La relación de García Márquez con el cine

Por Jose Romero

Lima, abr. 18. Entre Gabriel García Márquez y el cine puede hablarse de un amor correspondido de una manera caótica y extraña.

Si bien los relatos del colombiano son proverbiales en la literatura, a la hora de ser adaptados a la gran pantalla suelen ser difíciles o complicados.

Pero antes de continuar, es relevante poner de manifiesto el inmenso amor que desde sus inicios Gabo profesó por el Séptimo Arte, llegando incluso a confesar que quería ser director de cine.

Esta decisión se vio trunca a mediados de los años 50 cuando estudiaba en el Centro Experimental de Cinematografía en Roma, precisamente la misma época cuando el autor argentino Manuel Puig estuvo por allí. Y curiosamente ambos renunciaron al cine para dedicarse a la literatura.

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Gabo tuvo una peculiar respuesta al respecto, continuar con el proceso de escritura de la que sería su obra cumbre Cien años de Soledad, una novela -que en palabras propias- sería completamente inadaptable al cine.

Este detalle no impidió que numerosos productores de cine intentaran inútilmente una y otra vez adquirir los derechos; al ser consultado al respecto el colombiano declaró escuetamente: "Deseo que Macondo sólo figure en el papel y en la imaginación de cada lector".

Si bien desistió de ser cineasta, ocasionalmente ha estado ligado a la producción de cine, ya sea como crítico o como guionista, donde -en mi opinión- está su mejor legado.

Aporte al cine

A continuación solo una muestra de películas que brillan por su faceta de guionista: Tiempo de Morir (1966), el debut del mexicano Arturo Ripstein, la imaginativa actualización de la tragedia de Sófocles en Edipo Alcalde (Jorge Ali Triana - Colombia -1996) o Fabula de la bella palomera (1988) del brasilero Ruy Guerra.

Pero si estrictamente de adaptaciones de sus novelas se trata, la gran pantalla ha arrojado un puñado de títulos de dispar valía y procedencia diversa.

Desgraciadamente sus libros más vendidos no han tenido una acertada transición al lenguaje audiovisual; así tenemos los nefastos casos de Crónica de una muerte anunciada (Francesco Rosi – Italia – 1987), El amor en los tiempos del cólera (Mike Newell – USA - 2007), Memoria de mis putas tristes (Henning Carlsen – Dinamarca / México -2011).

Destacables

De ese grupo de best-sellers, prefiero con algunos reparos, una película que no tuvo mayor distribución internacional a pesar del prestigio de su autor: Del amor y otros demonios (Hilda Hidalgo – Colombia/Costa Rica -2009).

Afortunadamente nos quedarán algunos acercamientos cinéfilos a la pluma de Gabo que sí son muy estimables como el que hizo Arturo Ripstein en 1999 a su emblemática El coronel no tiene quien le escriba o esa otra película clave del cine mexicano de la década de los 60 que es En este pueblo no hay ladrones de Alberto Isaac.

En cambio, todavía hay películas que merecen ser rescatados y revalorados, como la angustiante Eréndira (Ruy Guerra -1983) y la fantástica Un señor muy viejo con alas enormes (1988) a cargo del maestro argentino Fernando Birri. Tarea pendiente.

Dato

Rodrigo García Barcha, hijo del Nobel colombiano, es director de cine y de televisión. En algunas de sus cintas ha hecho referencia a las obras de su padre.


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