Edward Snowden y el coste de la libertad

Por Henry Kamen | Historiador

El exoficial de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) Edward Snowden es noticia en todo el mundo por revelar que los servicios de espionaje estadounidenses están violando flagrantemente la Constitución de los EEUU por espiar a todo el mundo. Expuso las actividades de una corporación llamada Prism, que ha estado espiando las comunicaciones de millones de estadounidenses en nombre del gobierno de los EEUU. Sus revelaciones no deberían haber sido una novedad para nadie. Ya en 2011, un periodista de The Washington Post reveló que la NSA estaba recogiendo 1.700 millones de comunicaciones interceptadas –correos electrónicos, llamadas telefónicas, direcciones IP– diariamente. Las revelaciones que Snowden ha hecho a través de documentos puestos a disposición de Der Spiegel son, si cabe, aún más sorprendentes, y han provocado indignación en las capitales de Europa. Con una portada que presentó a Snowden como Allein gegen Amerika (Solo contra América), la revista alemana líder reveló que EEUU está espiando sistemáticamente millones de llamadas telefónicas cada día en territorio alemán. Y no sólo en Alemania. El Reino Unido, Australia y Canadá también han sido objeto de espionaje. Como el diario Süddeutsche Zeitung escribe: «Al parecer corresponde a los organismos de inteligencia de Estados Unidos, principalmente la NSA, confirmar todos los prejuicios que gran parte del mundo mantiene sobre los estadounidenses. La NSA no sólo espió sino también interceptaba y grababa las oficinas de la UE en Bruselas. Esto no puede ser justificado por el hecho de que se realiza como parte de la guerra contra el terrorismo islámico».

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¿Qué le ha sucedido a Estados Unidos? Muchas personas que se consideran amigos y admiradores de la sociedad y la cultura estadounidense, y que defenderían apasionadamente el país contra sus críticos, encuentran en el tema del abuso de la inteligencia sentimientos totalmente opuestos a la política que Obama y sus predecesores han venido aplicando en su lucha sin cuartel contra el terrorismo islámico. En cualquier guerra defensiva hay derechos y libertades de los ciudadanos que pueden tener que ser suspendidos temporalmente con el fin de lograr la victoria sobre el enemigo común. En los países que lucharon contra el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que recuerdo, había un estricto control sobre a dónde íbamos, lo que leíamos, lo que escribíamos, lo que hablábamos e incluso sobre lo que pensábamos. Lo aceptamos porque sabíamos que era en pro de la libertad.

Sin embargo, el mundo ha cambiado. Estados Unidos siempre ha afirmado ser el primer defensor de la «libertad». Pero, como los recientes acontecimientos muestran claramente, hay un precio a pagar por esta supuesta dedicación a la libertad, y muchos tienen dudas sobre hacia dónde nos dirigimos. Como consecuencia del año 1991, los servicios de inteligencia de Occidente montaron una exhaustiva campaña para recopilar información acerca de los terroristas. Eso ha dado lugar a un aumento sin precedentes del gasto y de personal. En el Reino Unido, el personal de inteligencia militar se incrementó en unos pocos años de 1.500 personas a 5.000, con nuevos edificios y nuevos dispositivos electrónicos. Los gastos aumentaron en un 200%. El departamento de inmigración en los aeropuertos se convirtió en un nuevo organismo denominado Agencia de Fronteras del Reino Unido, que costó 1.200 millones de euros al año y que comenzó a examinar cuidadosamente a cada viajero, hasta tal punto que a veces se tardaban horas en conseguir atravesar el aeropuerto de Heathrow. Esto se prolongó durante años, pero ni un solo terrorista fue jamás identificado. Por último, este año el gobierno británico abolió la Agencia, que para entonces había compilado una lista de 750 mil personas a las que se estaba investigando y a quienes se les había negado la entrada.

La locura británica fue llevada a una escala aún más grande por los Estados Unidos. Además de la participación masiva en los gastos de guerra, EEUU decidió mejorar sus servicios de inteligencia. Al Qaeda gastó alrededor de medio millón de dólares para destruir el World Trade Center y una sección del Pentágono. En los siguientes diez años, EEUU gastó aproximadamente 3,3 billones de dólares en la lucha contra los terroristas, o aproximadamente 7 millones por cada dólar gastado por Al Qaeda. Con mucho, la mayor parte de este coste consistía, por supuesto, en gastos militares. Pero 590.000 millones se destinaron a la intensificación de la inteligencia y espionaje. La administración de la inteligencia se puso en manos de un vasto aparato, con millones de empleados y fondos ilimitados para la tecnología, conocida como Homeland Security. Este temido cuerpo tiene poderes ilimitados, que utiliza para recopilar información sobre millones de personas a través del mundo. Las agencias federales relacionadas con él –en particular, la NSA, la CIA y el FBI– han contribuido con su propia experiencia. Han espiado no sólo a los estadounidenses, sino a todo el mundo, recogiendo enormes cantidades de datos, millones y millones de datos de los teléfonos, ordenadores y cualquier otra fuente, con el fin de convertirse en una super Inquisición que lo sabe todo, lo ve todo y –lo que es peor– hace todo lo que se considere necesario, aunque sea ilegal. The Washington Postcomentó recientemente que Estados Unidos se encamina a una «democracia desastre» si los observadores y espías van sin vigilancia y sin restricciones. Si renuncias a tus libertades con el fin de luchar por la libertad estás avanzando rápidamente hacia la tiranía. Un columnista de The Guardian comentó que «deberíamos prestar atención a las advertencias de Snowden porque la perspectiva de una sociedad orwelliana supera cualquier beneficio de seguridad que se deriva de Prism. Visto desde la perspectiva de la historia humana, la preocupación por la tiranía del gobierno es siempre legítima».

Cuando el gobierno, no sólo en los EEUU sino también aquí en España, se otorga facultades para indagar en las llamadas telefónicas, los correos electrónicos, las cuentas bancarias y la conducta social general de los ciudadanos, se está estableciendo una tiranía que en última instancia destruirá la libertad. El columnista del New York Times, Paul Krugman, recientemente explicó que hay dos tipos de estados de vigilancia en la era de la alta tecnología, y los EEUU está en el lado autoritario de las cosas: «Hay diferentes tipos de estados de vigilancia. Se puede tener un estado de vigilancia democrática, que recoge tan poca información como sea posible, y luego te dice tanto como es posible acerca de lo que está haciendo. O se puede tener un estado de vigilancia autoritaria, que recoge tanto como es posible, y le dice al público lo menos posible. Nosotros estamos en la situación autoritaria».

Los gobiernos tienden a prometer una cosa y luego entregan lo contrario. El gobierno de Obama prometió una mayor apertura en la política exterior, pero todavía quiere enjuiciar a Wikileaks por su revelación de sectores de la política exterior de EEUU. La persecución del soldado Bradley Manning, responsable de las revelaciones, ha sido implacable. El mismo gobierno se comprometió a proteger los derechos del individuo, pero ahora está haciendo intensos esfuerzos para asegurar la detención de Edward Snowden, cuya única preocupación ha sido los derechos de la persona. La tecnología, al parecer, podría servir para destruir la libertad. Pero la verdadera amenaza a la libertad no viene de los que revelan los procedimientos del gobierno, sino de aquellos que conspiran para ocultar la verdad a la gente. «El público tiene que decidir si estas políticas son correctas o incorrectas», dice Snowden. También afirma, sin embargo, que las personas no parecen estar preparadas para defender sus libertades, ya que normalmente no se ven afectadas por la magnitud del espionaje. Se les anima a aceptar que el espionaje es necesario, por lo que no protestan. Al no protestar, se convierten en cómplices de la vasta red de espionaje que tarde o temprano destruirá la libertad en que se basa la democracia.

Henry Kamen es historiador británico, su último libro es "El rey loco y otros misterios de la España Imperial" (La esfera de los libros).


Fuente: El Mundo (12/7/2013)


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