Así fue... la decepción

Hay que alegrarse. Desde el pasado mes de julio, el Perú ya cuenta con su primera revista de divulgación histórica: "Asi fue...". Aunque es un esfuerzo que hay que saludar sinceramente, habida cuenta de la enorme falta que hace ese tipo de publicaciones entre nosotros, me gustaría señalar una par de cosas sobre esta nueva publicación que en nada desmerecen el esfuerzo hecho.

En esta primera entrega, la revista que capitanea Jorge Illa Boris trae apenas dos secciones: una de reseñas (en la que la novela histórica parece ser su mayor interés y que extrañamente abre el número) y un dossier sobre la Segunda Guerra Mundial en América del Sur. Vistos en conjunto los textos de ambas secciones, no me queda muy claro cuál ha sido la finalidad de los editores con esta presentación que no termina de convencerme si estamos ante una revista de historia propiamente dicha o ante una publicación académica en formato magazine. Creo que para llegar a ser una revista de divulgación histórica, le falta afinar las secciones y contenidos de la misma, así como trabajar un poco más en el diseño que (francamente) deja mucho que desear con esos enormes espacios en blanco. Pero si algún reparo debo hacer a esta nueva publicación es, como dijimos, al contenido mismo.

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El dossier elegido para este primer número, la Segunda Guerra Mundial en América del Sur, no está mal pero más interesante hubiera sido que dedicarán el mismo exclusivamente al Perú (el tema da para mucho más que dos escuetas notas) y no a cuatro países. En ese sentido, creo firmemente que desaprovecharon la idea y el lanzamiento dedicando apenas dos artículos de interés al público peruano que es a quien va dirigido la revista (claro está, si lo que pretende es ser una revista de divulgación histórica). Pero es la sección Reseñas la que más extrañeza me ha causado.

No entiendo cómo una revista que pretende 'divulgar' el conocimiento histórico entre el gran público peruano ignora por completo los libros e investigaciones de nuestros historiadores, e incluso el de algunos periodistas que han tratado temas históricos. No desmerezco las publicaciones publicadas, pero qué tan importante son o qué interés pueden tener todas ellas para sus potenciales lectores peruanos. Peor aún, no hay una sola mención a la cantidad de libros peruanos buenos, malos y excelentes que se han publicado en los últimos meses. Aquí, el yerro fue mayúsculo. Una omisión que también se deja apreciar en una inexistente sección de reseñas de eventos, conferencias, exhibiciones que casi dibuja como un páramo el trabajo y las actividades de nuestros historiadores. Una lástima esta clamorosa ausencia que casi resulta insultante.

Por otro lado, si bien es cierto que editar un libro (y más aún, una revista) es difícil en este país, los editores deben considerar seriamente el precio de venta de la revista. Si lo que se quiere es tener una revista de divulgación de historia dirigida al gran público, debe tener un precio más accesible para el mismo. Sé que es complicado, pero inevitable. No tomarlo en cuenta es condenar la revista al fracaso (a mí todavía me duele haber pagado 20 soles por ella si me pongo a pensar en lo decepcionante que me resultó).

Una recomendación final que le hago a sus editores es la de no descuidar el tema de las redes sociales. Si verdaderamente quieren llegar al público peruano y que se hable de ella y tenga el éxito que todos esperamos, no deberían ignorar por completo su actividad en Twitter o Facebook. En ese sentido, conviene tomar nota de las lecciones de "La aventura de la Historia", que despliega una actividad en la red que asegura la fidelidad de sus lectores.

Ojalá, pues, que en los próximos números, todas estas deficiencias sean subsanadas por el bien de la revista y del público al que va dirigido. No podemos darnos el lujo de que esta revista fracase.


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