¿Un ingeniero químico en el Fondo Editorial del Congreso?

La única ocasión en que he recibido una llamada (y luego de ella, continuos correos electrónicos) para recibir libros de cortesía y luego coordinar entrevistas con los autores de esos libros (algo habitual en el periodismo cultural), ha sido de parte de Rocío Milla Reyna, la ahora removida Jefa del Fondo Editorial del Congreso de la República (FECR). Digo esto, porque, además del Instituto de Estudios Peruanos, ninguna otra editorial (o su responsable, como es el caso de Rocío) colaboraba conmigo en lo que a reseñas de libros se refiere y muchas veces (es decir, casi siempre) tengo que comprar las publicaciones que reseño o a cuyos autores hago una vídeo-entrevista.

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Por eso tengo que lamentar, casi protestar, por la remoción en el puesto de quien, pese al poco tiempo que tenía en el mismo, había desarrollado una actividad incansable y una dedicación sincera a su trabajo y funciones. Prueba de ello es que ha podido sacar adelante publicaciones que dormían el sueño de los justos y que eran dejadas de lado por publicar aquellas que venían recomendadas. El reciente libro de la Dra. Scarlett O’Phelan, “Mestizos Reales en el Virreinato del Perú: indios nobles, caciques y capitanes de mita”, fue por fin publicado gracias a la persistencia de Rocío luego de que esperara casi dos años para llegar a las manos de sus ávidos lectores (un amigo me ha confirmado que “Mestizos reales” ha sido, sino el más, uno de los más vendidos de ese fondo editorial en la reciente Feria del Libro, lo que confirma el acierto de su publicación).

Ahora, con el cambio de Mesa Directiva, volvemos a la práctica tan habitual en el Perú de volver a fojas cero, de retroceder todo lo avanzado porque el que viene, ‘viene con su gente’. Es decir, que el FECR, que depende de la vicepresidencia de ese poder del Estado, trae nuevo Jefe editorial porque también es nueva la vicepresidenta. Y su amigo, debo suponer, porque a mí no termina de convencerme el nombramiento de un ingeniero químico en la dirección de un fondo editorial. Por supuesto, puedo equivocarme al menospreciar sus capacidades intelectuales, pero resulta que hay más tela que cortar en este enojoso asunto.

Resulta que el ingeniero químico que ahora se va a hacer responsable de uno de los fondos editoriales más prestigiosos y productivos en el campo de las Humanidades en nuestro medio, es nada menos que el señor Luis Córdova Farías. Sí, ese mismo.

El ex presidente del Directorio de Editora Perú que, gracias a un vacío legal en el contrato que redactó el Fondo Nacional de Financiamiento de la Actividad Empresarial del Estado (FONAFE) pudo demandar a la casa editora que imprime el diario oficial El Peruano por la suma de 749,263.00 soles por supuesto incumplimiento de beneficios laborales. El 13 de enero de este año, la Sala de Derecho Constitucional y Social de la Corte Suprema falló a su favor, en parte, y ordenó a Editora Perú que “abone a favor de Córdova Farías la suma ascendente a S/. 418,735.16”. Nada condenable si, como denunció Perú 21, no se habría dado el hecho de que uno de los testigos claves en la demanda de Córdova Farías contra Editora Perú, Horacio Barrios Cruz, entonces ejecutivo de la misma, no fuera ahora el mismo que, como nuevo gerente general, será quien firme el cheque que se embolse el flamante nuevo Jefe del Fondo Editorial del Congreso.

¿Algo de qué extrañarnos? ¡Para Nada!

Como dije, quien nombra al responsable de ese puesto es la primera vicepresidencia del Congreso. Pero ocupada como está seguramente la Dra. Carmen Omonte (GPPP), ha delegado nada menos que en el congresista peruposibilista Modesto Julca Jara tal responsabilidad. Sí, ese mismo también.

El congresista que está a la espera de que el Pleno discuta y vote la sanción de 120 días que recomendó la Comisión de Ética del Congreso por incurrir en el presunto delito de nepotismo al recomendar la contratación de su hija política en la Comisión de Fiscalización, ocultando a su colega Martín Belaunde que se trataba de su hijastra. Julca, como se recuerda, reconoció su ‘falta’ al “no haber advertido de que era un familiar” y pidió disculpas, pero hasta hoy considera excesiva la recomendación de suspenderlo 120 días.

Ahora debe parecerle también excesivo que este modesto periodista cultural cuestione el nombramiento que ha hecho en el FECR, pero la verdad sea dicha es que no había razón para remover a quien hacía un trabajo excelente, era competente en el desempeño de sus funciones y, sobre todo, se preocupaba tenazmente porque los libros que publica el Fondo tuvieran una cobertura mediática mayor de la que tienen.

Lo más probable es que después de escribir esto no vuelva a recibir ni libro, ni llamada, ni correo electrónico alguno para seguir con las entrevistas a los autores. Pero saben qué, no hay otro modo de hacer las cosas. Porque, como decía Don Miguel de Unamuno, "a veces, quedarse callado equivale a mentir". Así de simple.


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