Los maestros preguntan

Por Manuel Burga Díaz
Vicerrector Académico Universidad Antonio Ruiz de Montoya

El viernes 21, invitado por la Derrama Magisterial, me dirigí a 500 maestros que asistían, como lo hacen todos los años, al Congreso José Antonio Encinas que organiza la Derrama Magisterial.

Como coordinador del comité editor de la Colección Pensamiento Educativo Peruano tuve el encargo de presentar sus cinco últimos volúmenes. Cinco especialistas estudian los aspectos sobresalientes del pensamiento educativo del período 1933 a 2011, apoyados en una rica antología de textos que acompaña a cada volumen.

Estos cinco volúmenes se suman a los diez primeros que ya están en circulación. El esfuerzo de la Derrama Magisterial es notable y su intención de presentar los cinco últimos volúmenes en este escenario aún más valiosa. En esta colección se pueden encontrar muchas de las preguntas que preocupan a los padres de familia, a los ciudadanos en general. ¿Desde cuándo se puede hablar de una crisis de la educación pública peruana? ¿Desde la época colonial, desde el nacimiento de la República o desde los últimos cincuenta años? ¿Cómo se explica el apogeo de la Escuela Privada y la crisis de la Escuela Pública? ¿Qué significa que tengamos dos Escuelas tan distintas, diferentes desde el punto de vista cultural, social y hasta étnico, para el futuro del Perú como nación?

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Pero ahora me interesa describir mi reencuentro con el colegio emblemático Alfonso Ugarte. Un colegio donde se ha invertido aparentemente mucho dinero en su recuperación o refacción. No conozco los detalles, ni tuve oportunidad de indagar por ellos. Me interesa solamente comentar la impresión que me dejó el auditorio de este colegio emblemático: probablemente 600 sillas blancas de plástico, para unos 500 docentes que acudían a este evento. El auditorio tiene un escenario donde se ubicaban los expositores y un equipo de sonido de espanto para relacionarse con los asistentes. Los maestros nos escuchaban mal, nosotros los escuchábamos peor y el ambiente era altamente caluroso.

Pero no podemos pedir que esa inversión en los colegios emblemáticos se haya preocupado de estos detalles, es decir de la acústica, de una arquitectura que sea para el encuentro de estudiantes y maestros. ¿Pero, entonces de que se preocuparon? Quizá en las paredes derruidas, los servicios higiénicos y la pintura del edificio, que lucía verdaderamente bien. Evidentemente no estábamos ante instalaciones para actividades educativas, el equipo de sonido, el auditorio eran las muestras de la ausencia de una arquitectura pensada de otra manera.

Sin embargo, me llamó mucho la atención –en un diálogo con enormes dificultades– que los maestros siguieran las exposiciones y que preguntaran. Me hicieron varias preguntas. La primera, ¿La clase política peruana tiene una sincera voluntad en una educación de calidad? Qué podía responder en ese auditorio, mirando su techo altísimo, la acústica desastrosa. Sin embargo, respondí que existe una clara consciencia de la crisis de la educación peruana, una crisis de calidad, y también casi todos coinciden en la necesidad de una educación de calidad para acompañar el desarrollo sostenible del país. Otro maestro preguntó por el legado del profesor Walter Peñaloza Ramella. Un tercero, ¿Por qué Cuba tiene una educación de calidad y nosotros no? En este caso no me interesó la pregunta, sino la afirmación del docente, que Cuba tiene una educación de calidad. Una cuarta pregunta inquirió sobre la relación entre el sistema educativo y los maestros dentro de él. ¿Cómo se produce el cambio, cambiando el sistema o cambiando al maestro?

Las otras preguntas eran igualmente interesantes y todas giraban alrededor de la reforma de la educación en el país y ninguno de los que preguntaron aceptaban que la Escuela privada era de mejor calidad que la Escuela pública. ¿Sino cómo explicar que los alumnos del Colegio Fe y Alegría N° 56 de Jicamarca hayan alcanzado buenas notas en la prueba PISA?

Pero finalmente, al salir, pude constatar que las paredes estaban bien pintadas, igualmente las aulas, pero que no era una arquitectura pensada para un encuentro entre maestros y alumnos. Esto es, calidad y pertinencia, lo que falta en el país. La Derrama Magisterial, en cambio, les llevaba la Colección Pensamiento Educativo Peruano, de calidad en cualquier parte del mundo, se encontraba en un escenario, obra del Estado, que evidentemente no tenía calidad. Entonces, ¿quiénes tienen un sincero interés por una educación de calidad, los maestros o los políticos?

Publicado en el diario El Peruano (1/3/2014)


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