Frío, impersonal y gerencial

Cuando llegué al Diario El Comercio hace como veinte años, la Unidad de Investigación se dedicaba a denunciar casos de grifos clandestinos de kerosene o bares que adulteraban el licor que vendían. Luego alguien tuvo la suficiente clarividencia para distinguir una cosa de otra y le dio un impulso que muchos, miles de personas, agradecimos: la convirtió, al mando primero de Ricardo Uceda y luego de Fernando Ampuero, en una auténtica Unidad de Investigación, una digna de un diario como El Comercio. Así, pasó de investigar a bodeguitas incumpliendo la ley a escudriñar en la gran corrupción que carcome este país. El caso del millón de firmas falsas para la reelección de Fujimori o del narcotraficante Fernando Zevallos son apenas dos de los tantos casos emblemáticos que destapó esa ahora pasada a mejor vida sección.

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Anoche me enteré que el flamante director del decano, Fritz Du Bois, ha despedido a quien era hasta ayer, le guste a muchos o no, le caiga simpático a pocos o a nadie, el buque insignia de esa unidad: Miguel Ramírez. En Diario 16 hay algunas versiones de las razones para ese despido (http://bit.ly/1gtI4GS), del mismo modo que proliferan estas en las redes sociales (http://on.fb.me/PDuwiO). Todas pueden ser ciertas, tal vez ninguna se acerque a ellas si tomamos en cuenta que este mismo señor despidió, hace poco, a la mitad del equipo de control de calidad de ese diario (los correctores de estilo) para ahorrarle algo de dinero a la empresa y ganarse merecidamente el bono de recompensa de fin de año por esta proeza (eso tal vez explique porque los domingos, en que hay más páginas y más trabajo, salen algunas columnas con un tono tan populachero que asombra que se publiquen).

En todo caso, lo que debiera preocupar a muchos ahora (en especial a quienes nos consideramos amigos de Miguel Ramírez), es la falta de memoria de los nuevos patrones de El Comercio. ¿Recordará el señor Fritz Du Bois las amenazas de muerte que penden sobre Miguel por todos los casos de narcotráfico que destapó y por lo cual el diario le pagaba seguridad personal 24 horas al día para él? (tal vez sea este dinerillo el que también desea ahorrarse el director).

Recordando esto no puedo evitar pensar en lo que estaría pensando Miguel cuando Fritz le comunicaba su despido (con ese estilo tan impersonal y gerencial que tiene para hacerlo todo, en especial despedir gente). Tal vez recordó aquella ocasión en que rechazó un millón de dólares por no denunciar un caso de drogas de alto vuelo y lo que recibió fue otra amenaza de muerte más. O tal vez la ovación de toda la sala de redacción que lo aplaudió el día que Zevallos fue sentenciado por narcotráfico y el diario no tuvo ya nada que demostrar (y gastar) en el juicio por difamación que este le había interpuesto. O tal vez simplemente pensó que el señor que tenía enfrente no solo no sabe absolutamente nada de periodismo, sino que lo poco que sabe sobre cómo dirigir una empresa o manejar un directorio terminará por hundir en el descrédito más absoluto al diario más importante del país. A uno que vuelva a investigar a las bodeguitas que se portan mal.

En cambio, en lo único en lo que yo no dejo de pensar ahora es en la fiesta que algunos habrán armado anoche en muchas cárceles de Lima.

Ver también:
Amos y siervos en El Comercio, reloaded


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