Publican "Sesiones secretas del Senado de Chile durante la Guerra del Pacífico"

¿Qué acuerdos y decisiones tomaron los senadores de Chile antes y durante la Guerra del Pacífico? ¿Cuáles fueron las verdaderas causas que motivaron la Guerra? ¿Será cierto que antes de la declaración de Guerra a Bolivia y al Perú, Chile contaba con una poderosa fuerza naval? ¿Tenia Chile "agentes confidenciales” instalados en territorio peruano, antes de la declaración de Guerra?

Estas y muchas interrogantes son absueltas en la obra intitulada: "Sesiones secretas del Senado de Chile durante la Guerra del Pacífico. Marzo de 1879 a Septiembre de 1880", que proviene de la transcripción íntegra de los originales de las Actas de las sesiones secretas de la Cámara de Senadores celebradas durante la guerra.

La información contenida en las veintinueve sesiones secretas deja muy clara la cohesión y unidad que mantenían los senadores chilenos antes y durante la guerra, pese a cuestionar en un principio las decisiones del gobernante de entonces y la conducta y el profesionalismo de algunos almirantes y generales.

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El fin perseguido era ganar la guerra y para ello tenían que sesionar incluso hasta altas horas de la noche y tomar decisiones no solo respecto a temas políticos, sociales y económicos, sino también militares. Ello lo demuestran con las interrogantes que se plantearon en la Sesión Secreta Extraordinaria de fecha 24 de marzo de 1879, respecto a la organización y poderío de su flota naval y terrestre: «¿Sería posible aumentar nuestra Marina de Guerra? ¿Hasta qué punto cree necesario el Gobierno aumentar nuestro ejército de tierra?».

Haciendo comparaciones con la flota naval peruana, y más adelante con la boliviana, los senadores chilenos se preguntaban: «¿Qué datos tiene el Gobierno acerca del estado de las fuerzas marítimas del Perú? ¿Son bastantes las nuestras para contrarrestarlas? ¿Qué sabe el Gobierno acerca de la movilización de las fuerzas de Bolivia con dirección a la costa del Pacífico? ¿Cuál es el estado, número y disciplina de esa fuerza? ¿En qué proporción se halla con la que tenemos en Antofagasta y Caracoles?». Obviamente, estas interrogantes fueron en su momento absueltas por las informaciones recibidas y sirvieron de mucho para la toma de decisiones y el desenlace de la guerra.

Un interés primordial del Senado de Chile era estar bien informados de las ocurrencias en la línea fronteriza de su vecino país, mediante «agentes confidenciales instalados en territorio peruano».

Contrariamente, el Gobierno peruano, dicen los senadores sureños, no necesitaba espías, porque no guardaban la debida discreción con la reserva de sus informaciones. Es claro ver también en una de las actas de las sesiones secretas que el ministro de la Guerra, el señor Rafael Sotomayor, señala que el éxito de la guerra dependía única y exclusivamente de las fuerzas de mar, cuyo resultado final sabemos, fue favorable a la flota chilena.

La información contenida en las Actas secretas, en su momento fue confidencial y celosamente oculta, ya que comprendía acuerdos y decisiones sobre aspectos políticos, sociales, económicos y militares, cuya responsabilidad recaía en un grupo de ministros y senadores liderados por el Gobierno de turno. Estos acuerdos se tomaron incluso para decidir la explotación del guano y salitre de los territorios ocupados por las tropas chilenas, a ello le dedican los políticos de aquel periodo varias sesiones.

Los datos contenidos en las sesiones secretas vienen a ser una fuente primaria, casi desconocida hasta el día de hoy y será de mucha utilidad para absolver un sinfín de interrogantes, vacíos y dudas respecto a las verdaderas causas que motivaron el enfrentamiento armado entre tres países hermanos.


Fuente: Diario Expreso (17/7/2013)


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