No son racistas, son torpes

En otros países (y medios de comunicación) con auténtica cultura cívica, por hechos menos graves que este rodarían cabezas. Pero aquí, para algunos basta con una disculpa que ni siquiera llega a eso y con citar un código de ética que es solo un manual de buenas intenciones o un saludo a la bandera.

Por desgracia, nada de lo que diga o haga ahora Perú21 podrá reparar el hecho de que la eficiencia (por decir lo más amable) de ese diario y su director para controlar el contenido de su sitio web deja mucho que desear. No se diga ya nada de su credibilidad.

La nota 'aclaratoria' que el diario acaba de publicar, ocurre tres días después de que los insultos más vergonzosos que se hayan publicado en la historia de la prensa peruana contra una mujer se hicieran públicos (y cinco después de que estos empezarán a proliferar). A menos de que exista un desinterés total en los mismos por parte del diario y sus directivos por a quién estaban dirigidos, todo indica que de no mediar el enojo y la repulsa públicos generalizados, lo más probable es que estos todavía seguirían su andadura pública y notoria. Por otro lado, Perú 21 es torpe en su disculpa.

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Nadie ha acusado a sus periodistas de haber hecho esos comentarios racistas. Lo que sí se ha dicho es que los han permitido con una impunidad y desinterés que resultan cómplices. Como sabemos todos, se peca o se delinque tanto por omisión como por comisión. Si alguien lo ha olvidado, cuando Vargas Llosa renunció a seguir escribiendo en El Comercio por la compaña sucia contra Humala que desplegaba ese diario, los comentarios en su página web no se hicieron esperar. Fue un miembro de su comité editorial, el que, presta, diligente y raudamente, ordenó cerrar los comentarios que iban dirigidos contra la señora que orquestaba esa campaña. ¿No pudieron ahora mostrar la misma eficiencia y rapidez? ¿O será que por tratarse de una mujer de origen andino no vale la pena tomarse tantas molestias?

Este lamentable episodio ha puesto de manifiesto, una vez más, que el Perú no solo está enfermo de racismo, sino también de un cinismo que lo apaña y lo cobija. El mismo cinismo que ha dejado ser patrimonio exclusivo de nuestra clase política.

La torpeza que Perú 21 ha mostrado frente a este hecho es del tamaño de su ingenuidad si creen que basta, para calmar las aguas, con citarnos sus Principios Rectores y que todos nos vamos a tragar el texto de su nota aclaratoria: "Esos comentarios no concuerdan con los Principios Rectores que orientan nuestra labor informativa, que de manera indubitable condenan cualquier práctica que atente 'contra la igualdad de las personas' y rechazan 'cualquier tipo de segregación, ya sea de raza, sexo, política, religión, económica, etcétera' ”. O sea, bla, bla, bla. Como decía mi abuela, el papel aguanta todo.

Esto suena casi a lo mismo que se dijo (mejor dicho, a lo que no se dijo) cuando con una mano recibían un homenaje por promover la lectura en el país, y con la otra ordenaban cerrar un blog dedicado a los libros por hacer su trabajo: informar sobre los incidentes en la feria de libros.

Si Perú 21 realmente quiere demostrar un mínimo de decencia y contrición por lo sucedido, debería enviar a su casa a su director que ha mandado por el sumidero de la historia la credibilidad de ese diario y que ha mellado la de toda su plana periodística por una capacidad de reacción de la que definitivamente carece (¿Y así pretende dirigir un diario?). De ahí la tontería de creer que exculpando a sus periodistas, se exculpa él y, de pasadita, todo el Grupo mediático del que forma parte y al que absurdamente ha comprometido.

Mejor, que aprenda a hacer su trabajo primero.


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