Una ballena varada

Mirando la caricatura que hoy publica Carlín en La República, no puedo evitar pensar si la polémica que décadas atrás se suscitó cuando la Junta Militar decidió otorgarle el Premio Nacional de Cultura al retablista ayacuchano Joaquín López Antay, tendría hoy lugar nuevamente si se le otorgara el mismo a nuestro genial caricaturista. No tanto por debatir si la caricatura es una forma o no de cultura, o si esta es o no un arte menor (disquisiciones, sinceramente banales), sino porque estoy convencido de que Carlín hace mucho rato que ya se merece ese premio tanto o más que los que lo han recibido.

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Si por arte, cultura o periodismo (hay muchos periodistas que lo han recibido en la historia de ese premio) entendemos educar al pueblo, retratar la sensibilidad de este y su época o ayudar al desarrollo material y espiritual del mismo, se entenderá mi entusiasmo por tener la ilusión de que algún día Carlín sea honrado con él (honrar, honra, solía decir el patriota cubano José Martí).

Pero no solo dudo que esto ocurra (qué político de los que conocemos se atrevería a premiar al artista que ha exhibido del modo en que lo ha hecho Carlín las minucias y pequeñeces morales que los retratan mejor que las fotos oficiales con las que nos agobian), sino que además dudo también que de ocurrir tal acto de justicia, Carlín lo acepte.

¿Qué porque creo que Carlín rechazaría el premio? Pues por la sencilla razón de que siendo el periodista íntegro que todos conocemos, sabe sobradamente que cualquier premio, prebenda o medalla otorgados por el poder siempre reclamaran su sumisión o ‘consecuencia’ con el generoso que se lo otorgó. En ese sentido, nunca dejo de sorprenderme como muchos periodistas (y directores de importantes medios entre ellos) corren presurosos y gustosos a recibir los homenajes y reconocimientos que los poderes del Estado les confieren. Eso en sí mismo, es una curiosa contradicción. No se puede recibir un premio de quien ayer, o tal vez mañana, fue o será el blanco de nuestras inquisiciones. Pero, como decía mi madre, allá ellos.

Y como todo lo dicho hasta aquí ha sido simple conjetura, conjeturó también que habrá que obligar a Carlín a recibirlo porque, aunque es un premio que confiere un ministerio y lo delibera una junta de notables, es uno también que reconoce el aporte de un peruano a la cultura de su país y, en ese sentido, Carlín ha hecho más que todos los presidentes, ministros y políticos de pacotilla juntos por ampliar los horizontes culturales y políticos de todos nosotros. Como no merecerlo.


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