Un Quijote en las sierras de Huarochirí

Luego de años de investigaciones, la historiadora Karen Spalding publica un libro con el revelador diario de Sebastián Franco de Melo.

Por Roberto Ochoa B.

Todo estaba listo para que el 29 de setiembre de 1750 –día de San Miguel Arcángel, patrono de los armeros– miles de indios huarochiranos tomaran la ciudad de Lima.

La ciudad aún no se recuperaba del tremendo terremoto que cuatro años antes la dejó en escombros. Ni del posterior tsunami que arrasó con el Callao. Por si fuera poco, una epidemia de viruela había provocado cientos de muertes entre los sobrevivientes, los depósitos de armamento habían desaparecido tras el maremoto, y las arcas de la ciudad capital estaban en quiebra por los gastos propios de la reconstrucción.

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El plan rebelde consistía en destruir los diques del río Rímac, inundar la plaza mayor y sus alrededores, y al grito de ¡maremoto! provocar pánico en la población para apoderarse del palacio de gobierno, capturar y ejecutar al virrey y pasar por las armas a todos los chapetones de la urbe.

Pero los rebeldes no contaban con la delación de un negro esclavo, y con un cura que rompió el secreto de confesión para advertir al virrey la acción de los rebeldes. En Lima los subversivos fueron capturados y ejecutados, pero en Huarochirí igual estalló la rebelión y fueron ejecutadas varias autoridades españolas.

La historia oficial nos cuenta que un ejército de notables enviados desde Lima reprimió la rebelión luego de perseguir, enfrentar y capturar a los rebeldes en las alturas de Huarochirí. Pero un hallazgo de la historiadora Karen Spalding puede cambiar la historia: el diario escrito por el minero español, de origen portugués, Sebastián Franco de Melo.

Spalding descubrió el manuscrito en el Museo Mitre de Buenos Aires. Lo descifró, comprobó su autenticidad y lo convalidó con documentos de los archivos históricos del Perú, EE.UU. y Europa.

El diario de Sebastián Franco de Melo fue escrito en 1761 y está dirigido a sus descendientes. “Melo simpatiza con los indios y describe sus propias frustraciones con funcionarios corruptos y jueces que responden exclusivamente a los intereses de los poderosos –sostiene la historiadora–, pero es plenamente leal al sistema que facilita la misma corrupción. Sin embargo, en vez de participar directamente en el sistema político insistía en su propio estandarte de honor personal, como un Quijote que considera que el honor del individuo es la única medida de su valor”.

La vida del propio Franco de Melo es de película: De origen hidalgo, logró su incorporación como caballero de la Orden de Malta y a los 17 años quedó herido de gravedad en los combates de Gibraltar. Aún convaleciente decide viajar a las Américas, donde pierde sus contactos familiares, radica en Cartagena de Indias y viene al Perú para dedicarse a la actividad minera sin olvidar su férrea formación militar.

Persigue sin mucha suerte a las tropas del rebelde Juan Santos Atahualpa, y logra capturar a los rebeldes huarochiranos con un ejército de indios procedente de su asiento minero en Yauli.

Su treta fue divide y vencerás: distribuye cartas con mensajes falsos que provocan el enfrentamiento en los rebeldes. Lo revelador es que estas cartas estaban “envueltas en quipus” para que sean entendidas por los pobladores.

Franco de Melo logró debelar la rebelión y fue reconocido por las autoridades de Lima, pero sus esfuerzos lo dejaron en la ruina.

Sus descendientes solo heredaron un diario que nadie sabe cómo fue a parar a Buenos Aires.

Pero lo mejor es leer el libro de Spalding y comprobar que la historia del Perú nunca dejará de sorprendernos.


Fuente: La república (8/6/2013)


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