Saber recordar y olvidar a partir de La Haya

La Generación del Centenario se alimentó de las ideas, conocimientos y sentimientos de la generación del novecientos. Don Jorge Basadre fue la figura emblemática de esta generación por haber nacido en Tacna en 1903, en pleno cautiverio.

Por Manuel Burga
Historiador y docente universitario

Pensé mucho, ese lunes 27 de enero, mientras el juez Peter Tomka leía el largo fallo de la Corte de La Haya, en mis maestros de la Generación del 50 que nos transmitieron en sus lecciones de historia no solo conocimientos, sino también afectos, subjetividades, que ellos mismos aprendieron de sus maestros de la Generación del Centenario, de Jorge Basadre, Raúl Porras Barrenechea, por ejemplo.

El tema de la Guerra del Pacífico para ellos era el evento fundador del Perú contemporáneo, específicamente el dramático período llamado la Reconstrucción Nacional (1883-1890). Ambas generaciones se preguntaron por qué perdimos la Guerra del Pacífico de manera tan rotunda y dramática. Sus respuestas fueron polémicas.

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La Generación del Centenario se alimentó de las ideas, conocimientos y sentimientos de la Generación del Novecientos. Don Jorge Basadre fue la figura emblemática de esta generación por haber nacido en Tacna en 1903, en pleno cautiverio, donde vivió hasta 1912, para luego trasladarse a Lima, donde vivió de lejos el Tratado de 1929, por el cual Chile se quedó con Arica y devolvió Tacna a los peruanos. El historiador chileno Sergio Villalobos, en su conocido libro Chile y su historia, llama a este período la época de la expansión, que terminó con la anexión de importantes territorios: Arica, Tarapacá y Antofagasta.

La derrota y los territorios perdidos, así como la Conquista del siglo XVI, fueron los eventos fundacionales para estas generaciones que amaban al Perú de una manera muy particular. Se preguntaban constantemente por las razones de la derrota y señalaban responsabilidades. Pedro Dávalos y Lissón, una suerte de francotirador de la época, celebra el Primer Centenario de la República con su voluminoso libro La primera centuria. Causas geográficas, políticas y económicas que han detenido el progreso moral y material del Perú en el primer siglo de su vida independiente, un subtítulo que no deja nada a la imaginación. En estos años del Primer Centenario, muchos coincidían en señalar al desánimo, el pesimismo y la desorientación como las razones del extravío de la República.

Recuerdo en 2004 cuando, como rector de San Marcos, alenté un acuerdo con el ministro de Educación chileno Sergio Bitar, para invitar a historiadores peruanos y chilenos a replantear nuestras historias en un esfuerzo compartido. Bitar vino a Lima a la presentación del proyecto en la Capilla Loreto de la Casona del Parque Universitario, pero de Torre Tagle me llamaron para decirme que nuestro ministro de Educación no asistiría a esta ceremonia. Me recomendaron, más bien, promover la historia de los desencuentros entre el Perú y Chile.

No me sorprendió, para nada, que predominará el espíritu de Raúl Porras en Torre Tagle, quien se preocupó de estudiar la historia de nuestras fronteras. Existía aún ese irredentismo del cual hablan los chilenos para acusarnos de soñar demasiado con devoluciones territoriales. Irredentismo que no es revanchismo, sino simplemente lo que dice el diccionario de la lengua española: actitudes colectivas que propugnan la anexión de un territorio irredento, perdido. Sueños que producían la angustia de Torre Tagle.

Ahora todo es diferente, acorde con nuestros tiempos, tanto que José Antonio García Belaunde se muestra, en una memoria breve del proceso de La Haya, como una suerte de héroe discreto de esta epopeya jurídica. Chile, por la presión de su pueblo, se aferra a conservar aún los territorios conquistados y sienten este fallo como una suerte de pequeña derrota. Escuché en la TV a un ciudadano chileno encuestado en la calle decir, por encima de convencionalismos de la hipocresía de la política, que había que devolver algo de lo que se ganó en una guerra.

Ingresamos afortunadamente a una situación nueva. Las generaciones del Novecientos, del Centenario y de los años 50 ya cumplieron su papel de recodar la tragedia y construir la patria a partir del sentimiento de derrota. Ahora son tiempos nuevos. El político e historiador francés Ernst Renán, en un discurso pronunciado recordando la derrota de 1870, decía que la historia está construida de recuerdos y olvidos. Una nación es nación en tanto sabe recordar y olvidar en función de su presente y de su futuro. Ambos países, si queremos un futuro compartido, tenemos que actuar tal como recomendaba Renán.

Publicado en el diario El Peruano (8/02/2014)



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