La Historia del tiempo presente

Por Timothy Garton Ash

[...] Me gustaría reflexionar sobre lo que significa escribir "la historia del presente". La expresión no es mía. Por lo que sé, la acuñó el veterano diplomático e historiador estadounidense George Kennan, en una reseña de mi libro The Uses of Adversity, sobre Europa central en los años ochenta. Me parece la mejor definición posible de lo que intento hacer desde hace veinte años, combinando el oficio de historiador y el de periodista [...].

Kennan decía que la historia del presente pertenece "a ese campo del trabajo literario, pequeño y poco visitado, en el que el periodismo, la historia y la literatura [...] se unen". También esta observación me parece exacta. El rincón de Europa en el que se juntan Alemania, Francia y Suiza se llama, en alemán, el Dreiländereck, o punto de encuentro de los tres países. La "historia del presente" está en un punto de encuentro entre el periodismo, la historia y la literatura. Estas áreas fronterizas siempre son interesantes pero, con frecuencia, están llenas de tensiones. A veces, trabajar en este rincón es como caminar por tierra de nadie.

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La frontera más corta y mejor diferenciada es la existente entre la historia y el periodismo, por un lado, y la literatura, por otro. Tanto el buen periodismo como la buena historiografía poseen algunas características propias de la ficción de calidad: imaginación para simpatizar con los personajes del relato y poderes literarios de selección, descripción y evocación. El reportaje o la narración histórica es siempre un relato escrito por un autor concreto, impregnado por su percepción individual y su estilo propio al colocar las palabras sobre la página. Exige un esfuerzo, no sólo de investigación, sino de imaginación, para introducirse en la experiencia de las personas sobre las que se escribe. En ese sentido, el historiador y el periodista trabajan como los novelistas [...].

La frontera entre periodismo e historia es la más larga en nuestro punto de encuentro de estos tres países. Además es la peor señalada y, por tanto, la más tensa y discutida. Puedo dar fe de ello, ya que he vivido a ambos lados y en medio [...].

A mi juicio, es importante comprender que las razones por las que se hace tanto hincapié en las diferencias entre el periodismo y la historia académica o especializada tienen tanto que ver, si no más, con las exigencias prácticas de ambas profesiones, la imagen que tienen de sí mismas y sus neurosis, como con la verdadera esencia intelectual de ambas disciplinas. Es cierto que las características del mal periodismo y la mala historiografía son muy diferentes: el primero consiste en tonterías sensacionalistas, impertinentes, populistas, que leen millones de personas; la segunda, en tesis doctorales especializadas hasta el extremo, pobremente argumentadas y mal escritas, que no lee nadie. Pero las virtudes del buen periodismo y la buena historiografía son muy parecidas: la investigación exhaustiva y escrupulosa; la aproximación compleja y la crítica a las fuentes; el firme sentido del tiempo y el lugar, la imaginación suficiente para simpatizar con todas las partes; la capacidad de argumentación lógica; la prosa clara y llena de vida.

De: Introducción a "Historia del Presente. Ensayos, retratos y crónicas de la Europa de los 90". Barcelona: Tusquets Editores, 2012, 503 págs.


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