Ian Kershaw: "El fascismo no alcanza para explicar el Tercer Reich"

A propósito de la reedición de La dictadura nazi (Siglo XXI), el historiador inglés Ian Kershaw reflexiona sobre la condición excepcional del poder hitleriano y sus posibles orígenes.

Por Pablo Gianera | LA NACION

Cuando se publicó originalmente en 2000, "La dictadura nazi. Principales controversias en torno a la era de Hitler" parecía aprovechar el fin de siglo y de milenio para poner al día y pasar en limpio el estado de las cosas en la investigación sobre el tema. Pero lo interesante del libro de Ian Kershaw es la manera en que, a partir de una consideración más bien endogámica, ilumina el problema con una luz más inclusiva. Esto hay que atribuirlo en parte a la tensión ensayística de la prosa de Kershaw, aunque también a su visión personal del problema, que remonta vuelo a partir de lo ya escrito.

Acaso la mayor dificultad con que se enfrenta en este caso el historiador es el supuesto de la naturaleza excepcional del nazismo. Para Kershaw esta presunción merece ser discutida. "La cuestión de si el nazismo fue excepcional, y en el caso de lo haya sido de qué manera lo fue, ha sido desde siempre objeto de un debate muy intenso -explica-. Muy frecuentemente se tendió a meter el nazismo en la misma bolsa del estalinismo (y, de manera más general, del comunismo) y a considerarlo una forma más del totalitarismo, que imponía por lo tanto verlo como una variedad del fascismo parecida a la dictadura de Mussolini. Sin embargo, en cada uno de estos casos, la comparación resultó más exitosa para mostrar los aspectos singulares del nazismo que para subrayar las semejanzas. Del mismo modo, el exterminio judío ha sido ubicado en los estudios comparativos de genocidio, aunque también aquí nos enfrentamos con aspectos sumamente singulares del Holocausto y del régimen nazi que lo perpetró."

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-Justamente, aunque se usan dos palabras distintas, tendemos a considerar el nazismo y el fascismo como dos fenómenos similares. ¿Es decisiva la figura de Hitler en la distinction que usted establece entre ambos?

-Entre las tipologías de los sistemas políticos, el nazismo puede ser visto sin duda como una rama del fascismo. Pero esa categorización no explica de manera acabada la especificidad de un régimen capaz de semejante energía destructiva que constituyó la fuerza principal detrás de la peor guerra de la historia y el genocidio más sangriento que haya conocido el género humano. Creo que el elemento distintivo crucial reside en una ideología de la salvación nacional por medio de la limpieza racial, la conquista y la dominación encarnadas en la figura de Hitler y el culto al liderazgo que se organizó alrededor de él. A esto hay que sumar un poder estatal burocrático, moderno y militarista.

-¿En qué medida la llamada Historikerstreit, la disputa de los historiadores, logró influir en la percepción del nazismo?

-No mucho, por lo menos no inmediatamente. Fue una disputa bastante activa hacia mediados de la década de 1980 que no ejerció un efecto duradero en las interpretaciones. Pero, con todo, implicó un giro importantísimo en la historiografía alemana, en el sentido de que llamó la atención de manera directa sobre el Holocausto. Esto dividió las aguas: antes de 1980, el tema no había sido nunca central; después, no dejaría, hasta ahora, de serlo.

-En ese sentido, está de acuerdo con la idea de Max Horkheimer y Theodor W. Adorno de que, lejos de la irracionalidad, el nazismo es una derivación de la razón iluminista? ¿Sería en todo caso ese el punto irreductible del nazismo?

-La verdad es que no creo que esa idea nos ayude a pensar mejor la emergencia del nazismo. La racionalidad de la Ilustración había recibido ya fuertes ataques intelectuales antes de la aparición del nazismo. Por lo demás, no había ningún motivo lógico por el que estas reacciones contra la Ilustración derivaran en el nazismo y, en consecuencia, decir que se trató de una consecuencia entre otras no explica demasiado. Me parece que lo mejor es mirar las cosas más de cerca y concentrarse en las innumerables perturbaciones políticas, económicas y sociales que sobrevinieron después de la Primera Guerra. Fueron ellas las que decidieron el destino de Alemania.


Fuente: Diario La Nación de Argentina (8/8/2013)


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