Mis 12 libros favoritos de Mario Vargas Llosa

Cada año, por estas fechas, el Perú se alborota. Ya sea que venga al país (como ocurrió este año) o no, el cumpleaños de Mario Vargas Llosa tiene la virtud de aflorar en nosotros el orgullo nacional (o regional, según el caso), la envidia más sana y sincera (o a veces la peor muestra de ella), la ignorancia recalcitrante de algunos que no le perdonan sus puyazos y críticas, el desdén de los que presumen no haberlo leído pero que en realidad nunca han leído ningún libro, o, como es mi caso y el de miles más, la certeza de que, pese a sus errores y defectos, que son muchos, Vargas Llosa sigue siendo Vargas Llosa para alivio de todos nosotros. Cuando lo leí por primera vez tenía dieciséis años, y esa lectura me cambió la vida. Me reveló que la existencia podía ser mejor de lo que es si se tiene una buena novela con que sobrellevar las decepciones juveniles, la falta de trabajo, los amores fallidos o un pésimo desempeño escolar. Hoy, casi cuarenta años después, lo sigo creyendo. Leerlo es una experiencia intelectual y literaria como pocas veces podemos tener y que no solo alimenta nuestra mente, sino que además nos vacuna contra ciertas formas de deficiencia moral, social y política contra las que muchos no estamos inmunizados. Así que ya sabe, vacúnese contra el fanatismo, la ignorancia, el autoritarismo, la intolerancia, el militarismo o la simple estupidez leyendo cualquiera de estos doce libros, mis doce libros favoritos de Vargas Llosa.

1. La Guerra del fin del mundo (1981). Cuando apareció este libro, la campaña publicitaria de la editorial lo presentaba como “la mayor aventura literaria de nuestro tiempo” y es lo más cercano a la realidad que se puede decir de este libro. ¿Cuál es la trama de LGDFDM? Decir que recrea la rebelión de Canudos en el Brasil de fines del siglo XIX sería circunscribirla a un hecho puntual que en realidad es solo el marco donde el autor presenta los problemas políticos, morales, históricos e ideológicos de ese tiempo como un trasunto del nuestro. Así, la historia de Antonio El Consejero y su legión de seguidores se convierte en una profunda reflexión sobre el fanatismo y las utopías y sobre el sempiterno enfrentamiento modernidad-tradición. Además, como el propio autor explicó en una entrevista el año de la aparición del libro, LGDFDM más que una historia es “un árbol de historias”, lo que en buena cuenta significa que es una novela tan oceánica como inacabable. Por cierto, este fue el primer libro que me regalaron y leí de él y el único del que me he preocupado que lleve su autógrafa. Nunca más he vuelto a pedir (o necesitar) que me firme otro libro suyo.

2. Conversación en La Catedral (1969). Alguna vez leí que el gran Luis Buñuel tenía sobre su mesa de noche un ejemplar de esta novela con cientos de anotaciones hechas con lapicero rojo. Eran los apuntes y notas, según recuerdo, que este gran director había hecho para adaptarla al cine. Ignoro si la historia es cierta, ignoro si este ejemplar anotado de CELC existe en la Casa Museo de Buñuel en México, pero lo que sí me queda claro es que el audaz que se atreva a llevar a la pantalla grande esta novela total, que contiene a todo el Perú contemporáneo en sus páginas, necesitará talento, eso que ponen las gallinas y más talento para hacerlo. La que tal vez sea su mejor y más perfecta novela es el relato de una rencilla familiar que se convierte en el retrato de una dictadura y de una época, en un mosaico de voces e historias entretejidas y entrecruzadas con un virtuosismo y técnica literarios como pocas veces se ha visto en nuestra literatura y que reflejan la compleja composición de la sociedad e historia peruanas. Yo también, como su autor, elegiría a este libro si tuviera que salvar uno solo de todos sus libros del fuego.

3. La ciudad y los perros (1963). Es la novela de Vargas Llosa que, como muchos, releo continuamente y que recomiendo leer antes que cualquier otra de sus obras a quien desee iniciarse en ellas. Y es que se trata de una obra que desde la primera línea deslumbra a quien la lee y lo enfrenta con algo completamente distinto a todo lo que haya leído hasta entonces. Escrita a los 26 años, catapultó a la novela peruana a un universo literario del que nunca más volvió. Es una novela de aprendizaje que rompe con la tradición de las novelas de aprendizaje, en la que sus jóvenes protagonistas (Alberto, El Esclavo, El jaguar) descubren un mundo marcado por la violencia y códigos de honor y lealtad que los deshumanizan. Ningún autor peruano ha vuelto a repetir la proeza de escribir una novela como esta, a esa edad y con los resultados que ya todos conocemos. Como dije, es la mejor puerta de entrada a la novelística vargasllosiana.

4. García Márquez: Historia de un deicidio (1971). Leí este libro -que en realidad es su tesis doctoral- en la clásica y única edición que se hizo de él (tengo entendido que el volumen VI de sus Obras Completas en Círculo de Lectores lo reedita) y que regale a un amigo como una manera de desearle buena suerte cuando partió a seguir estudios de doctorado en Estados Unidos. Apenas concluí su lectura volví a la primera página para empezar y entender de nuevo ese desmontaje propio de un relojero, pieza por pieza, de un libro inabarcable como “Cien años de soledad” y para lo cual MVLL leyó toda la obra del y sobre el escritor colombiano de un modo tan obsesivo que uno solo puede llegar a una única conclusión: a Vargas Llosa le hubiera gustado escribir “Cien años de soledad”. Hace unos meses, después de preguntar una y otra vez en decenas de librerías de viejo, pude recuperarla y leerla por enésima vez.

5. El pez en el agua (1993). Las Memorias que escribió Vargas Llosa tras su frustrada carrera política a fines de los 80 y que concluyó en su aparatoso fracaso en 1990 son, tal vez, las más sonadas, cautivantes, tiernas, duras y mejor escritas memorias de toda la historia peruana. Es un gran libro de memorias, pero es, ante todo, un arreglo de cuentas con todos los protagonistas de aquella turbulenta época. No exagero si digo que son pocos los que quedan indemnes tras el ejercicio memorioso de Vargas Llosa. Es también el libro de memorias más pirateado de la historia editorial peruana. Un dudoso honor que, cuando apareció, dio origen al mito de que fue el propio Vargas Llosa quien había propiciado y financiado una edición pirata de su libro para que todos leyeran su verdad de la campaña electoral del 90. Nada más falso. Y lo reafirmo ahora: un bulo espurio que no se merece un gran libro como este.

6. Pantaleón y las visitadoras (1973). Nunca he entendido muy bien porque algunos críticos y lectores califican como una obra menor a esta novela que es una de las más logradas, mordaces y originales de todas las que ha escrito Vargas Llosa. El alegato antimilitarista de esta obra recurre al humor más bizarro para zaherir de manera fulminante todos los fanatismos que nos carcomen: el del nacionalismo, el fundamentalismo religioso, el militarismo, el machismo. La historia del servicio de ‘visitadoras’ que organiza un capitán del Ejército peruano para saciar las urgencias sexuales de la tropa es, sin la menor duda, la crítica más feroz que esta institución y sus valores hechos de papel maché han recibido en toda su historia y de la que no salen bien librados. Lo repito: uno de los mejores libros salidos de la pluma de VLL.

7. La fiesta del Chivo (2000). Hubiera querido incluir a “La casa verde” en esta lista, pero para no sumar demasiados libros de la primera época de VLL me decanto por este obra que está ambientada en los días finales de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, apodado El Chivo, en República Dominicana, y que relata, en tiempos diferentes, una tragedia personal y la de un país, hilvanadas por esa maestría técnica y narrativa de sus mejores novelas. Como periodista, la lección que deja el trabajo de documentación que exigió el libro es una que tengo siempre muy presente cuando emprendo cualquier trabajo de investigación. Tal vez el mejor elogio que ha recibido LFDC provino de Gabriel García Márquez, cuando alguien le preguntó qué le había parecido el libro: “Esto no se le hace a un viejo”, dicen que dijo. Sin el menor asomo de duda, se trata de la última gran novela de un gran escritor (por lo menos, hasta hoy).

8. Historia de Mayta (1984). En una entrevista que dio cuando apareció este libro a una pregunta sobre el personaje principal (un trotskista en el invierno de su vida), Vargas Llosa responde esto (cito de memoria): “El protagonista es pobre, provinciano y comunista. Cómo podía hacerlo, todavía, más marginal y me dije: maricón”. Está tan convencido de esta premisa que incluso se lo confiesa al Mayta verdadero en la propia novela cuando le explica porqué lo hace: “Para acentuar su marginalidad, su condición de hombre lleno de contradicciones”. Si alguna novela contiene al nuevo Vargas Llosa político, al desilusionado de la Revolución Cubana y al defensor a ultranza del liberalismo esa es HDM, que contiene todos los prejuicios, fobias e ideas preconcebidas de su nuevo catecismo ideológico. El propio Vargas Llosa ha escrito que se trata de su novela peor entendida y más maltratada. Esto que lee es una prueba de ello.

9. La verdad de las mentiras (1990). Este libro se puede leer como la mejor guía de lecturas que uno puede encontrar, como un viaje por la historia de la novela del siglo XX, como el canon personal del autor, como una introducción a los estudios literarios o como usted desee. El asunto fundamental es que lo lea. Todas las personas amantes de las novelas y la literatura deberían leer este conjunto de 35 ensayos sobre igual número de novelas (la edición original era de 26) en los que Vargas Llosa explica el germen, naturaleza y sentido de 35 novelas capitales del siglo pasado. Lo mejor de este libro es que lo empuja a uno a salir corriendo a buscar el libro sobre el que acaba de leer sin pasar al ensayo siguiente. Debo a su lectura el descubrimiento de autores que, confieso con vergüenza, apenas conocía o conocía mal. “Sostiene Pereira”, de Antonio Tabucchi, es uno de ellos. No saben cuánto se lo agradezco.

10. Obra periodística completa (2012). Hace unos años, en un foro con internautas del diario “El País” de España, Vargas Llosa respondió lo siguiente a una lectora que le dijo que sus novelas la habían ayudado mucho, pero que no soportaba las ideas que defendía en sus artículos periodísticos: “No se haga problemas. Lea solo mis novelas y olvídese de mis columnas”. Yo no estoy muy seguro de este consejo. Como escribe en el prólogo de las casi 5,000 páginas en tres tomos, todos los temas, asuntos, problemas, personas, ideas, autores y libros que a lo largo de más de cincuenta años de ejercicio periodístico han merecido la atención de su columna quincenal están ahí. Y especialmente, todos los Vargas Llosas que conocemos. Quien lea al novelista no puede ignorar al comentarista de la realidad, la política o la cultura nacional e internacional porque, aunque usted no lo crea, el Vargas Llosa periodista no es el mismo que escribe sus novelas. Se lo aseguro.

11. ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986). Novela policial o negra, a mí nunca me ha parecido tal. Esta pequeña obra es otra incursión magistral de MVLl en los problemas que carcomen nuestra sociedad, que lo socaban y envilecen de manera tan sostenida como subterránea: el racismo, la discriminación, los prejuicios sociales, el autoritarismo, el machismo, la corrupción, la pobreza. No es tal vez la más lograda de sus novelas, pero atrapa al lector de un modo que éste no suelta el libro hasta conocer el desenlace del mismo. En definitiva, un alarde de maestría y técnica literaria (y análisis sociológico) en apenas 150 páginas.

12. Cinco esquinas (2016). No solo es la última de sus novelas publicadas sino también la que nos devuelve al Vargas Llosa que muchos extrañábamos. Ese que, al igual que en “Conversación en La Catedral” (salvando las obvias distancias), podía contener al Perú entero (y actual) en un libro de ficción mejor que cualquier ensayo o estudio sociológico. La obra inicia con una escena erótica que, como suele suceder con los mejores libros del género, ‘se leen con una mano’, para luego ofrecer el retrato despiadado de una sociedad desde todos sus ángulos, aristas y protagonistas, una sociedad carcomida por la corrupción y autoritarismo fácilmente identificables. Un retrato en el que muchos de sus componentes, como el periodístico o el político, salen maltrechos, lo mismo que sus personajes. Por cierto, hay quienes han alabado la maestría con la que MVLL ha construido el personaje de La Retaquita, pero es el de Juan Peineta el personaje que mejor retrata la frustración, envilecimiento y fracaso de estos últimos años. Digan lo que digan, una obra digna de su autor.



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