El régimen hispánico, una organización corporal

Por Carlos Ramos Núñez

Rafael Sánchez-Concha Barrios (Lima, 1964), profesor de historia de la PUCP en los últimos meses nos ha obsequiado dos importantes libros. El primero, Mirando al Perú histórico: sobre el pasado peruano. El segundo que presentamos a continuación, Del régimen hispánico. Estudios sobre la conquista y el orden virreinal peruano, publicado por la Universidad Católica San Pablo de Arequipa, mediante su Centro de Estudios Peruanos y su Fondo Editorial como parte de la colección Historia, Sociedad y Cultura.

Del régimen hispánico se organiza en tres planos: el jurídico (que, a mi juicio, ocupa un lugar esencial); el teológico, emparentado también con lo jurídico, pero que participa de una dinámica hasta cierto punto autónoma; y el cultural. Esta concepción tridimensional del libro se vincula (hasta proporcionalmente podríamos asegurar) al derrotero intelectual del autor. En efecto, Rafael Sánchez-Concha suma a su consistencia histórica como a sus conocimientos teológicos (es miembro de la Academia Peruana de Historia Eclesiástica), una óptima formación legal, que, hunde sus raíces a sus años de estudiante en una Facultad de Derecho y que, con el devenir de los años, ha cultivado con rigor al punto de manejar, como se observa en la obra, con solvencia categorías propias de las letras legales.

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Así, el trabajo se configura en partes. En la primera, el autor se ocupa de la época de los conquistadores. Se trata de las expediciones fallidas –culminada la conquista del Perú– a los Andes orientales que emprendieron Pedro de Candia y Peranzúres de Camporrendo. Me interesa destacar, sobre todo, la fuente utilizada que sirve de coto de caza de la investigación: el libro de expedientes de Juan de Grajeda, quien acompañó a estos conquistadores tardíos. Se trata de una verdadera joya documental. Figuran en el infolio del escribano ibérico contratos, obligaciones, compromisos, trueques o permutas (es muy común que cambien de caballos entre sí), testamentos, poderes y hasta designaciones de comisarios testamentarios, ahora inexistentes.

La conquista se exhibe como una trama jurídica, pero no sólo, a partir de las frías disposiciones legales, se observa, en realidad, un entresijo social vivo y dinámico. Los conquistadores (que Rafael Sánchez-Concha distingue con cuidadoso detalle), así como quienes los secundan o entran en contacto con ellos viven en Derecho con intensidad y, por supuesto (esto no es solo un inconveniente de la justicia indiana), lo violan con frecuencia. Hacia el año 1539, cuando se supone desaparecida la servidumbre nativa en términos de intercambio, en virtud de las prédicas de Bartolomé de las Casas, en el pueblo de indios de Huarina, junto a un caballo y un negro esclavo, se adquiere también a título oneroso una india nicaragüense. Por lo visto, las reales cédulas, en muchas ocasiones, característica típica del Derecho indiano, eran solo letra muerta, papel mojado como sostenía Ricardo Palma en sus Tradiciones peruanas: "Ostias sin consagrar." Al final y al cabo, como ha explicado lúcidamente, el estudioso argentino, Víctor Tau Anzoátegui, en su clásico libro, La ley en América, era una potestad de las autoridades coloniales (y por lo visto no solo de ellas) llevar o no efectiva el vigor legislativo de una norma.

DISCRIMINACIONES

El autor dedica su atención a uno de sus más preciados temas: la organización del Estado en la época de la conquista y el virreinato. El autor reconstruye la historia conceptual desde Platón en el Timeo, pero especialmente en La República; La Política de Aristóteles y autores como Plutarco y Cicerón, pero se detiene especialmente en Juan de Solórzano y Pereyra, el más gran indianista, quien desarrolló en su Política Indiana los fundamentos teóricos y prácticos de la separación en dos repúblicas: indios y españoles o, viceversa. En disputa polémica, Rafael cuestiona a Magnus Mörner, quien estima que tras dicha división reposaba una suerte de apartheid social. Sánchez-Concha, quizá con cierto conflicto de sentimientos (muy natural entre nosotros los peruanos), replica que las dos repúblicas no contenían discriminación alguna. En realidad, "lo que se buscaba (uso sus palabras) era proteger a los nativos andinos de los malos hábitos de los españoles y de todas aquellas castas que con su mal ejemplo podrían comprometer la 'policía' de los naturales, el bien común y la armoniosa concordia del mundo" (p. 74). Es muy probable que la verdad estuviera a medio camino entre la afirmación de Mörner y el juicio de Rafael. El Derecho indiano, finalmente, creado para gobernar las posesiones de ultramar con márgenes de autonomía, daba atención a los nativos, pero no en el plano de la igualdad legal (exigir eso constituiría, en realidad, un anacronismo que correspondería a tiempos futuros en la época de la Ilustración y del liberalismo), sino con una asimétrica distancia. Era una forma de observar al otro, al vencido, según anota Todorov al ocuparse de la conquista de México. Quizá la verdad se encuentra a la mitad de camino: entre la conmiseración y la supremacía.

Jurisdicciones

En la segunda parte, "El orden hispánico", más extensa que la primera, Rafael Sánchez-Concha exhibe su destreza legal. Examina, por ejemplo, un robo sacrílego ocurrido en Lima el año 1711. La jurisdicción del Santo Oficio se mostró más benevolente que la jurisdicción común. En efecto, mientras la primera deportó al acusado; la segunda exigía la pena de muerte, previa mutilación de sus extremidades superiores.

CARLOS RAMOS NUÑEZ es jurista e historiador peruano. Miembro de Número de la Academia Peruana del Derecho y de la Academia Nacional de Historia. Catedrático de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

* Publicado en el suplemento Jurídica, del diario El Peruano, N° 473, el 17 de setiembre de 2013.


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