San Marcos exonerará del pago a 1.000 postulantes

Estudiantes de bajos recursos económicos que hayan tenido como promedio 15 en sus notas serán los beneficiados.

Piden presupuesto para continuar investigaciones

Walter Alva recordó que en el 2016 no se ejecutaron trabajos de investigación arqueológica en Lambayeque.

Se realizarán tours nocturnos en Chavín de Huántar

Ministerio de Cultura autorizó visitas para promover importante monumento arqueológico.

Polémica de los Pitufos comunistas ya es mundial

La prestigiosa BBC hace eco de la polémica desatada en Uruguay por comparar a los Pitufos con una sociedad comunista.

¿Se hará realidad la ficción cinemtográfica

Según la agencia, roca espacial circuló demasiado cerca de nuestro planeta.

Grupo de expertos evaluará fortaleza de Kuélap tras daños por lluvias

Lima, mar. 31 (ANDINA). Una comitiva de especialistas viajará este martes a la fortaleza de Kuélap, ubicada en la región Amazonas, para evaluar los daños que han dejado las lluvias en dicho sitio arqueológico, informó el Ministerio de Cultura.

El grupo es experto en conservación de patrimonio cultural (un ingeniero/arqueológo y un arqueólogo/conservador).

Las precipitaciones ocasionaron el colapso (desprendimiento) de un área aproximada de 10 x 15 metros cuadrados de la muralla perimetral.

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Ante este hecho, la Dirección Regional de Cultura Amazonas lleva a cabo las labores de conservación preventiva para proteger otros sectores que podrían verse igualmente afectados.

El Ministerio de Cultura indicó que adoptó, a través de la dicha dirección regional, las medidas de mitigación para la conservación y protección del monumento.

Se realizará, además, la evaluación integral del sitio para verificar la presencia de otros daños estructurales que hayan podido generar las fuertes lluvias para tomar medidas de prevención y mitigación.

La fortaleza de Kuélap está ubicada en la provincia de Luya, a 74 kilómetros (5 horas) al suroeste de la ciudad de Chachapoyas, capital del departamento de Amazonas.


El escaso juicio de Evo Morales

Historiadores y políticos consideran poco probable que La Haya atienda el reclamo boliviano.

Por Jorge Moreno Matos

El 23 de marzo del 2011 –hace ya más de dos años– Evo Morales anunció que Bolivia pensaba demandar a Chile ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya para obtener una salida soberana al mar. Desde entonces, no han cesado sus advertencias al respecto. A mediados del 2012, Morales tuvo que reconocer, sin embargo, que la empresa “no era tan sencilla y había que esperar”. La semana pasada, el mandatario puso fin a la espera y reveló que la demanda se presentará en los próximos días.

Aunque Bolivia ha manejado hasta ahora con mucha reserva el texto del documento, poco es lo que preocupa este en el vecino del sur. Analistas y políticos coinciden en señalar que este caso tiene muy poco futuro en La Haya. ¿Cuán sólida es la posición del país del Altiplano para recurrir a la justicia supranacional? ¿Qué dice el Tratado de 1904 que Bolivia pretende desconocer?

Más allá de la imposición

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Luego de perder el acceso al mar en la Guerra del Pacífico (1879-1883), Bolivia firmó en 1904 un tratado en el que acepta de manera definitiva los límites posteriores a la guerra. El documento confirmó la soberanía chilena sobre territorios que fueron bolivianos y que corresponden a una vasta extensión del desierto de Atacama, rico en recursos minerales. Hoy, Morales quiere modificar esa situación bajo el argumento de que el tratado es “injusto, impuesto e incumplido”.

¿Puede hacerlo? Según el senador socialista chileno Jaime Gazmuri, no. “Bolivia reclama que el tratado es injusto y puede que lo sea, pero tiene validez jurídica”, señala el legislador a este Diario.

En igual sentido se manifiesta el historiador y docente en la PUCP Daniel Parodi Revoredo: “Todos los tratados en los que una potencia superior le ha arrebatado territorios a una inferior son, por su naturaleza, injustos”, señala, pero aclara que eso no los invalida. “El argumento de la injusticia del Tratado de 1904 remite a que México también podría reclamar Texas y, por qué no, el Perú Arica y Tarapacá, porque el Tratado de 1929 también es injusto”, argumenta el historiador.

Sobre el hecho de que el tratado fue impuesto, el canciller chileno Alfredo Moreno ha aclarado que Chile en modo alguno ejerció algún tipo de coacción sobre Bolivia cuando se negoció, suscribió y ratificó el tratado. Un argumento que suscribe el jurista e historiador Carlos Ramos Núñez, profesor de Historia del Derecho en la Universidad Católica: “La posición de Bolivia en este caso, desde el punto de vista jurídico, es muy débil”, opina.

Y en el mutuo intercambio de acusaciones de esta semana en torno al incumplimiento del tratado, el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera declaró que Chile lo hizo en 1934, cuando cerró sus puertos para el libre tránsito de los pertrechos que Bolivia compró durante la Guerra del Chaco con Paraguay; y también en 1952, en represalia cuando las autoridades bolivianas nacionalizaron minas de capital chileno.

Sin embargo, el mayor problema con el tratado para la pretensión boliviana de concurrir a La Haya es su propia existencia. Carlos Ramos Núñez es contundente en ese sentido: “La corte interviene en ausencia de tratados, no en este caso”, afirma. “Lo que normalmente hace la corte cuando existe un tratado entre los países beligerantes es abstenerse”, manifiesta Parodi.

Una jugada de alto riesgo

En conversación con El Comercio, el ex canciller boliviano Armando Loaiza, quien fue uno de los seis ex cancilleres y cinco ex presidentes que se reunieron con el presidente Evo Morales esta semana, para afinar la estrategia del documento por presentar en La Haya, sostuvo que la demanda no significaría un desconocimiento del Tratado de 1904. “Bolivia pretende demostrar que hay varios aspectos fundamentales del tratado que Chile ha incumplido”, explica. “Bolivia cree que puede demostrar que Chile en diversas declaraciones, tratados y acuerdos ha contraído una obligación exigible por el derecho internacional para entrar en una negociación directa, destinada a llegar a un acuerdo con Bolivia”.

Sin embargo, Loaiza es consciente de que el envite que juega Morales es peligroso. “Rara vez Bolivia ha buscado la revisión del Tratado de 1904. En 1921, en la Sociedad de Naciones, lo intentó y sufrió un revés diplomático. Eso ha llevado a que muchos opinen que el presidente Morales está haciendo una apuesta muy arriesgada con una demanda ante La Haya, porque eso supone que la demanda marítima puede quedar gravemente afectada en el futuro si sufre una derrota o si la corte no la admite”.

De similar opinión es el senador chileno Jaime Gazmuri, para quien la decisión del presidente Morales puede tener políticamente un efecto negativo: paralizar el diálogo entre los dos países mientras se resuelve la demanda. “Vamos a estar cuatro o cinco años en tribunales, e interrumpir el diálogo en espera de un dictamen judicial, en el cual creo que Bolivia tiene argumentos poco sólidos”, sentencia.

Más drástico es su colega, el diputado Jorge Tarud, al afirmar que “todos los abogados le han dicho [a Evo Morales] que Bolivia no tiene nada que hacer en La Haya”. Ramos Núñez también cree que el trasfondo de la demanda es otro. “Es un error de Bolivia, una falta de profesionalismo diplomático motivada por la necesidad de una legitimación interna por parte de Evo Morales ante la crisis política que tiene que enfrentar”. Una realidad que se hará evidente (o no) cuando se conozca el texto oficial de la demanda.

ENTREVISTA
DanierlParodi Revoredo
, Historiador
“Es un presidente del siglo XIX”

¿Por qué piensa que Bolivia está equivocada en su reclamo?

Porque el concepto de territorio y la definición de nacionalismo que está manejando son propios del siglo XIX. El concepto de soberanía que está manejando Evo Morales también es del siglo XIX.

¿A qué se refiere con eso?

Cuando lo escucho hablar, estoy escuchando a un presidente del siglo XIX defendiendo su terruño con las uñas, buscando ir hasta la máxima consecuencia dentro de un ideal nacionalista y romántico de defender la patria.

¿El nacionalismo boliviano es el problema?

Los nacionalismos del siglo XIX ya pasaron. Eso empuja a los países a integrarse, a establecer relaciones comerciales, a relacionar a las personas. El nacionalismo al que se aferra hoy Bolivia es otro tigre de papel.

¿Qué debería hacer Bolivia?

Lo que yo creo que Bolivia debería hacer es negociar más y reclamar menos, y para eso tiene que actualizar sus conceptos y mirar hacia la globalización.

¿Por qué?

Porque Bolivia necesita acceder al Océano Pacífico, pero no con soberanía absoluta, un concepto del siglo XIX. Lo que debe hacer es negociar zonas francas, que le den territorios tipo Boliviamar, donde tenga todas las facilidades como si tuviera soberanía pero sin soberanía. Chile ha manifestado estar dispuesto a concedérselo. Yo creo que ha planteado mal las cosas.

El caso de Laguna del Desierto

No solo en el fútbol, sino también en otras canchas Chile ha saboreado el sabor de la derrota. En el campo diplomático, el revés más serio que ha sufrido en los últimos tiempos es el que tuvo que ver con Laguna del Desierto, una zona de 530 km2 que disputaba con Argentina. Ubicada en la Cordillera de los Andes, a 3.000 kilómetros al sureste de Buenos Aires y 1.700 de Santiago de Chile, sus límites nunca fueron establecidos por ninguna de las dos nacientes repúblicas, lo que llevó a ambas a reclamarla como propia. Un fallo arbitral en 1995 le otorgó, finalmente, la zona a Argentina. Patricio Aylwin, gobernante chileno en aquel entonces, fue tildado de entreguista. “La historia me juzgará... y abrigo la esperanza de que me juzgue bien”, fue el comentario personal que realizó cuando comunicó al país que su gobierno acataría el fallo.

La controversia por el Silala

Otra disputa de Bolivia con Chile se refiere al Silala, unos bofedales en Potosí próximos a la frontera, y donde se han construido criaderos de truchas. Bolivia sostiene que Chile desvía el cauce del agua (desde hace más de cien años se transportan por un acueducto al norte para consumo humano) sin compensación alguna. Chile ha manifestado que está dispuesto a pagar un monto por ello, pero hasta ahora no ha habido acuerdo.

LAS CRIFRAS
400 km de litoral perdió Bolivia durante la Guerra del Pacífico, que se inició en 1879.
120.000 km2 es la superficie que perdió Bolivia en dicho conflicto. Este territorio ha resultado muy rico en minerales.
70% del comercio marítimo boliviano pasa en la actualidad por puertos chilenos.

LA FRASE
“Morales está haciendo política interna [...] él sabe que su demanda no tiene ningún destino: lo único que le interesa es la reelección”.
Jorge Tarud
Legislador chileno



Publicado en el diario El Comercio, de Lima, el 31 de marzo de 2013.


Obertura Patriótica "Bicentenario" - Antonio Sillau y Eduardo Torres / Arreglo Orquestal: Diego Vela

Una cosa que nunca he podido desentrañar, mucho menos dominar, es el lenguaje de la música. Imposibilitado como estoy para hacer una reseña musical o un crítica decente sobre una sinfonía o un vals, siento una enorme frustración por no saber presentar adecuadamente y como se merece la Obertura Patriótica "Bicentenario", compuesta por Antonio Sillau y Eduardo Torres, con el arreglo orquestal de Diego Vela. Una pieza que me ha entusiasmado sincera y verdaderamente. El programa de la misma es el siguiente: Introducción - Marcha de ingreso de San Martín a Lima - Junín - Elegía por el soldado caído - Canto a Ayacucho (Autor: Jose Bernardo Alcedo) - El pueblo en la Plaza Mayor - Himno a la Libertad. Disfrútenla, al igual que yo.



"La caída de Bagdad", por Jon Lee Anderson (fragmento)

Me despertó el ruido de intensoscombates en las cercanías. Eran las ocho de la mañana [del 9-4-2003]. Me asomé al balcón para ver las explosiones dentro de los jardines del palacio, en la otra orilla del Tigris. Había llamaradas y súbitas nubes de humo negro se elevaban rápidamente desde los jardines y algunos de los palacios.Me zumbaban los oídos con el estruendo de las armasque estaban disparando, ametralladoras, tanques y cañones, y de las bombas que caían.

Sobre una ancha franja de arena que se extiende a lo largo de la ribera, a los pies del complejo palaciego, vi a varias docenas de soldados iraquíes de uniforme, algunos caminando y otros trotando. De pronto, todos echaron a correr rumbo a la carretera que discurre por la cima del terraplén de cemento en la orilla del río. Al correr formaron una larga línea desigual de unos 50 hombres moviéndose a distintas velocidades. Un par de ellos estaba en paños menores. Algunos nadaron en el río y treparon entre los juncos para traspasar una alambrada de seguridad que descendía por el terraplén desde los jardines de palacio hasta el agua.

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Yo no comprendía de qué huían los soldados. Luego vi que cuatro tanques grandes, de color caqui, americanos, se habían estacionado en lo alto del terraplén, a unos pocos cientos de metros de los soldados que corrían. Una nutrida andanada empezó a levantar polvo del terraplén y de la playa de arena que había debajo. Hubo más explosiones, y una columna de humo negro comenzó a ascender desde lo que parecían ser dos incendios de petróleo que ardía en la playa. Unos minutos después divisé apenas las figuras de varios hombres, soldados americanos, que disparaban acuclillados, al parecer, desde detrás de los tanques; no se distinguían bien. Ocurrían demasiadas cosas a la vez para asimilarlas todas. Al mirar por los prismáticos creí ver lo que en apariencia eran soldados iraquíes todavía en la playa, con la cabeza apenas visible por encima de los hoyos excavados en el suelo. Uno o dos parecían responder al fuego enemigo. Advertí por primera vez que toda la playa, sobre todo a lo largo de la orilla, estaba perforada por trincheras y fortificaciones.

Miré Abu Nawas abajo. Estaba desierta, a excepción de dos perros grandes que corrían juntos por la mitad de la calle. Minutos después vi a un iraquí, un tipo corpulento, vestido de paisano, que caminaba con cautela por mi lado de la calle, con un arma en la mano. Se cruzó con un hombre más mayor que transportaba varias bolsas en las manos, como si hubiera estado haciendo las compras de la mañana.Enese momento, un cámara y un reportero a los que identifiqué como alemanes salieron del Palestina y cruzaron la calle en dirección al río. Se aventuraron hasta una corta distancia en la banda de zona verde y empezaron a filmar la batalla. Vi que varios iraquíes se les acercaban, seguidos de un soldado con una pistola. Al converger sobre los dos periodistas estalló un furioso altercado. El soldado agarró la cámara y se lo llevó a tirones. Parecía intentar obligarle a que subiera a una camioneta conducida por otro soldado. El otro alemán, el reportero, trataba de detener al soldado. Hubo gritos coléricos y vi que el soldado apuntaba con su arma. Pensé que le iba a disparar al cámara. Los otros iraquíes se sumaron al tumulto. Era como si intentasen rescatar a los periodistas. Todos chillaban y se daban empujones. Por último, el soldado soltó a su presa, a regañadientes, y bajó el arma, y los iraquíes que habían ayudado a los alemanes les acompañaron hasta ponerlos a salvo en el hotel Palestina.

El ruido de la batalla pasó a ser un muro de sonido. Poseía una calidad sinfónica. Gran parte se componía de estruendos y estallidos—fuertes sacudidas de tanques y aviones, las ráfagas desgarradoras de los proyectiles—, pero también había un ruido rítmico, como si aporreasen mecánicamente un gran tambor de acero, y varias veces, un chirrido compacto. Subyacente, de vez en cuando, sonaba el ligero tableteo de fuego de armas automáticas. En varias ocasiones oí un crujido estrepitoso, como de palomitas de maíz metálicas que revientan, que se prolongaba y se volvía muy intenso; comprendí después que seguramente era la explosión de un depósito de armas. Era para mí un sonido nuevo, al igual que el chirrido, que resultó que procedía de los cañones de aviones A-10 Warthogs de vuelo bajo, que disparan 4.000 balas por minuto. También se oía el bramido de los cazas F-18 de vuelo bajo, o al menos sonaba igual que ellos. Estos aviones, que eran muy veloces y ruidosos, habían empezado a sobrevolar Bagdad hacía dos días, sustituyendo a los B-52 de las dos semanas anteriores, que volaban a gran altura. Una o dos veces arrojaron bombas o lanzaron misiles sobre los jardines del palacio y se alejaron.

Una súbita ráfaga de viento del sur elevó el humo de los incendios en la playa. La nube se fue extendiendo al cruzar el río en dirección al hotel, y en cuestión de unos minutos nos vimos envueltos en una cortina amarilla de niebla, polvo y humo. Era el comienzo de un nuevo turab, que singularmente había coincidido con la batalla en el palacio. La tormenta de polvo lo tapaba casi todo, pero la batalla prosiguió la mayor parte del día.

Hacia mediodía decidí abandonar mi atalaya en el balcón y bajar al Palestina para averiguar lo que estaba pasando. Los ascensores del Sheraton ya no funcionaban y tuve que bajar andando los 12 pisos hasta la calle. Había reporteros pululando por la entrada del Palestina. Supe que Muhamad al Sahaf había aparecido para dar una breve conferencia de prensa —la más breve hasta entonces— en la que había negado en redondo que hubiese tropas americanas en Bagdad.

—Son realmente enfermos mentales —había dicho—.Handicho que han entrado con 65 tanques en el corazón de la capital. Les informo de que esto dista muchísimo de ser cierto. Esta historia es sólo una muestra de su enfermedad mental. EnBagdad no han entrado en absoluto tropas americanas ni británicas.

Afirmó que los estaban rechazando y “exterminando”, y añadió expresivamente que se estaban “suicidando a las puertas de Bagdad”.

—Lesanimaremos a que se suiciden. Como ha dicho el presidente Sadam: “Dios les concederá que los entierren manos iraquíes”.

A 500 metros de los tanques

A menos de 500 metros de donde Sahaf hablaba había varios tanques Abrams americanos, pero este hecho no parecía importarle. Dio luego un pequeño sermón a los medios de comunicación sobre la necesidad de ser verídicos y exactos en su información de los sucesos, y señaló a periodistas, en especial de Al Yazira, por decir mentiras sobre lo que estaban presenciando. Al parecer, Al Yazira había transmitido noticias en directo de los combates desde su propio chalé en la ribera opuesta del Tigris, a unos centenares de metros río arriba del complejo palaciego. Antes de marcharse, Sahaf había dicho a todos los presentes:

—Tengan la seguridad de que Bagdad no corre ningún peligro; Bagdad es grande.

En los últimos días me habían intrigado cada vez más los móviles de Sahaf, el último alto funcionario iraquí que había sido visto desde la toma del aeropuerto, para hacer sus declaraciones asombrosas. Sólo pude llegar a la conclusión de que él creía que no éramos tan distintos, en definitiva, de los ciudadanos iraquíes, que habían perdido desde hacía tanto tiempo su capacidad de denunciar una mentira o de contradecir cualquier versión oficial. Tal vez Sahaf pensara que le creeríamos si hablaba con suficiente cordialidad y aparente convicción.

Organizaron un recorrido en autobús para la prensa. Me uní al grupo, intrigado por saber adónde nos llevarían que pudiese confirmar las increíbles aseveraciones de Sahaf. El autobús bajó la calle Sadún. (Desde la calle Sadún no se veía el río ni los tanques americanos al otro lado). Me chocó que aún hubiese coches en las calles y que estuviesen abiertos en la acera un par de quioscos de cigarrillos y golosinas.Ala hora de cruzar el Tigris, el conductor eludió el puente más próximo, el Yumhuriya, que atravesaba el río en un punto justo enfrente de los muros del palacio, y siguió hasta el segundo puente río arriba, el Sinak, en la carretera que pasaba por delante del Ministerio de Información. La ciudad estaba casi desierta, exceptuando a unos cuantos combatientes desperdigados en grupos de dos o tres, casi todos de paisano y con kefiyas a cuadros rojos y blancos envueltas como turbantes alrededor de la cabeza. Algunos, armados con lanzagranadas propulsados por cohetes y cargando otros proyectiles, cruzaban la calle rumbo al palacio presidencial. Nos hicieron la V de la victoria. El autobús siguió hasta tres manzanas más allá del Ministerio de Información, dio un giro a la derecha de unos doscientos metros, llegó a la estación central de autobuses, que estaba vacía, y emprendió el regreso. Unos soldados bloqueaban la calle que normalmente llevaba al hotel Al Rasheed. Corría el rumor de que los americanos se habían apoderado del hotel durante la noche. El trayecto terminó diez minutos después de haber empezado.

De nuevo en el Palestina, pregunté a uno de los funcionarios del ministerio aún accesible (muchos habían desaparecido desde la captura del aeropuerto) cuál había sido la finalidad del viaje en autobús. Me dijo que desmentir la afirmación de los americanos de que habían tomado el Ministerio de Información. Cuando le pregunté por el Al Rasheed, se limitó a mover la cabeza y fingió que no mehabía oído. Luego dijo, con entusiasmo, que el ministerio esperaba llevarnos a ver unsitio en los barrios del sureste donde los iraquíes habían matado a “cientos de americanos”.

—Hay cadáveres por todas partes —me dijo, jubiloso—. Ya les habríamos llevado allí si no fuera porque los americanos han dejado muchas bombas de dispersión. Es demasiado peligroso llevarles. Tenemos que retirarlas. En cuanto acabemos, le doy mi palabra de que verá lo que le estoy diciendo [...].

El ultimátum

Bagdad estaba insólitamente silenciosa aquella noche. Me quedé levantado hasta la madrugada en mi nueva y confortable habitación del Al Rasheed, escribiendo y poniendo al día mi correo electrónico. Antes de acostarse, hacia la una de la madrugada, Paul cubrió las ventanas de nuestras habitaciones con grandes X de cinta adhesiva y llenó de agua los bidones de plástico. A las 3.30 [20 de marzo de 2003], cuando se acercaba la hora límite fijada por el presidente Bush, lo único que se oía era el zumbido de algún que otro coche y unos perros ladrando. A las cinco, cansado y pensando que quizá el ataque no comenzaría aquella noche, me acosté para tratar de dormir. Cerca de una media hora después, cuando me estaba adormilando, oí un gran estruendo amortiguado. Mi cama se movió, como si hubiera habido un terremoto bastante lejos de allí. Luego creí oír un avión que volaba muy alto. Me levanté de un salto y llamé a Sabah y a Paul. Mientras lo hacía, hubo sonidos más fuertes y rápidos, de bombas o de fuego antiaéreo —no supe de qué—, seguidos de sirenas. Cuando aparecieron Paul y Sabah, sonaron más detonaciones. Unos coches pasaron a gran velocidad, unos hombres gritaron y al cabo de unos minutos se oyeron más explosiones, y luego, todo alrededor, comenzó el repiqueteo del fuego antiaéreo. Cayó otra bomba produciendo una explosión terrible y las baterías respondieron con más fuego. A las seis de la mañana despuntó el azul claro del alba y hubo un silencio sólo interrumpido por el canto de un único gallo, de pájaros piando y de un muecín que llamaba una y otra vez a la oración, “Allahu Akbar”. No hubo más explosiones.

Minutos más tarde, Paul recibió una llamada de su redactor jefe en Sidney advirtiéndole de que el Ministerio de Asuntos Exteriores australiano acababa de enviarle un mensaje de que teníamos que abandonar urgentemente el Al Rasheed, porque era “un objetivo muy importante”, y trasladarnos al Palestina, que era “seguro”.

Intentamos llamar a la habitación de John Burns para avisarle y después fuimos corriendo a llamar a su puerta. No contestó nadie. Tras recoger algunas de las cosas más indispensables —el teléfono vía satélite, el ordenador portátil, dinero y algo deropa—bajamos pitando al coche de Sabah. Dijimos a Muhamad, el chófer de Paul, que llevara en su coche el generador, el combustible y los bidones de agua. Paramos en la recepción para prevenir al recepcionista. Había a la vista muy pocos empleados del hotel, así como huéspedes. El recepcionista no parecía entender lo que le estábamos diciendo. Nohacía más que repetir como un tonto que su trabajo consistía en quedarse donde estaba, y que sus “jefes” se enfadarían si se iba. Nos indicó que en el hotel había un refugio donde estaría a salvo. Le dijimos que los americanos tenían bombas que destruían los búnkeres; allí no estaría protegido. Le aconsejamos que si oía aviones o sirenas, saliera al jardín. Asintió, no muy convencido. Nos preguntó por la cuenta. Exasperado, le dije que guardábamos nuestras habitaciones y que no era el momento de preocuparse por la cuenta. Salimos y recorrimos calles desiertas hasta el Palestina.

[...]

Una vez reinstalados en nuestro mísero cuartito del Palestina, mandé a Sabah que se fuese a su casa a ver a su familia, dejé que Paul organizara las cosas y sucumbí al sueño, agotado.Unpar de horas después, cuando Sabah volvió y vino a despertarme, le pregunté quétal estaba su familia. Leasomaron las lágrimas. (...) Mirando hacia arriba y hablando en voz baja, con su inglés imperfecto, dijo:

—Okay el bombardeo para Sadam, pero no para el pueblo iraquí. Una bomba..., todo terminado, adiós.

Alrededor de una semana antes, Sabah me había invitado a su casa por primera vez y me había presentado a su mujer y a numerosos parientes. Vivía en un barrio de clase trabajadora, pero en una de las casas más bonitas de la calle, pagada, me dijo, con el dinero que había ganado trabajando de chófer de la CNN durante la guerra del Golfo [...].

Patrick Dillon se había enterado de algún modo de que yo no me había ido de Bagdad, y vino a mi habitación cuando yo estaba durmiendo y me deslizó una nota por debajo de la puerta. Decía: “Jon. Albert Camus dijo: ‘A las cuatro de la mañana, todo el mundo está exactamente donde se supone que debe estar’. Me encanta que estés donde se supone que debes estar...”. Paul había localizado finalmente a John Burns, que resultó que no había oído nuestras llamadas por teléfono ni los golpes en su puerta, porque había trasnochado hasta después de amanecer, y, tras enviar un texto sobre el bombardeo, se había acostado con tapones en los oídos para no oír ningún ruido. Al parecer, él y Tyler se estaban trasladando al Palestina, como todos los demás. Para entonces, la advertencia respecto al hotel Al Rasheed había sido transmitida por otras fuentes, entre ellas el Pentágono, y difundida ampliamente. El aviso también concernía al hotel Mansur, que estaba al lado del Ministerio de Información y era un lugar poco seguro donde alojarse, pues el ministerio figuraba entre los objetivos prioritarios de los bombardeos. En un informe secreto destinado a los ejecutivos de los medios de comunicación americanos, el Pentágono había dicho a las organizaciones de noticias que seguían operando en Bagdad que recomendaran a sus corresponsales que evitasen el ministerio durante las 48 horas siguientes.

Hacia el mediodía volví en coche al Al Rasheed para recuperar parte de mis pertenencias. Una vez más, el hotel estaba desierto. Me di una ducha caliente e hice varias llamadas a mi familia, por teléfono ordinario y vía satélite, para comunicarles que me encontraba bien. Conecté con Internet en mi portátil, buscando noticias del mundo exterior, y supe que la finalidad de los ataques aéreos de aquella mañana temprano había sido “decapitar” al mando iraquí y que se habían efectuado contra uno de los refugios de Sadam, a las afueras de Bagdad. Periodistas y funcionarios americanos estaban ya conjeturando que Sadam podría haber muerto en estos bombardeos [...].

¿El ‘doble’ de Sadam?

Al entrar en el vestíbulo del Palestina y atravesar la avalancha de periodistas, escoltas, hombres del Mujabarat y escudos humanos que se agolpaban allí, vi a un corro de gente alrededor de un televisor. Me abrí paso y vi que estaban viendo a Sadam, que hablaba a la cámara en una borrosa imagen de vídeo. Por lo que pude colegir, estaba diciendo cosas que dejaban claro que el vídeo había sido filmado horas antes de aquel mismo día, después de los ataques, lo cual significaba que seguía vivo. Al alejarnos, pregunté a Sabah qué opinaba. No estaba seguro. Dijo que era posible que el hombre del vídeo no fuese Sadam, sino uno de sus supuestos dobles; dijo, dubitativo:

—Tenía las orejas más grandes, parecía más viejo y llevaba gafas. Quizá no fuera Sadam.

Desde nuestra habitación en el Palestina se divisaba el hotel más pequeño de Patrick, el Al Fanar, donde se alojaban los pacifistas de Kathy Kelly y gentes variopintas como Patrick Dillon. Paul y yo montamos guardia, pensando que el bombardeo se reanudaría por la noche. Desde nuestro balcón se veía una sección del río, varios de los puentes que lo cruzaban y parte del complejo palaciego en la otra orilla. A lo lejos divisábamos también la sede central del partido Baaz, el hotel Al Rasheed y los ministerios de Información y Asuntos Exteriores. Más allá veíamos la torre de telecomunicaciones Sadam [...].

El bombardeo empezó hacia las 18.30. De repente hubo tres grandes explosiones, justo al otro lado del río. Varios de los edificios del palacio y de los ministerios parecían tocados, pero después de las bolas de fuego iniciales no se veía mucho. Parecían arder los pisos inferiores del Ministerio de Urbanismo, una mole de color ocre, al borde del complejo palaciego, cerca del puente más próximo. Aquí y allá saltaban y brillaban las llamas, y columnas de humo oscuro ascendían hacia el cielo nocturno. Todos los grandes edificios simbólicos de la dictadura de Sadam aún se tenían en pie [...].

Miré desde el balcón a ver si divisaba a Patrick abajo, en su balcón del Al Fanar. No le vi a él, pero sí a otros huéspedes, pacifistas europeos o americanos, sentados en sus balcones. Uno de los pacifistas, encorvado en su asiento y atisbando fuera, había atado una bandera blanca, que colgaba lánguida de un mástil sobre la calle. Unas puertas más abajo, en la acera delante de la entrada de otro hotelito, los apartamentos turísticos Al Rabe, había cerca de una docena de iraquíes, sentados en sillas de jardín, como una familia que toma el aire fresco de la noche. Vi unos cuantos coches circulando, incluso algunos sobre los puentes. Ladraban unos perros y el río parecía tan en calma como una balsa de aceite, sin más que un resplandor de movimiento en su superficie.


Aula Abierta: Luces y sombras sobre la época colonial, con Pedro Guibovich

En el siguiente vídeo, de la excelente iniciativa Aula Abierta de la Pontificia Universidad Católica del Perú, el historiador Pedro Guibovich analiza una serie de mitos sobre el periodo colonial.



Aula Abierta: Los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega, con Estrella Guerra

Carmen McEvoy: "Si La Haya es favorable a Perú, será una recuperación simbólica"

Para esta académica, un dictamen no favorable para Chile puede significar una ganancia a largo plazo.

Por Cristina Cifuentes

Cuando quedan pocos meses para conocer el fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre el diferendo marítimo entre Chile y Perú, la historiadora peruana Carmen McEvoy participó en el foro “Chile y Perú después de La Haya”, organizado por el Instituto de Investigación de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales, para analizar las repercusiones y alcances de este litigio. En su libro Guerreros civilizadores. Política, sociedad y cultura en Chile durante la Guerra del Pacífico (1879-1883), la académica de la Universidad del Sur, Sewanee, en Estados Unidos, entregó una visión peruana del conflicto, pero basándose en fuentes chilenas. En conversación con La Tercera, analizó las consecuencias de la guerra hasta nuestros días.

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¿Cuáles son las lecciones aprendidas de la Guerra del Pacífico?

Una de las lecciones, probablemente la más fuerte, es que un conflicto no termina con la firma de la paz, sino que muchas veces las repercusiones, como es lo que está ocurriendo en el caso de Bolivia, perduran en el tiempo. Entonces, estas repercusiones pueden crear desequilibrios geopolíticos en la región. La lección es que si hay voluntad política, en el caso nuestro todas las fuerzas económicas, el empresariado tanto del lado chileno como del lado peruano está creando una plataforma económica y una red de relaciones que puede servir de base para un nuevo capítulo de las relaciones Perú-Chile. También se necesitan políticas culturales que, primero, nos permitan revisitar la historia de la Guerra del Pacífico en conjunto, en una especie de visión binacional de la guerra y, segundo, intercambios culturales que permitan que descubramos que somos más que estos vecinos que alguna vez fueron enemigos.

¿Por qué la Guerra del Pacífico sigue provocando tanta tensión, pese a que se desarrolló en el siglo XIX?

En el caso específico de Perú, es un reclamo más bien marítimo que puede ser un derivado de la Guerra del Pacífico, pero no tiene nada que ver. Perú entendió que había una frontera que no se había delimitado, y se llevó el caso a La Haya porque no se pudo resolver de manera bilateral. Pero en el caso de otras repercusiones que puede haber tenido la guerra, creo que es el tema de la violencia física y verbal que desató. Todavía nos movemos en el lenguaje de esa violencia verbal, que aflora cuando hay un problema fronterizo, cuando hay un partido de fútbol. Hay una agresividad de ambos lados que es la herencia de esa guerra.

¿Por qué se ha mantenido en el tiempo este discurso?

Porque creo que la potencia del discurso beligerante no ha sido desmontado. Quedas atrapado en el tiempo en un momentoen el que crees que se originaron todos tus problemas. Hay que poner la guerra en su debida perspectiva, que no sea nuestro referente. Este conflicto domina todo, porque fueron cinco años de guerra, incluidos tres años de ocupación, y un lenguaje bélico que, digamos, se manifestó en la prensa y en los púlpitos de las iglesias. Es tan potente que muchas veces se repite de manera inconsciente.

¿Cómo se puede traspasar esta buena vecindad hacia los pueblos?

Yo no sé si todos están hablando de la Guerra del Pacífico. Cada vez que existe un problema, como los grafiteros que pintaron en el Cusco, reaparece este lenguaje agresivo contra Chile. Lo que hay que hacer es convertir la guerra en historia. ¿Cómo desmontar un paradigma? Esa es la gran tarea. El tema de las relaciones económicas está funcionando, pero es el tema cultural el que no ha sido resuelto como debería.

¿Cómo ve las relaciones de ambos países una vez que se conozca el fallo de La Haya?

Tenemos que reconocer que el tránsito no será fácil y que el fallo, sea favorable a uno o al otro, va a producir patadas y rezagos de nacionalismo que van a aparecer y que vamos a tener que enfrentar. Debemos prepararnos para un escenario de protesta. Creo que la prensa debe jugar un papel fundamental de desdramatizar, porque acá nadie va a perder la vida. Para Perú será una especie de regalo simbólico, una recuperación simbólica. Para Chile, perder puede significar una ganancia en el largo plazo. Algo que probablemente la población no comprende es que el fallo de La Haya es una coyuntura que no va a cambiar la relación entre ambos países.


Publicado en La Tercera, de Chile, el domingo 24 de marzo de 2013.


Diez años, Diez claves para entender la guerra de Iraq

Una década después de la invasión que terminó con el derrocamiento de Sadam Hussein, el balance es poco favorable para Estados Unidos y sus aliados en aquella empresa bélica.

Por Jorge Moreno Matos

A las 3:35 de la madrugada (hora de Bagdad) del 20 de marzo de 2003, una lluvia de dos mil misiles Tomahawk caía sobre la capital iraquí. Un blanco especialmente importante era una pequeña granja al sur de la capital, en donde informes de inteligencia señalaban que se encontraba Saddam Hussein, en aquel entonces el todopoderoso jefe de Estado de Iraq. Era el principio de una guerra que apenas duró 20 días, pero que se prolongó durante más de siete años con una ocupación que dejó tantas heridas como resentimientos. Diez años después de aquella madrugada de sangre y fuego, ¿cómo quedó el país tras la caída de Saddam? ¿Qué futuro le aguarda a la frágil democracia iraquí surgida de una invasión militar?

1. Los argumentos. Las razones del gobierno de Bush resultaron ser falsas

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“Saddam Hussein tiene armas de destrucción masiva”. “Iraq posee armas biológicas y químicas”. Durante semanas los que desencadenaron la guerra de Iraq trataron de convencer al mundo de la legalidad de un conflicto a todas luces ilegal. Usaron todos los foros y escenarios posibles sin resultado alguno. El entonces secretario de Estado de EE.UU., Colin Powell, llegó incluso a presentar ante el Consejo de Seguridad de la ONU las supuestas pruebas de sus acusaciones. Cuando cayó el régimen de Saddam, nunca aparecieron las armas que afirmaron que existían. Años después, Powell se arrepintió del papel de tonto útil que desempeñó en aquella ocasión. Fue el único.

2. El motivo. ¿Fue el petróleo el verdadero motivo de la guerra?

“Estoy entristecido por lo que supone reconocer lo que todo el mundo sabe: que el principal motivo de la guerra fue el petróleo”, afirmaba en sus “Memorias” Alan Greenspan, jefe de la Reserva Federal de EE.UU. durante 19 años. Sin embargo, para Norberto Barreto, profesor especializado en política estadounidense de la Universidad del Pacífico, ese razonamiento resulta reduccionista. Por encima del petróleo, con o sin Bush, EE.UU. de todos modos habría ido a la guerra. “El petróleo es importante, sí, pero la política estadounidense tiene un fuerte componente ideológico. Está la idea de imponer un orden americano al mundo”, explica. Es decir, con la guerra EE.UU. quiso reafirmar su papel de juez y policía del mundo.

3. Los responsables. Hasta hoy hay quienes piden que sean juzgados

George W. Bush, Tony Blair, Dick Cheney, Donald Rumsfeld, José María Aznar. Diez años después de lanzarse a la guerra, sus nombres han quedado desacreditados y para muchos son sinónimos de embuste y fraude. Aunque todos ellos insisten todavía en que tomaron la decisión correcta, han preferido desaparecer de la escena pública. Incluso, al igual como ocurre con Kissinger, hay quien afirma que George W. Bush no sale de su rancho en Texas ni da conferencias por el mundo, como lo hace el resto de ex presidentes estadounidenses, por temor a que le ocurra lo mismo que a Pinochet en Londres. Después de todo, fue él quien metió a EE.UU. en dos guerras y lo sumió en una grave crisis económica.

4. El papel de la ONU. Un serio revés para el derecho internacional

Las razones para ir o no a la guerra crearon una fractura en el seno de la Unión Europea y en la OTAN. En España y el Reino Unido, que secundaron a EE.UU., la opinión pública marchó en sentido totalmente opuesto al de sus respectivos gobiernos. En Latinoamérica, el rechazo a la guerra fue general. Pero fue la imagen de la ONU la que más resultó perjudicada. “En la última década, la ONU no ha tenido una actuación de contrapeso. Aquella vez, claudicó en su papel” al no insistir en negarle a EE.UU. la autorización para la guerra, señala César Puerta, profesor e historiador de San Marcos.

5. El costo de la guerra. El costo-beneficio del conflicto tuvo un saldo en rojo

Además de inútil e ilegal, la guerra de Iraq ha sido una de las empresas bélicas más caras de los últimos tiempos, sino la más cara. Un estudio del Instituto Watson de Estudios Internacionales de la Universidad de Brown, que firman 30 académicos y expertos, publicado esta semana, cifraba en 1.700 millones de dólares su costo. A esa exorbitante cifra hay que sumar los US$490.000 mlls. adicionales en gastos médicos y beneficios por discapacidad pagados a los veteranos de guerra. El estudio señala que, debido a las obligaciones pendientes e intereses, en los próximos años la cifra final será de 6.000 millones de dólares.

6. El costo humano. Más de 100.000 personas, sucumbieron en la guerra

Sin el menor atisbo de duda, la de Iraq fue una guerra de alto costo en vidas humanas. Otro informe dado a conocer esta semana estimaba entre 112.000 y 122.000 las víctimas civiles de la guerra, desde el primer día de la invasión hasta la fecha. Si a esa cifra le agregamos el de los combatientes de ambos bandos, el número asciende a 174.000 víctimas. El documento, preparado por el grupo Iraq Body Count (Iraq Recuento de Cadáveres, IBC), con sede en el Reino Unido, señala que en el caso de los civiles, la documentación es tan escasa –cuando no inexistente–, que es muy probable que sean más de los que creemos.

7. El expolio cultural. El patrimonio cultural iraquí fue un botín de guerra

Las imágenes más vergonzosas de una guerra que ya de por sí era una cuestionable fueron sin duda las de imponentes tanques protegiendo los pozos de petróleo, mientras el Museo Nacional de Bagdad era saqueado impunemente. Más de 10 mil piezas (entre ellas, miles de tablillas sumerias) del patrimonio cultural iraquí desaparecieron el 10 de abril del 2003. Igual suerte corrieron en los días siguientes cientos de yacimientos arqueológicos por todo el país. Hasta hoy siguen con paradero desconocido piezas de la cultura sumeria y mesopotámica, la cuna de la civilización.

8. El papel de la prensa. Fue la guerra con mayor cobertura mediática

Se han escrito cientos de libros e igualmente se han hecho innumerables películas, pero lo cierto es que la guerra de Iraq fue el primer gran conflicto que presenciamos desde la sala de nuestros hogares. La cobertura mediática que tuvo fue tan grande que se reportaba el curso de la misma al minuto, en tiempo real como se dice ahora. Más de 500 periodistas (que superaban largamente a los 159 de la primera guerra del Golfo) viajaron con las tropas que tomaron Bagdad y otros 2.500 se distribuyeron por todos los países involucrados en el conflicto. La tecnología móvil, que empezaba su andar, fue su gran aliada.

9. La vida cotidiana. Una década de violencia deja heridas profundas

Diez años después de la invasión y a casi dos de la retirada de las tropas estadounidenses, Iraq sigue sumergido en un espiral de violencia sin fin. Actualmente, Bagdad es la ciudad más peligrosa del país con un aproximado de 4 mil a 5 mil muertes violentas cada año. El informe arriba citado de la Universidad de Brown refiere también a que los traumas que el conflicto infligió al pueblo iraquí aún permanecen. Lo que resulta paradójico es que el conflicto contribuyó a que los grupos integristas islámicos se revitalizarán con el consecuente retroceso de todo atisbo de modernidad alcanzado en el país.

10. El futuro. La endeble democracia iraquí a prueba

Aunque la guerra puso fin al régimen de Saddam, un sanguinario dictador, lejos están los iraquíes de poder afirmar que sus vidas mejoraron con ello. Como explica Héctor Maldonado, profesor de Historia Política Contemporánea en San Marcos: “Iraq es tres países, el Kurdistán, la zona sunita y la zona chiita; y las tensiones étnicas entre estos, que Saddam supo mantener a raya, ahora impiden la estabilidad política deseada”. Además, el terrorismo, la corrupción y la falta de servicios básicos, como salud, por ejemplo, son el gran lastre de la guerra que impide hasta ahora que la democracia iraquí se consolide.

LA FRASE
“Ciertamente el gran legado histórico que va a dejar el señor Bush será el de la memoria de la guerra en Iraq”.
ERIC J. HOBSBAWM, Historiador británico

LA CIFRA
2 millones
de documentos revisó una comisión del Senado de EE.UU., antes de concluir que no existían vínculos entre Saddam Hussein y Al Qaeda.

53%
de los estadounidenses cree que la guerra de Iraq fue un error, según una encuesta de Gallup difundida esta semana.

LA RECONSTRUCCIÓN
La reconstrucción de Iraq costó 212.000 millones de dólares, pero hoy el país sigue estando en ruinas y con servicios básicos deficientes.

CRONOLOGÍA de una guerra que nadie quiso
11-9-2001
Un ataque con cuatro aviones secuestrados por comandos de la red terrorista de Al Qaeda le cuestan la vida a casi 3.000 personas en Estados Unidos.

1-10-2001
Estados Unidos ataca Afganistán, donde se cree que se ocultan las células terroristas de Al Qaeda protegidas por el gobierno de los talibanes.

29-1-2002
En su discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente George W. Bush se refiere por primera vez a Irak, Irán y Corea del Norte como al ‘eje del mal’.

3-8-2002
Alemania manifiesta que no apoyará a EE.UU. en la ‘aventura’ de una guerra en Irak. Rusia y Francia también se niegan a apoyar la guerra.

12-9-2002
Ante las Naciones Unidas, Bush reafirma la determinación de Estados Unidos de actuar contra Irak y dice que si es necesario lo hará por su cuenta.

5-2-2003
El secretario de Estado norteamericano Colin Powell presenta ante la ONU las supuestas pruebas de que Irak posee armas de destrucción masiva.

15-2-2003
En una ola de rechazo y repudio a nivel mundial, millones de personas en las principales ciudades del mundo se manifiestan contra la guerra.

17-3-2003
En un discurso televisado, Bush le da un ultimátum a Saddam: si en 48 horas el líder iraquí y sus hijos no abandonan el país, EE.UU. atacará.

20-3-2003
Comienza la guerra sin un mandato de la ONU, con ataques aéreos dirigidos contra la capital iraquí. El 1 de mayo Bush declara el final de la guerra.



Eduardo Dargent analiza los resultados de la revocación

¿Qué pasó en la última semana de campaña? ¿Cómo se explica el apretado triunfo del NO sobre el ?



Vía Punto Edu

¿Tiene sentido la profesión u oficio de historiar?

Por Pedro Salmerón Sanginés

1. Imagine usted que un médico reconocido en su gremio por sus publicaciones en, digamos, la lucha contra el cáncer —llamémoslo especialista A—, denuncia públicamente como charlatán a un médico aficionado que anuncia un novedoso tratamiento contra el cáncer de riñón. Los seguidores del médico aficionado reaccionan con agresiva virulencia. El médico aficionado responde con descalificaciones personales, asegurando que el especialista A obedece a los oscuros intereses de las farmacéuticas y del gobierno (y de oscuras conspiraciones), a lo que añade que la medicina que se enseña en las universidades, no sirve.

De inmediato tercia en la discusión uno de los cinco o diez especialistas en cáncer de riñón más connotados del país (el especialista B, que en varias ocasiones ha tenido diferencias públicas y notorias con el especialista A), quien demuestra que el tratamiento sugerido por el médico aficionado carece de bases científicas. Arrecia la virulencia de los seguidores del médico aficionado. Llega al especialista A una noticia anónima de que el médico aficionado fue expulsado de una escuela de medicina en una importante universidad de provincias, sin que puedan establecerse las razones de su expulsión. El especialista B explica que, si bien no hay unanimidades ni certezas en el tratamiento del cáncer, ni en la naturaleza de la enfermedad, sí hay acuerdos entre los especialistas sobre el método científico de su estudio y las posibilidades viables de su tratamiento. Arrecia la virulencia de los seguidores del médico aficionado.

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El especialista A somete uno de los escritos del médico aficionado (justamente el denunciado por el especialista B) a la opinión de otros especialistas, los que ese día encontró en las redes sociales. Las respuestas son unánimes en la condena del texto de quien los demás llaman también, charlatán o embaucador. Sin embargo, en las redes sociales la respuesta pasa inadvertida y se sigue considerando al médico aficionado como un notable científico, un innovador, un crítico genial… aunque nadie de testimonio ninguno de curación efectiva mediante su tratamiento. Un corolario lógico que sigue la argumentación del médico aficionado: la medicina que se enseña en las universidades, no funciona, o responde a oscuros intereses.

2. Pues bien, bajemos la explicación a la historiografía. Un académico formado en la principal universidad pública del país (un servidor de ustedes) denunció como falsificador a un historiador aficionado en distintos foros y en particular en este espacio.

Un ejemplo de las respuestas del historiador no académico y de sus seguidores, pueden leerse ahí mismo, pero no es ese el tema, sino la tardía respuesta dada a un comentario de Alfredo Ávila, quien el 19 de enero escribió en tuiter:

“Gracias a @salme_villista me enteré de la existencia de Enrique Sada Sandoval ¡Quedé horrorizado con sus sandeces!” Sandeces, en efecto. Ávila aludía a este texto del señor Sada Sandoval en Milenio.

La respuesta a la que aludo llegó el 6 de marzo, de la cuenta tuitera de “Carolina Sada”: “Vergüenza dan las sandeces de Pedro Salmerón y más que usted avala.”

Fue entonces que decidí hacer una rápida encuesta entre los historiadores de mis redes sociales, a los que envié el artículo de Sada con una pregunta: “¿qué opina de esto, colega?” La unanimidad es abrumadora. Ni una respuesta suave con el señor Sada Sandoval. Sin embargo, las previsibles respuestas que darán sus seguidores y las respuestas a un segundo sondeo que haré con este texto, me permitirán reflexionar sobre las preguntas: ¿Por qué a numerosos lectores interesados en historia les tiene absolutamente sin cuidado lo que hacen y lo que opinan los historiadores profesionales?, ¿Qué hemos hecho los profesionales para conseguir ese desdén? Es decir, ¿tiene sentido la profesión u oficio de historiar?

Publicado en "El Presente del Pasado", el 17 de marzo de 2013.


Cultura viva: El Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia

El Proyecto para modernizar institución emblemática demandará una inversión de 126 millones de nuevos soles. Sala Paracas y moderna infraestructura recuperarán flujo de visitantes en Pueblo Libre.

Por César Chaman

En Facebook, el sitio oficial del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú (MNAAHP) tenía hasta ayer 2,999 seguidores, muy poco en comparación con los 51,600 del Grupo 5 y casi nada frente al millón 573 mil de la pegajosa teleserie que por estos días acapara la atención del público a las 8:00 de la noche.

Si bien cultura, cumbia y telenovelas no constituyen magnitudes comparables –y aun cuando una avalancha de pulgares levantados no implica preferencia exclusiva–, los datos de las redes sociales son una señal de la tendencia en el consumo de intangibles. E indican también que se necesita estrategias sólidas para “viralizar” el conocimiento.

Al timón del museo desde el año pasado, la antropóloga Carmen Teresa Carrasco Cavero entiende la importancia de acercar la cultura a la gente. Por ello, desde la dirección del MNAAHP, le otorga su pleno respaldo a iniciativas como “El museo abre de noche”, los talleres de verano para escolares, las celebraciones de corte tradicional y las conferencias de difusión a cargo de profesionales en historia, artes y humanidades. Al menos en Pueblo Libre –el distrito sede–, su institución ya es referente de cultura con entretenimiento.

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“En el mundo globalizado, los conceptos de información cambian continuamente”, comenta la directora. “Entonces, los museos tienen que ser instituciones vivas y transmitir la historia; ya no son repositorios pasivos de colecciones y muestras, sino que están obligados a contar historias, transmitir mensajes”.

En el mismo sentido en que se transforman las bibliotecas y los archivos generales en todo el planeta, los museos ahora tienen que cantar, jugar y bailar. “Y obviamente, nuestro museo también está en esa ruta de cambio, sobre todo cualitativo”.

Lo que se dice “nueva”, la licenciada Carrasco Cavero no lo es en este museo. Su primer trabajo profesional lo realizó precisamente aquí, treinta años atrás. “Empecé con el doctor Luis Lumbreras, quien impulsó un proceso de reestructuración total de la institución. En esa época, yo era simplemente una obrera: hicimos los inventarios y trabajamos duro en el centro de documentación y la biblioteca”.

Tras acopiar experiencia valiosa a su paso por la dirección del Instituto Nacional de Cultura filial Ayacucho y la jefatura del Archivo General de la Nación, el destino la trajo de regreso al MNAAHP. “He tenido la suerte de volver a mi alma máter, después de tanto tiempo, y en una época muy importante, en que el presidente Ollanta Humala quiere darle un cambio total”.

REMODELACIÓN INTEGRAL

Este interés por modernizar el museo se traduce en proyectos y también en presupuestos. La emblemática Sala Paracas, por ejemplo, cerrada por inhabitable tras el terremoto del 15 de agosto de 2007, volverá a abrir sus puertas en los próximos meses, cuando culmine su remodelación integral. Para ello se cuenta con una partida de 1.2 millones de nuevos soles, que son invertidos con cuidado absoluto.

El desafío para este museo es triple: exhibir ante el mundo la arqueología, la antropología y la historia de un país riquísimo en estas dimensiones no es cosa de juego. Sobre todo porque el período a mostrar abarca alrededor de 10,000 años, desde Luricocha y los primeros peruanos hasta la etapa republicana, pasando por Caral, las culturas preíncas y el Tahuantinsuyo. Nada menos.

Otro importante proyecto de la dirección es la construcción de un nuevo pabellón especializado, en un área ya reservada en la parte posterior del histórico Palacio de la Magdalena.

“Vamos a construir un edificio de cuatro pisos donde funcionarán los talleres de cerámica, los laboratorios para pruebas químicas y los talleres de restauración. Allí tendremos también depósitos nuevos para nuestras colecciones”.

Para ejecutarse en un plazo de dos años, la habilitación de las renovadas instalaciones demandará una inversión aproximada de 126 millones de nuevos soles. El desembolso respectivo tiene el visto bueno de las autoridades del Ministerio de Cultura y del Gobierno central, agrega la directora.

“Mire usted, nuestro museo es el más importante del país, cuenta con las colecciones más valiosas y el patrimonio más vasto, y, sin embargo, la actual infraestructura física hace mucho que dejó de ser la adecuada”, ratifica la antropóloga, para recalcar la urgencia de la inversión.

En el puesto que ocupó alguna vez el sabio Julio C. Tello, la licenciada Carrasco Cavero reconoce que las visitas al MNAAHP se han encogido. Con el cierre de la Sala Paracas, la afluencia de visitantes se redujo de manera notable y en 2012 el flujo fue de 2,000 personas por mes, en promedio.

Sin embargo, las esperanzas están cifradas en los proyectos de remodelación: la directora y su equipo se proponen duplicar las visitas una vez que reabran la Sala Paracas y triplicarlas con las nuevas instalaciones.

En cualquier caso, la expectativa no va por el lado de los ingresos económicos. “En realidad, este es el museo del pueblo –manifiesta Teresa Carrasco–. ¿Sabe por qué? En Lima hay museos privados muy bonitos, elegantes, pero cobran un montón. Acá, los estudiantes pagan un sol para entrar. Y mucha veces, cuando llegan delegaciones escolares de los conos, ni siquiera les cobramos”.

“Este museo debe continuar al servicio de la gente”, plantea la directora, al detallar las actividades nocturnas gratuitas que se programan para el último viernes de cada mes. “Vienen niños con padres, madres, tías y abuelitos. Y no solo para ver el museo, sino que también junto a ello hacemos presentaciones artísticas y charlas didácticas”.

Al cierre de febrero, por ejemplo, el museo celebró el carnaval andino con todas las de la ley. “Invitamos a un elenco de la Universidad Católica y con una presentación lindísima hizo recordar al público que, antes de la llegada de los españoles, el carnaval peruano era el puqllay, es decir, la preparación de la tierra para la siembra”.

“Usted sabrá que en nuestro mundo andino todo se hacía celebrando: nacía un niño, bailaban; alguien se cortaba el pelo, había fiesta; hacían surcos en la tierra, cantaban. Entonces, el carnaval fue hermoso en nuestro museo; y en lugar de hacer el ‘sacha cuchuy’ o ‘cortamonte’, regalamos una plantita a cada asistente, con el mensaje de que hay que sembrar y reforestar para cuidar el planeta”.

PATRONATO URGENTE

En este momento no existe un patronato que trabaje por nuestro museo, alerta la antropóloga, en un comentario que no pretende señalar responsabilidades. “Una organización así, a la que vamos a llamar ‘Amigos del Museo’, es fundamental para desarrollar esta labor. Por ahora, todos los investigadores y los antiguos directores, entre ellos el doctor Lumbreras, mi maestro, colaboran de manera directa o indirecta con el museo; pero falta ayuda no solo intelectual, sino también económica”.

“Lamentablemente, la cultura siempre es mirada como una especie de adorno, y no como una oportunidad de desarrollo –opina–. El día en que entendamos que la cultura es lo que nos identifica como peruanos, comprenderemos también que la historia, el legado de los primeros peruanos y la cultura en general son un eje de cambio social”.





* Publicado en el suplemento Variedades, del diario El Peruano, N° 314, el 8 de marzo de 2013.


¿De qué trata su libro? Eduardo Dargent

El profesor y politólogo de la PUCP, Eduardo Dargent, nos habla de su reciente publicación: "El estado en el Perú. Una agenda de investigación" (Lima: Fondo Editorial de la PUCP, 2013). El libro busca, como explica su autor, facilitar al investigador el estudio del Estado en el Perú. En su primera sección se discuten algunos conceptos básicos, para luego identificar cinco temas que enmarquen estas investigaciones.



Inician trabajos de delimitación en complejo arqueológico Farfán, en La Libertad

Trujillo, mar. 16 (ANDINA). La Dirección Regional de Cultura de La Libertad, en coordinación con la municipalidad provincial de Guadalupe, inició los trabajos de delimitación y colocación de 17 hitos en el sector “A” del complejo arqueológico Farfán.

La decisión se adoptó para contrarrestar las constantes invasiones de terreno que se producen en el lugar.

Según el Ministerio de Cultura, miembros de la comunidad campesina de Jequetepeque y el Comité Camino a la Bocana, liderados por Aldo Montoya Balarezo y Segundo Zamora Velásquez, respectivamente, intentaron por la fuerza detener la delimitación.

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“Incluso amenazaron a la asesora legal y arqueóloga de la Dirección Regional de Cultura de La Libertad”, subraya.

Gracias a la presencia de los comisarios de Guadalupe y Ciudad de Dios, y de diez agentes de la Policía Nacional, se cumplió con la colocación de los hitos y se han tomado las acciones legales correspondientes contra los invasores.

Los trabajos de delimitación finalizarán la próxima semana, concluye el Ministerio de Cultura.



Nuevo N° (7) de la revista de historia y cultura "Tiempos"

El último número (7) de "Tiempos. Revista de Historia y Cultura", acaba de publicarse y su director, el historiador Juan San Martín, nos habla de su contenido.



Recuperan 16 bienes del Patrimonio Cultural que iban a salir ilegalmente al exterior

Lima, mar. 15 (ANDINA). La Dirección General de Fiscalización y Control del Ministerio de Cultura logró recuperar, en lo que va del año, unos 16 bienes pertenecientes al Patrimonio Cultural de la Nación en el terminal postal de Serpost, cuando pretendían ser enviados al exterior.

En febrero, se incautaron dos piezas textiles arqueológicas correspondientes al Periodo Intermedio Tardío (1200-1438 d.C.) de la Costa Central del Perú, cuyo destino era Inglaterra. Estos bienes se encontraron en un envío que contenía réplicas de cerámica con certificado de exportación emitido por el ministerio, mas no para los textiles.

También se recuperaron 11 monedas virreinales en un paquete con destino a República Dominicana. Se trataba de metales acuñados durante los siglos XVI y XVII en la ciudad de Potosí, pertenecientes a la Audiencia de Charcas durante el Virreinato del Perú.

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En marzo, se incautó una moneda republicana de plata de 8 reales del año 1838, acuñada en el Cusco, y cuyo envío tenía como destino Canadá. Además, dos piezas elaboradas con fragmentos de textiles arqueológicos del Periodo Intermedio Tardío: una falsa cabeza con destino a Estados Unidos y una muñeca que estaba siendo enviada a Australia. Ambos declarados como “dolls” (muñecas).

“Todos estos importantes hallazgos son fruto del mejoramiento de los mecanismos y procedimientos de control”, implementados por el Ministerio de Cultura, afirmó Katie Navarro, directora de Recuperaciones del portafolio. Sin embargo, hay personas y empresas que continúan utilizando los envíos postales como una vía para exportar ilícitamente bienes de nuestro patrimonio.

“Es por ello, que el Ministerio de Cultura exhorta a cumplir con los trámites para la obtención de los respectivos certificados de exportación, y a desistir de estas prácticas ilegales que atentan contra el patrimonio cultural de nuestro país”, enfatizó Navarro.

Desde que en el año 2010, se implementó el Módulo de verificaciones de bienes culturales del Ministerio de Cultura en el Terminal de almacenamiento postal de SERPOST en Los Olivos, tanto el control del tráfico ilícito de bienes culturales como la recuperación de bienes pertenecientes al patrimonio cultural de la Nación, ha sido más eficaz y eficiente.

Este trabajo se ha fortalecido con la permanente comunicación y coordinación directa entre el personal del ministerio, Serpost y Aduana Postal.

Otras incautaciones

Entre los años 2010 y 2012 se tuvieron 931 intervenciones preventivas de envíos postales internacionales, durante las cuales se verificaron 4,294 objetos. Se recuperaron 297 bienes pertenecientes al Patrimonio Cultural de la Nación (129 arqueológicos, 26 histórico-artísticos y 142 paleontológicos), impidiendo su salida ilegal del país.

Entre los casos más relevantes, tenemos en el 2010, la incautación de 118 fósiles de procedencia peruana contenidos en un envío con destino a Australia, el mismo año se incautó una pintura del siglo XIX con destino a Estados Unidos, cuya exportación ya había sido denegada en el Ministerio de Cultura. Sin embargo, el exportador conociendo de esta prohibición, igualmente intentó enviarla fuera del país.

El año pasado se detectó un envío que contenía tres piezas de cerámica con un Certificado de exportación emitido por el Ministerio de Cultura, también con destino a EE.UU., pero el análisis de los especialistas del Ministerio de Cultura, concluyó que las réplicas, cuya exportación había sido autorizada inicialmente, habían sido sustituidas por piezas arqueológicas auténticas.

Se pudo comprobar además, que una de las piezas había sido alterada con un recubrimiento para ocultar los diseños originales, y que una de las etiquetas con el código de réplica que se coloca siempre en piezas a exportar, había sido evidentemente retirada de la réplica para colocarla sobre la pieza original. Se procedió a la incautación impidiendo que salga del país.



Identifican nuevo tramo de camino inca cerca a la playa de Asia, en Cañete

Cañete, mar. 15 (ANDINA). Un nuevo tramo del Camino Inca, que se ha denominado como Camino Longitudinal de la Costa o Camino de los Llanos, fue reconocido por el Área de Identificación, Registro e Investigación del Proyecto Qhapaq Ñan, informó hoy el Ministerio de Cultura.

El camino se encuentra a pocos metros de la carretera Panamericana Sur, en el distrito de Asia, en la provincia de Cañete, al sur de la ciudad de Lima.

Precisa que esta sección del camino inca se inicia en la cima del Cerro Largo, muy cerca del sitio arqueológico Paredones de Asia.

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El tramo tiene una longitud aproximada de dos kilómetros y se caracteriza por presentar muros de contención de alrededor de 0.50 metros de altura.

Algunos bordes del camino están definidos por alineamientos formados por acumulaciones de pequeñas piedras que definen una trayectoria continua y recta. Conserva diez metros de ancho.

Según el Ministerio de Cultura, antes de realizar el descenso del Cerro Largo el camino se bifurca en tres ramales: uno mantiene sus alineamientos en los bordes y desciende la pendiente de 70 metros.

El segundo, ubicado al oeste, lo hace por medio de un segmento de 10 metros de ancho, que conserva escalones con aproximadamente 30 peldaños elaborados con piedra.

Esta parte del camino sería lo más representativo del “Camino de los Llanos”. Ambos ramales se unen cerca de una pequeña elevación en las inmediaciones de la localidad denominada Sarapampa.

El tercer ramal está definido por un alineamiento de piedras y mantiene un ancho de alrededor de 12 metros. Al igual que los dos anteriores se estaría uniendo en las inmediaciones de Sarapampa, rumbo hacia Cañete.

“Estamos ante uno de los pocos vestigios del Camino de los Llanos que aún mantiene sus componentes en la costa central, y muy cerca de nuestra ciudad capital (Lima)”, afirma Guido Casaverde, coordinador del Área de Identificación, Registro e Investigación del Proyecto Qhapaq Ñan – Sede Nacional.

Sostuvo que la mayor parte de este camino ha desaparecido, ya sea por el crecimiento urbano o agrícola.

Subrayó además que esta sección del Camino Longitudinal de la Costa tenía, según el investigador John Hyslop, una extensión aproximada de 3,943 kilómetros y junto al Camino Longitudinal de la Sierra bordeaba 5,658 kilómetros.

Ambos caminos formaron los dos ejes principales de la red vial Inca e integraron de norte a sur la gran diversidad ecológica y cultural de estas dos regiones en tiempos prehispánicos.

El Camino de los Llanos se habría desplazado en su mayor parte por toda la costa peruana. Se habría iniciado cerca del centro administrativo Inca de Cabeza de Vaca en Tumbes.

Desde allí se habría proyectado hacia el sur para comunicarse con otros centros de control Inca como Farfán, Chan Chan, Manchán y Paramonga; en Lima.

La vía habría pasado al lado de Tambo Inca en el distrito de Puente Piedra y continuado en Pachacamac, Bandurria, El Salitre, Paredones de Asia, Cerro Azul, el Palacio de Herbay, el Tambo de Locos, hasta Paredones de Nasca, en Ica; y la Quebrada de Vaca, en Arequipa, entre otros.

Casaverde explicó que las investigaciones que el Proyecto Qhapaq Ñan desarrollará en un breve plazo permitirán entender cómo se articulaba con otros establecimientos Inca a escala regional.



Presentan publicación “Sipán: 25 años del descubrimiento”

Chiclayo, mar. 15 (ANDINA). En un aporte al rico legado cultural moche, anoche se presentó la publicación “Sipán: 25 años del descubrimiento” escrito por el descubridor del famoso jerarca moche, Walter Alva.

La publicación está dedicada a este importante suceso que cambió la historia de la región Lambayeque y contribuyó en el entendimiento del legado cultural, rescatando para los peruanos esta etapa de las antiguas culturas precolombinas, que se encontraba en completo abandono.

El ejemplar de 192 páginas, es presentado por el rector de la Universidad Alas Peruanas, Fidel Ramírez Prado, seguido de un extenso relato del balance de los 25 años del descubrimiento del Señor de Sipán.

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Las primeras páginas muestran una cronología resumen de los descubrimientos y acontecimientos desde el año 1987, cuando se produjo el hallazgo, hasta la actualidad, en las siguientes páginas describe a los Moches o Mochicas.

En uno de sus capítulos muestran el legado cultural en cuanto a su cerámica; la vida y muerte del señor de Sipán, donde se hace una reconstrucción del “Señor de Sipán” y su entorno; las tumbas reales de Sipán, donde se muestra el rescate arqueológico y los orígenes del Proyecto hasta el descubrimiento de la tumba del señor de Sipán.

En una parte de la obra se describen los descubrimientos e investigaciones arqueológicas realizadas entre 2007 y 2008; en las consecuciones del proyecto que relata la conservación y restauración de los diversos hallazgos.

También los inicios y la consolidación de la actividad turística en la región, la difusión internacional de Sipán y la trascendencia en los diversos medios internacionales; y el aporte del descubrimiento del señor de Sipán al entendimiento de la cultura Mochica.

La publicación contiene importantes comentarios y contribuciones sobre el fenómeno arqueológico y cultural, como el aporte de los expertos Jaime Deza Rivasplata, de la universidad Alas Peruanas; y Luis Jaime Castillo de la Universidad Católica y conocido investigador de la cultura mochica.

Bajo el título de Impacto de Sipán, se incluye un artículo sobre el museo Tumbas Reales escrito por el arquitecto Celso Prado Pastor, quien diseño el recinto cultural.

Se incluye, además, un homenaje al aporte de Susana Meneses, escrita por la historiadora Mariana Mould de Pease, y algunos comentarios de conocidos investigadores como Luis Lumbreras, entre otros.

El ejemplar está ilustrado con diversas fotografías, infografías e ilustraciones de alta calidad, y cierra sus páginas con una entrevista realizada al autor del libro Walter Alva, donde más allá de sus aportes profesionales, se aborda el lado personal y humano del investigador.

A la ceremonia de presentación de esta nueva bibliografía asistió el vicerrector de Investigación y Posgrado de la universidad Alas Peruanas, Jorge Lazo Arrasco, así como rectores de universidades locales, autoridades políticas, civiles y militares de esta norteña localidad.

La publicación se presentó como un homenaje a los veinticinco años del descubrimiento del Señor de Sipán, así como a los diez años de inauguración del Museo Tumbas Reales de Sipán, cumplidos en 2012 y como un compromiso de este museo en la difusión de nuestra herencia cultural.

Los asistentes recibieron como obsequió un ejemplar del libro, quienes saludaron la iniciativa del museo de difundir este tipo de publicaciones, que fue autografiada por el investigador Walter Alva.



Podcast: Entrevista a Alba Choque Porras, directora de la nueva revista RHIAP

Como ya es de conocimiento general, acaba de hacerse pública la convocatoria para un nuevo proyecto editorial académico peruano. Nos referimos a RHIAP Revista de Historia del Arte Peruano. Investigaciones de Arte y Cultura del Perú, que edita y dirige Alba Choque Porras, quien se encuentra en España realizando un Máster en Investigación y Gestión del Patrimonio Histórico y Artístico y Cultural en la Universidad de Murcia. Con ella conversamos vía telefónica para que nos de un alcance de los objetivos y contenidos de esta nueva publicación.



Los buenos libros de historia

Por Pedro Salmerón Sanginés
Historiador

Desde que inicié la serie Falsificadores de la historia, numerosos lectores de La Jornada, tuiteros y blogueros me han preguntado, palabras más palabras menos: Si los autores más vendidos mienten con ese descaro, ¿qué libros de historia podemos leer? He dado respuestas breves, pero creo llegado el momento de hacer un paréntesis en la denuncia de los falsarios, para presentar algunos libros honestos y bien fundamentados que nos permiten conocer nuestra historia, más allá de prejuicios o ideologías.

Me preguntarán, deberán preguntarme sobre la autoridad y los criterios con que seleccioné los libros a recomendar. Por lo tanto, compartiré la responsabilidad con un grupo de historiadores que, bajo la coordinación de Evelia Trejo y Álvaro Matute, hace 12 años discutimos y seleccionamos 30 libros de historia escritos por mexicanos en el siglo XX, en función de cuatro criterios: la solidez y originalidad de la investigación; la novedad de su interpretación, su correspondencia con los hechos investigados y confrontados (mensaje a los falsificadores: la interpretación se sustenta en la investigación, no en prejuicios ni en fantasías); su buena factura (que estén bien escritos, pues); y el impacto que han tenido en el público o en el gremio (Evelia Trejo y Álvaro Matute, editores, Escribir la Historia en el siglo XX, UNAM, 2005).

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Al elegir estos criterios, dejamos fuera las síntesis generales (como la Breve historia de México, de Vasconcelos), los ensayos de interpretación (como El laberinto de la soledad, de Paz); los testimonios directos (como los 8,000 kilómetros en campaña, de Obregón); y por supuesto, las novelas o los libros de ideología. También dejamos fuera a los autores extranjeros y a los aún demasiado jóvenes en el momento del cambio de siglo.

En siguientes entregas hablaré sobre la subjetividad del conocimiento histórico y sobre la necesaria relación entre interpretación e investigación, por ahora, entremos en materia. Treinta libros de 30 autores. Las reuniones para seleccionarlos fueron arduas y enriquecedoras y, al final, el siglo XX se redujo al lapso 1932-1999, con lo que quedaron fuera autores anteriores como Bulnes y Rabasa, pero entraron dos que nos abren la ventana al positivismo y al tradicionalismo que dominaban la escritura de la historia en las primeras décadas del siglo: Andrés Molina Enríquez y Vito Alessio Robles. Del primero no seleccionamos la obra fundadora de la sociología mexicana Los grandes problemas nacionales (1909), sino el Esbozo de... la revolución agraria (1932-1936); y del segundo, Coahuila y Texas en la época colonial (1938). Don Andrés aporta una cantidad de datos que deberían leer todos aquellos que siguen creyendo, sin fundamentar su prejuicio, que no había conflictos agrarios en el porfiriato. El segundo es un monumento de erudición sobre nuestra historia regional nordestina y las razones de la pérdida de Texas.

Más cercanos a nuestras formas de hacer historia son los libros publicados en los años 40: José C. Valadés, El porfirismo (1941-1948); Jesús Sotelo Inclán, Raíz y razón de Zapata; Leopoldo Zea, El positivismo en México (1943-1944); Silvio Zavala, Ensayos sobre la colonización española en América (1944); y Salvador Toscano, Arte precolombino (1944).

Desde la historia política uno, y el otro desde la historia de las ideas y el pensamiento, Valadés y Zea presentaron un panorama equilibrado y sorprendente de ese contradictorio periodo de nuestra historia al que da su nombre el general Díaz. No hay en estos libros ni el tirano sanguinario que querrían sus detractores, ni el preclaro estadista que sueñan sus apologistas, sino el hombre fuerte de un régimen sorprendente y complejo, que a 30 años de su caída podía ser, por fin, analizado con serenidad. Como espléndido contrapunto apareció al mismo tiempo el libro de Sotelo Inclán, cuya investigación saca a la luz las profundas raíces del zapatismo y los agravios de los pueblos contra las injusticias de la modernización porfiriana, en un libro en que la solidez de los datos y la poesía de la pluma van de la mano con una explicación de largo aliento.

También resultan complementarios los libros de Toscano y Zavala, que reivindican nuestras dos raíces principales, desde una historia del arte que nacía y desde la historia de las instituciones, fuertemente influenciada por la Nueva historia francesa. Zavala pertenecía ya a una generación de historiadores interesados en la explicación del pasado para comprender el presente, de la que hablaremos en la próxima entrega.

Nota: un grupo de historiadores ha empezado a analizar cotidianamente qué pasa hoy con la historia, en el blog: http://elpresentedelpasado.wordpress.com

II.

En mi anterior artículo iniciamos la presentación de 30 libros de historia ejemplares por la investigación en que se sustentan, su buena factura y sus aportes a la comprensión del pasado y el presente de México, con base en el libro coordinado por Evelia Trejo y Álvaro Matute Escribir la historia en el siglo XX. Continuamos hoy con autores que pretendían comprender el pasado para explicar el presente y, por lo tanto, se abstenían de juzgar la historia con criterios del presente (he ahí otros criterios para distinguir un buen libro de un panfleto ideológico). Una generación de profesionales que introdujeron nuevos temas y metodologías.

Empecemos con Justino Fernández, quien en 1952 publicó Coatlicue y en 1954 Arte moderno y contemporáneo de México. Si Coatlicue es un manifiesto estético que abre los ojos a la relatividad (historicidad) de la idea de belleza, en la segunda obra muestra cómo se inauguró en México la historia del arte a partir de la discusión de ideas como estilo, personalidad y sentido, que hacen de la producción artística un espejo de la idea que de sí misma tiene una nación, una forma de entender la realidad y de situarse frente a ella. Otro fundador de escuela fue José Miranda, que en Las ideas y las instituciones políticas mexicanas, 1521-1820 (1952), relacionó las instituciones económicas y políticas con las ideas europeas trasplantadas a la Nueva España, mostrando cómo el mundo de las ideas se desprende de la realidad cotidiana. Su trabajo fue punto de partida para muchos historiadores y, aunque poco conocido fuera de la academia, es fundamental para entender los tres siglos de la dominación española.

De un impacto más evidente fue la revolución que en los estudios del pasado indígena significaron la Historia de la literatura náhuatl (1953-1954), de Ángel María Garibay, y La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (1956), de Miguel León-Portilla. Hasta entonces sólo un puñado de eruditos conocían la poesía indígena y un puñado de arqueólogos estudiaban nuestro pasado prehispánico. Estos libros pusieron al alcance del gran público la poética, la épica, la dramática náhuatl y la interpretación de su significado. En buena medida gracias a ellos, los estudios del pasado indígena dejaron de ser una curiosidad para convertirse en una necesidad nacional. Entre el puñado de arqueólogos e historiadores contemporáneos del padre Garibay destaca Alfonso Caso, de quien se seleccionó su obra póstuma, Reyes y reinos de la mixteca (1977, completada y publicada por Ignacio Bernal), libro resultante de décadas de trabajo con los códices mixtecos y muchas otras fuentes, para presentar apenas un esbozo inicial, pero abarcador y comprensivo, de la historia mixteca.

En los albores de la profesionalización de los estudios históricos y filosóficos, se impulsaron obras colectivas de enorme aliento: en el primer terreno, el Grupo Hiperión se propuso la titánica tarea de elucidar el ser del mexicano; en el segundo, un equipo coordinado por Daniel Cosío Villegas presentó la más ambiciosa obra colectiva, totalizadora, sobre un periodo completo de nuestra historia. El historiador del Grupo Hiperión Luis Villoro propuso en El proceso ideológico de la revolución de Independencia (1953, con otro título) caminos desacostumbrados para entender a los actores sociales colectivos, en el momento en que algunos hombres y mujeres decidían inventar este país. A su vez, dentro de la colectiva y monumental Historia moderna de México (1955-1972), los tres tomos escritos por Cosío Villegas sobre la vida política de 1867 a 1911, constituyen un ejemplo de investigación exhaustiva e interpretación original y rigurosa. Ahora bien, si al lector le asustan las 3 mil páginas de don Daniel, puede optar por las Llamadas, pequeño volumen publicado por separado en el que puede tenerse una idea general de las aportaciones de la obra completa.

Cerremos este artículo con El liberalismo mexicano (1957), de Jesús Reyes Heroles, en el que un político (del que se dice que pudo ser presidente, pero no quiso) busca con rara honestidad y singular erudición el sustento ideológico de su actuación pública.

El rigor y la honestidad en el manejo y la confrontación de las fuentes, la exhaustividad de investigaciones de muchos años y la riqueza y novedad de la interpretación son elementos comunes a estos libros, verdaderos modelos del trabajo de los historiadores dignos de ese título.

III.

Para muchos de sus lectores, Edmundo O'Gorman fue el mayor historiador mexicano del siglo XX, y no podía faltar en esta lista de 30 libros ejemplares su obra más significativa, La invención de América (1958), donde refuta la idea de descubrimiento o encuentro de dos mundos, para mostrar cómo aparece en la conciencia occidental la idea de una cuarta parte del mundo. Más allá de mostrar cómo cambia la idea del mundo en Occidente, nos hace ver cómo se construye el ser de este nuevo mundo. Muchos de los peores mitos sobre el mexicano desaparecerían si todos pudiéramos leer esta obra.

Luis González y González ya era un historiador muy reconocido cuando decidió tomarse un año sabático en su pueblo natal, San José de Gracia, Michoacán, y escribir una historia universal de ese rincón del país. Universal, en efecto: la microhistoria introducida por don Luis entiende que en lo pequeño está la cifra de lo grande, que vistas desde abajo, las transformaciones sociales, culturales y políticas adquieren otros tonos y otros ritmos. Magníficamente escrita, Pueblo en vilo (1968) es una obra maestra que nos recuerda que historiar también es conversar y conservar.

Precios del maíz y crisis agrícolas en México (1708-1810), de Enrique Florescano, se inicia mostrando con singular transparencia cómo debe proceder un historiador con respecto al análisis y la crítica de fuentes (ningún aspirante a historiador debería prescindir de su lectura), para luego, con base en esas fuentes, mostrar la pobreza de los habitantes de la Nueva España y la fragilidad de una economía atada a un solo producto en su comercio exterior (la plata) y a un solo producto para su supervivencia (el maíz). El incremento de los precios del maíz y las hambrunas recurrentes explican –entre otras cosas– el hartazgo, la ira acumulada de las multitudes que se sumaron al cura Hidalgo.

Casi al mismo tiempo se publicó Nacionalismo y educación en México, de Josefina Zoraida Vázquez, que explica cómo las políticas educativas del Estado fomentaron sentimientos de cohesión entre los habitantes del territorio mexicano, elementos de identidad que sentaron la base de la idea de nación y nacionalidad. De paso, muestra cosas importantísimas, como el hecho, que debería ser evidente, de lo endeble que eran los elementos de unidad e identidad en el México del siglo XIX, así como lo difícil que fue construirlos. También deja claro que la historia que se enseña a los niños no es eterna ni inocente y que depende de los propósitos de los gobernantes, así como de las discusiones de los historiadores. Es un libro que transforma nuestra idea de México.

Estos historiadores formaron parte de la Generación del Medio Siglo. Arnaldo Córdova pertenece ya a otra, contestataria y crítica, a la que da nombre el movimiento de 1968. Córdova buscó en la Revolución y en las ideas que durante ella se expresaron la naturaleza y los fundamentos ideológicos e históricos del Estado mexicano, alcanzándolo mediante un trabajo de interpretación agudo y riguroso. También explica cómo durante la convención zapatista y villista México conoció el debate de los problemas nacionales más auténticamente representativo, popular y democrático que jamás haya habido a lo largo de su historia, mostrando que esa era otra revolución, no la de los vencedores, lo que es una idea fundamental para entender nuestro pasado. El mismo año en que se publicó La ideología de la Revolución mexicana (1973), apareció La cristiada, de Jean Meyer, mexicano por naturalización que convirtió un tema hasta entonces reservado a la polémica y la diatriba en una parte ineludible de nuestro pasado: la guerra de parte del pueblo católico contra el Estado, a la que él puso el nombre de resonancias homéricas con que ahora se conoce el episodio.

Alfredo López Austin, maestro excepcional y hombre bueno y generoso, publicó en 1973 Hombre-dios. Religión y política en el mundo náhuatl, que es parte de un enorme esfuerzo por comprender la cosmovisión (es decir, la concepción del individuo y la comunidad, del tiempo y el espacio, de lo terrenal y lo sagrado, del devenir histórico) de los antiguos mexicanos. También es coautor –con Leonardo López Luján– de El pasado indígena (1996), que es la mejor puerta de entrada al universo histórico de los antiguos mexicanos, para los lectores no especializados.

IV.

teóricos de la historia que también son historiadores señalan que la interpretación constituye el verdadero trabajo de este oficio, la cual se desprende de un análisis riguroso de los hechos en sus fuentes. El historiador, además, debe hacer un ejercicio de introspección para hacer consciente que mira la realidad a través de una perspectiva particular: la que lo hace hombre de un tiempo, un país, una clase, una posición ante la vida. La diversidad de perspectivas es lo único que puede acercarnos a la riqueza misma de la diversidad de la historia. No debe extrañarnos entonces que iniciemos esta última parte del recuento de 30 libros ejemplares con tres autores de cuyas posiciones políticas difiero en lo general: José Fuentes Mares, Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín.

Como historiador, Fuentes Mares se dedicó al rescate de los villanos de bronce, buscando no sólo equilibrar las posiciones difundidas por el priísmo, sino dar dimensión heroica a personajes como Cortés, Iturbide, Alamán, Miramón, Maximiliano y Carlota, Luis Terrazas y Porfirio Díaz. El mejor de esos rescates es Miramón, el hombre, biografía heroica que convence al más escéptico de la altura de miras y la entrega del caudillo conservador (de paso, sirva esta nota para incitar a que Planeta, mi casa editorial, redite la Nueva guía de descarriados, libro que debe comprar ahora mismo, en las librerías de viejo, lector amigo).

La frontera nómada, el libro que justifica la condición de historiador de Aguilar Camín, es un fresco formidable de las razones de la revolución en Sonora y de los secretos que permitieron al grupo surgido en esa entidad imponerse sobre sus rivales y diseñar el Estado posrevolucionario, con sus insuficiencias silenciadas, sus fracasos y sus miserias. Por si fuera poco, está aquí presente la magnífica pluma que después nos sorprendería con La guerra de Galio y Morir en el Golfo y que nos recuerda que podemos disentir de las opiniones políticas de un escritor sin dejar de admirar su obra escrita. Exactamente lo mismo puede decirse de Caudillos culturales de la Revolución Mexicana, de Enrique Krauze, formidable biografía intelectual paralela de Manuel Gómez Morín y Vicente Lombardo Toledano, que junto con su posterior biografía de Daniel Cosío Villegas nos muestra las ideas y la acción pública de una generación que no debemos olvidar.

Como hemos señalado en otros artículos, uno de los más graves errores de comprensión histórica estriba en no mirar hacia fuera. La evangelización puritana en Norteamérica (1976) de Juan Ortega y Medina y La herencia medieval de México (1984) de Luis Weckmann, son ejemplos formidables de cómo combatir esa tendencia. El primero nos muestra América desde México, en particular, la formación ideológica del futuro imperio estadunidense, en la que destaca, por ejemplo, la incapacidad –y la falta de ganas– de los misioneros puritanos para acercarse o comprender a los indígenas, en contraste con la evangelización española. Muchos mitos sobre el destino manifiesto se caen desde su base a través de sus páginas. El segundo libro nos muestra una herencia incómoda para muchos: lo que de español, lo que de medieval tienen la cultura, las instituciones, las costumbres mexicanas.

Los extranjeros en México y los mexicanos en el extranjero, de Moisés González Navarro, es una mirada de larga duración sobre los procesos migratorios que han transformado al país. Hay en ese libro la mirada de un historiador que hizo su mayor esfuerzo por comprender lo que él mismo es, para comprender al otro.

Entender lo ajeno, lo que podría resultarnos absurdo pero fue y es vital para otros, es el origen de La santidad controvertida, de Antonio Rubial, libro melancólico que nos llama hoy a buscar en la fe del pasado, una rendija de esperanza.

Terminamos con Resistencia y utopía. Memorial de agravios y crónica de revueltas y profecías acaecidas en la provincia de Chiapas en los últimos 500 años de su historia, de Antonio García de León, explicación de los mecanismos de lucha contra la opresión. Una historia alucinante, comprensiva y abarcadora. Una historia de desequilibradas maravillas que muestra la rebelión permanente de los más humildes y la atrocidad de los poderosos. Una historia viva que pareció acertada y premonitoria cuando, nueve años después de su publicación, apareció en escena el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Y con esto, lector amigo, terminamos esta serie. Si tú y La Jornada tienen paciencia, iniciaremos una nueva, en la que trataremos de mostrar la manera en cómo la comprensión de la historia incide en las discusiones políticas del presente.

Publicado en La Jornada de México (2/3/2013)