corresponden al período 2,500-1,000 años antes de Cristo.”

Al establecer un patrón de recurrencia de motivos abstractos geométricos –entre los que figuran círculos, círculos con punto, círculos con punto y línea, círculos con línea, líneas conectadas, cruces, cruces con punto, etcétera– que se repite en un territorio en forma consistente y que está asociado al surgimiento de la civilización temprana en el Perú, no existe otra posibilidad lógica para explicar el fenómeno que la de la escritura ideográfica, sentencia el arqueólogo.

¿Cuántos signos ha conseguido identificar la investigación? “Como matrices convencionales, hemos aislado alrededor de quince signos, entre simples y compuestos. Pero a partir de los cinco motivos básicos se puede construir todos los demás. En este momento, por ejemplo, yo entiendo cómo se articulan los motivos y podría ‘escribir’ con ellos, pero no sabría exactamente qué significan. Sin embargo, lo sabremos en poco tiempo, a más tardar en cinco años.”

“La ironía del caso es que hacemos esta investigación pagando nuestro pasaje; no hay apoyo prácticamente de nadie”. No obstante, Echevarría acude a los padres de la arqueología peruana para perseverar en el esfuerzo. “Julio C. Tello decía que los peruanos tenemos una vinculación moral con nuestro pasado, porque a pesar de haber perdido mucho, todavía estamos aquí, hemos sobrevivido al tiempo y a todo tipo de tragedias. Quienes hicieron estas quilcas hace 4,000 años fueron nuestros abuelos, somos nosotros mismos en otra época. Y aunque ya no sintamos el mundo como ellos, sí podemos acercarnos más que nadie a su comprensión. Estos son los mensajes que nos dejaron nuestros padres. Entonces, ¿quién más que nosotros podría leerlos?”.

REFLEXIONES

  • "El término 'arte ripestre' no es suficiente para definir el fenómeno rupestre peruano. ¿Por qué? Porque el fenómeno rupestre en el Perú, en sus cuatro tipos -petroglifos, pinturas, pictogramas y arte mobiliar, como señaló Lianres Málaga en 1973- no puede entenderse a partir de una concpeción europea que refiere a gráficos en cueva y otros soportes".

  • "En el Perú el fenómeno tiene nombre propio y es 'quilca'. Por lo tanto, cuando intentamos comprenderlo, necesariamente debemos acudir a la referencia nativa, la cual nos acerca a dos aspectos: uno, la forma en que lagente antigua entendpia el aspecto gráfico; y dos, lo que ella entendía por 'quilca', es decir, escritura".


  • * Publicado en el suplemento Variedades, del diario El Peruano, N° 327, el 14 de junio de 2013.

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