Las reformas educativas en el Perú

Por Manuel Burga Díaz | Historiador y docente universitario

Siempre me ha llamado la atención dos comisiones creadas para elaborar reformas educativas en nuestro país.

La primera, designada por el presidente Manuel Pardo, encabezada por el ministro Manuel Odriozola e integrada por liberales peruanos y extranjeros, como Manuel A. Fuentes, Eduardo de Habich, Sebastián Lorente, Pierre Pradier Foderé, entre otros. Liberales que venían de España, Francia y Polonia con la pretensión de cambiar el mundo.

Todos jóvenes y de muy alto nivel. Trabajaron intensamente durante ocho meses para preparar una propuesta, que meses después el presidente Pardo promulgó como el Nuevo Reglamento de Instrucción Pública en marzo de 1876, a cuatro meses del término de su mandato.

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La otra comisión fue designada por el general Juan Velasco Alvarado y estuvo integrada por Emilio Barrantes, que la presidía, además de Walter Peñaloza y Augusto Salazar Bondy, tres maestros de muy alto nivel, comprometidos con las prácticas educativas y con la educación nacional.

El trabajo de esta comisión terminó en el famoso Libro Azul, que inmediatamente después se convirtió en la nueva Ley General de Educación de 1972, que intentó la reforma educativa del siglo XX, pero que tuvo muy corta duración.

Muchos se opusieron a esta reforma. Tuve como profesor de Introducción a la Filosofía a Augusto Salazar Bondy y recuerdo vivamente sus clases, su seriedad, su aire cansado, dedicación y el trabajo que desplegaba en el aula. La oposición a esta reforma y a la ley universitaria de 1969 fue verdaderamente dramática, alucinante y dogmática.

Las vanguardias maoístas, que luego se agruparon en varios grupos radicales, entre ellos SL, las satanizaron, rechazaron y repudiaron. Incluso agredieron a alguno de sus defensores, no recuerdo si a Salazar Bondy.

Las dirigencias estudiantiles reclamaban estentóreamente mantener el statu quo: el regreso al sistema de facultades y la supresión de los estudios generales. En estas circunstancias, de ascenso de los maoísmos en las universidades, en 1974, cuando ya se había iniciado el crepúsculo de esta reforma educativa, se produce el fallecimiento de Salazar Bondy, a los 49 años.

Estas dos comisiones son destacables por la calidad de sus integrantes, por la magnitud de sus propuestas, que formaban parte de originales planes de gobierno, por traducir las coyunturas políticas, ideológicas de entonces y por el significado que han tenido en la historia de la educación peruana.

A la primera, para descalificarla, la acusaron de anticlerical, y a la segunda, con la misma intención, de fascista, pequeñoburguesa. Con el paso del tiempo, la historia parece haberlas reivindicado. La primera creó el sistema moderno de la educación peruana, dividida en tres ciclos, primaria, secundaria y superior, orientada a descubrir el país e impulsar su desarrollo. El libro de Antonio Raimondi, El Perú, de 1874, resume bien la intención de esta reforma.

La segunda, formulada en el ocaso del poder oligárquico en el Perú, propuso transformar el país, suprimir las exclusiones, respetar la diversidad y crear un nuevo tipo de ciudadanía. La historia muestra, por estos ejemplos, que no es fácil una reforma de la educación, sobre todo si tiene que ver con la universidad. Aprendamos de la historia.


Fuente: Diario Oficial El Peruano (29/8/2013)


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